En Super Mario Land 3, Mario cedería por primera vez el papel protagonista a Wario,  sirviendo el título como presentación de la saga Wario Land.

Haciendo un poco de memoria, al final del Super Mario Land 2, Mario echa a patadas de su castillo a Wario,  dejando a este último muerto de envidia por no tener castillo propio y sin un lugar donde caerse muerto. Nuestro antagonista, escucha el rumor de que han robado una estatua gigante de oro de la princesa Peach, y Wario, tan honrado como es él,  ha decidido recuperarla para devolvérsela….. Ja!, la verdad es que la quiere recuperar para pedir un rescate por ella y poder financiarse un castillo más grande que el anterior, y si de paso se hace con unas cuantas monedas y tesoros, mejor que mejor.

Finalmente, Wario descubre que la estatua la han robado un grupo de piratas y ni corto ni perezoso, este va a poner patas a bajo la isla pirata hasta conseguir recuperarla. Así es como se nos presenta esta magnífica y trepidante aventura.

Gráficamente el juego es sensiblemente superior que Super Mario Land 2, pero con un mayor nivel de detalle en los escenarios y en personajes, sobre todo cuanto mas vamos avanzando, mostrando algunas veces efectos que, aunque no son gran cosa, sorprenden que se dieran en una Game Boy.

Jugablemente el juego es casi igual a cualquier Super Mario plataformero 2D, a pesar que en los siguientes juegos de la saga evolucionara  hacia una jugabilidad mas personal. Aun así, tiene matices que le diferencian a los anteriores Marios, con varias diferencias en el control que le dan un cambio en el planteamiento de la jugabilidad. Los cambios principales en el control son que Wario puede realizar placajes y que además puede coger a los enemigos o diversos objetos. Aun así, se sigue manteniendo el plataformeo de entregas anteriores e incluso las transformaciones hacen su aparición, aunque si bien Mario cambiaba su aspecto con trajes y crecía comiendo setas,  Wario cambiará de sombreros  y crecerá con cebollas.

El juego tiene un mapeado que está repartido en fases,  teniendo todas ellas un recorrido en el que termina, a diferencia de los Marios, en una puerta en la que se tiene que lanzar una moneda de 10. Justo al terminarlas, comenzaremos un bonus en el que puedes elegir dos juegos, con el único objetivo de  conseguir monedas o vidas. En algunas fases como ocurría en el Super Mario World, podremos encontrar una puerta que conduce a una fase extra o encontrar una llave que abre el cofre de un tesoro pirata.

Todo el dinero recolectado tiene un fin que se descubre al final del juego (con sorpresa incluida), por lo que la manera en la que se van consiguiendo vidas es obteniendo 100 corazones, que se consiguen de dos formas: matando enemigos (un corazón por enemigo) y consiguiendo corazones grandes (10 corazones).

En el apartado sonoro, el juego como otros títulos de Nintendo, tiene una banda sonora muy pegadiza, que se queda clavada en la cabeza mucho después de terminar de jugar, y aunque no son tan reconocibles como las de Super Mario, si que algunas serán recordadas por el jugador más veterano.

En cuanto a su duración, llegar al final supondrá varias horas de juego, teniendo que invertir unas cuantas más si queremos obtener el 100%. De todas formas, dada la enorme rejugabilidad que caracteriza la saga, este puede llegar a ser prácticamente infinito, siendo cualquier momento bueno para dedicarle una partida.
Conclusiones personales:

Wario Land fue posiblemente mi mejor juego de Game Boy Pocket, siendo este el que acompaño su compra, dedicándole horas y horas intentando descubrir todos los secretos y sorpresas que encerraba esta aventura con cierto toque de mala leche, sobre todo en el final del juego. Como anécdota, conseguí descubrir un “truco” por cuenta propia en el que si se pausaba el juego y se pulsaba varias veces el botón de select (no me acuerdo cuantas veces pues de eso hace años ya) podrías modificar la cantidad de monedas, vida,  corazones y tiempo. Es un juego que brilla con luz propia entre las grandes obras realizadas por Nintendo.