Cuando mencionamos a Atlus hablando de RPGs pensamos en dos cosas fundamentalmente: procesos de síntesis y en comedias románticas (y en Kartia: The world fate, pero eso es algo que Atlus y Konami preferirían olvidar).

Estos dos conceptos alcanzan su clímax en diciembre de 1998 cuando publica Thousand Arms un JRPG desarrollado por Red Entertainment (Sakura warsGungrave) y Tose (Valkrye Profile: LennethUltimate Ghosts’n Goblins).

En 1998 nos encontrábamos en medio de la explosión demográfica de los juegos de rol en PSX. Títulos como Jade CocoonLegend of LegaiaAtelier Ellie: The alchemist of Salburg 2, el infame KartiaSuikodenXenogears y ports de sagas exitosas como es el caso de Lunar oFinal Fantasy inundaban las tiendas japonesas y en 1999 se produciría un éxodo masivo de RPGs a occidente (en particular a América pues, desafortunadamente, varios de estos títulos ni siquiera rozaron al viejo continente) y se gestaba una batalla de proporciones épicas por el control del bolsillo de los consumidores ¿Cómo conseguiría un título nuevo enfrentarse a los titanes de las compañías “especializadas” como Square, Gust o Énix?

Thousand Arms no es un RPG, Thousand Arms es un Dating – RPG.

Porque este título no buscaba abrumarte con gráficos impresionantes, una jugabilidad innovadora o una historia épica. Los personajes tienen una estética de tipo anime cuyas emociones son resaltadas por emoticones simples y aún así puede ser tremendamente picante e íntimo, en particular cuando decides ligar con las féminas del grupo.

En Thousand Arms encarnamos a Meis, un noble vago y mujeriego que se dedica a perseguir faldas, fingiendo que se trata de parte de su entrenamiento como herrero espiritual. Un día la población se subleva, harta de nosotros y nos encontramos en medio de un camino magullados y hambrientos avanzando desesperados al oir una voz que podría pertenecer a una chica guapa.

El tema central del juego es la relación que mantiene Meis con sus compañeras de grupo o, más bien, que tanto les gusta Meis a ellas, pues para mejorar nuestras armas, adquirir magias nuevas y conseguir ataques especiales debemos asumir nuestra responsabilidad con las encantadoras jovencitas y mimarlas un buen rato.

Cuando te enfrentas a las citas te encuentras con una grata sorpresa pues las víctimas las protagonistas femeninas no son tímidas y cautelosas en las citas sino que suelen ser bastante directas preguntando cosas que es muy probable que jamás preguntases a alguien que no conoces de unos cuantos años atrás. Cada cita es única y conseguir complacer a cada chica es un reto de varias horas para siquiera entender el patrón de comportamiento de cada chica.

Desde luego las citas no lo son todo sino que también podrás (incluso tendrás que) hacerles regalos para mejorar su relación contigo y, si lo tuyo no es desmontar las barreras del corazón de una doncella, siempre hay minijuegos (uno por chica) para compensar.

El sistema de combate es curioso: En un grupo de tres personajes el que va en cabeza combate en un uno contra uno contra los monstruos y los otros dos dan ánimos (literalmente). Los personajes en la retaguardia solo pueden usar hechizos que afecten al que va en cabeza, diferente de los monstruos que son perfectamente capaces de atacarte independientemente de su posición.

Sin embargo el control llega a ser incómodo para moverse por las mazmorras y las ciudades, pues la cámara se mueve como de modo errático y no es posible controlarla, detalle que se corrige cuando sales al mapa.

El aspecto sonoro está bastante bien, la música es variada y no llega a resultar pesada o cargante. Además el detalle de que algunos diálogos estén doblados da cierto color adicional a los personajes y al juego.

Así que os invito a que si tenéis la oportunidad, os adentréis en el mundo de Thousand Arms, liguéis con todas las chicas que podáis, matad monstruos a mansalva, haceos fotos y, cuando os aburráis, salvéis el mundo.