Sinónimo de frenetismo y calidad, la saga Ridge Racer conquistó el corazón de muchos fans del género arcade en un mercado infestado de buenos títulos del género, como la saga Burnout o los geniales Outrun.

Tradicionalmente ligados como juegos de lanzamiento en consolas Sony, fue uno de los juegos que prometían asegurarnos buenos momentos cuando fue anunciado en la conferencia de Nintendo como título de lanzamiento, y venía a rellenar uno de los huecos vacíos en el catálogo de las consolas Nintendo, el género de conducción.

 

Un arcade de los que enganchan

Lo más destacable de la saga es su apuesta indudable por el género arcade, y es que los Ridge Racer nunca han pretendido ser un simulador de conducción realista como Gran Turismo o Forza Motorsport, y por suerte para los amantes del género,  tampoco va a ser una excepción su entrega para 3DS. De esta forma, podremos olvidarnos de dañar el coche al colisionar con otros vehículos y que este pierda potencia o precisión al tomar las curvas, nuestro coche terminará impoluto al terminar la carrera.

Esto no quiere decir que podamos conducir a toda velocidad por los circuitos sin miedo a las colisiones, ya que una curva mal tomada o una nitro usada a destiempo puede hacernos perder la carrera.

Como buen arcade que es, para jugarlo no tendremos que preocuparnos por un exceso de botones, ya que siempre tiran por una simplificación de la jugabilidad. Así pues, en los coches automáticos solo dispondremos de un botón para acelerar, otro para frenar, y los gatillos para las nitros, y en el modo manual solo se añaden los botones de subir y bajar de marcha, todo muy sencillo e intuitivo.

Las características de cada coche también afectaran, ya que cada cual tendrá una aceleración, velocidad y tipo de derrape que se adaptará mejor a nuestras cualidades como piloto. Por desgracia en este punto, no dispondremos de muchos coches en todo el juego, y podremos desbloquear un escaso número de doce tipos de coches en total.


La jugabilidad en 3D, tres veces mejor

Lo que se preguntará el lector, como es natural, es como afecta el efecto 3D a un juego de conducción.  La respuesta podríamos definirla en que “el gran aliado de de la precisión es la profundidad”. En este campo, no debemos esperar filigranas tales como objetos que salen de la pantalla, debemos de ser mucho más ambiciosos y pensar en cómo puede influir a la jugabilidad y no a lo visual.

Gracias a la profundidad, podemos distinguir mucho mejor cuanto lejos están situados los otros coches para preparar los adelantamientos, o como de pronunciada y alejada está una curva, con lo que facilita la precisión al tomarlas y aumenta exponencialmente el grado de diversión al eliminar frustraciones innecesarias al jugador.

Lo que si molesta, y mucho, en el apartado jugable, son las ralentizaciones, las cuales son cada vez más asiduas cuanto más avanzamos en el juego, entorpeciendo la jugabilidad y la sensación de velocidad del juego. No debería de ser perdonable, que un juego muy justo técnicamente para las capacidades de la consola y que basa buena parte de su encanto en una sensación de velocidad endiablada, tenga este tipo de problemas.


Poco reto para el jugador experimentado

Los principales modos de juego para un jugador de este Ridge Racer son el Grand Prix, compuesto de cuatro grandes categorías, subdivididas en grandes premios de cuatro carreras cada uno, juego de partida rápida y modo time attack, donde podremos mejorar los tiempos de cada circuito.

Por desgracia, la sensación que nos da al jugar el juego, es que es muy sencillo terminar primero. Esto no sería de extrañar en las primeras carreras, el problema radica en que la curva de dificultad es muy poco pronunciada y hasta bien entrada la mitad del juego, no comenzaremos a ver peligrar la primera posición, lo que hace sin duda que el jugador, a falta de motivación, le invada el aburrimiento y la monotonía.

La falta de aliciente, no sería tan preocupante si el título dispusiera de un modo online, cuya ausencia se hace preocupante e indignante para los tiempos que corren.  Esta carencia no la palia la inclusión del modo multijugador en local, en la que cada jugador ha de tener el juego para poder competir contra el otro.

Por otra parte, se agradece la opción del modo streetpass, en el que podremos cambiar “fantasmas” con los otros jugadores e intentar batirlos posteriormente, lo cual contribuye a dotar al juego de más vida útil.

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Conclusiones

El juego peca de ser muy poco ambicioso y no destaca en nada respecto a sus predecesores excluyendo las tres dimensiones. Dispone de un apartado gráfico muy mejorable y errores por pulir, como las ralentizaciones o la exclusión de modo Online, imperdonables.

Aun así no es mal juego, la sensación de profundidad influye positivamente en la jugabilidad y consigue entretener, pero no consigue acercarse a la experiencia que nos ofrecen los mejores títulos de la saga, sobre todo en contenido. Sin duda alguna, si en un futuro  llega a salir otro título para 3DS en la que solucionen las carencias y conserven sus bondades, podremos hablar de un indispensable para los amantes de los juegos de conducción.

[Nota]