Tocando fondo con estilo

Desde Tallon4 hemos seguido a pies juntillas el desarrollo y estreno de Max Payne 3: vídeos de desarrollo, presentación e impresiones, y análisis por partida doble (en vídeo y por escrito). Y lo cierto es que el juego se merece toda esta cobertura, así que los indecisos ya pueden quitarse de la mente esta pregunta: ¿está Max Payne 3 a la altura de su legado? Indudablemente sí.

Rockstar ha tomado todo aquello que Remedy inició en las estupendas entregas anteriores y lo actualiza a los tiempos que corren, al mismo tiempo que mantiene la esencia de la franquicia. Todo esto da lugar a uno de los mejores videojuegos en tercera persona de toda la generación. Activad el famoso Bullet-Time, porque el viaje va a ser movidito.

 

Narrativa y acción se dan la mano

Cambia el escenario, ahora ya no nos enfrentamos a mafiosos norteamericanos (al menos durante gran parte del juego), pero este Brasil decadente y marginal inspirado en películas como Ciudad de Dios o El fuego de la venganza (ambientada en México pero de temática muy similar) sigue homenajeando al cine negro, mostrándonos como Max toca fondo una vez más, con su característica y parlanchina voz en off que nos hace empatizar tanto con este individuo acabado.

El eterno conflicto entre el shooter y las buenas historias ha sido siempre uno de los más complicados. Es cierto que títulos como Bioshock o Half-Life conjugan perfectamente acción e historia, pero son juegos minoritarios dentro de un maremágnum de acción frenética. La franquicia Max Payne también forma parte de esta minoría, regalándonos desde el primer título a un héroe (o anti-héroe, según se prefiera) profundo y creíble: es un individuo turbulento, lleno de problemas internos y fantasmas del pasado que no hacen más que atormentarle, inmerso en una espiral autodestructiva de la trata de salir mediante una actitud estoica casi masoquista. Y eso es justo lo que viviremos en Max Payne 3, solo que Rockstar ha llevado al personaje más abajo aún con esta tercera entrega.

Max comienza trabajando como guardaespaldas privado de la familia Branco, una de las más acaudaladas de todo Brasil. Sin embargo, como era de esperar, los narcotraficantes locales y los grupos paramilitares no tardarán en hacer acto de presencia. A partir de este momento la trama no duda en ir tanto adelante como atrás en el tiempo, conjugando la historia brasileña con los últimos momentos del protagonista en Nueva York (donde encontraremos numerosos guiños a las anteriores entregas).

Aunque en un principio Max acude a Sao Paulo con el objetivo de empezar desde cero y abandonar sus peligroso alcoholismo y su dependencia a los antidepresivos, no es capaz ni de autoengañarse al recordar a su esposa e hija una vez más. Todo esto lo podemos ver en una cinemática inicial impecable. Precisamente el juego está lleno de escenas de vídeo (especialmente en los primeros compases de la aventura), pero que logran una sinergia perfecta con la jugabilidad, impidiéndonos soltar el mando debido a la naturalidad con la que estas discurren.

El guión nos atrapará de principio a fin, principalmente por esa citada empatía que se produce entre Max y el jugador. Es imposible no coger cariño a este viejo amargado que realiza su trabajo en un estado de embriaguez (incluso en ocasiones la imagen del juego se volverá algo difusa, para que nos sintamos igual de mareados que él). Cierto es que la temática en sí no es nada rompedora, pero la profundidad y la ambientación que impregnan el título no tardarán en hacernos olvidar que estamos ante un tipo de historia que ya conocemos, presentada con un estilo que bebe una vez más de la serie 24, con sus cámara simultáneas, a la vez que abandona el toque de novela gráfica de las dos primeras entregas.

No os contaremos más detalles sobre el argumento del título, pues es una de sus principales bazas. Tan solo dejar claro a aquellos que criticaron el nuevo look de Max (calvo, con barba y en mala forma), que este está totalmente justificado al contemplar el desgaste que vamos sufriendo a lo largo de la historia, todo ello de manera muy verosímil.

 

Una campaña larga y exigente

Es algo innegable y que salta a la vista, Max Payne 3 es un juego de acción tremendamente lineal (más aún que sus predecesores, los cuales contaban con algún atisbo de exploración en la comisaría o en el apartamento de Max). El juego solo nos pone a los pies del personaje cuando las balas empiezan a volar. Únicamente hay un par de escenas en las que podemos caminar libremente, pero su objetivo, más que permitirnos explorar, es empaparnos del ambiente (el mejor ejemplo de esto tiene lugar en las favelas de Sao Paulo). Para romper con esta linealidad, contamos con la posibilidad de buscar pequeños desbloqueables como armas doradas (dividas en tres partes a lo largo y ancho del escenario), o pistas que revelarán más datos acerca de la historia. Hacerlo rompe un poco el ritmo frenético del título, pero son muy fáciles de encontrar y no tardaremos nada en volver a estar enfrascados en la acción.

El hecho de ser uno de los títulos más lineales y conservadores de Rockstar no es algo especialmente negativo. Max Payne 3 no es un sandbox, sino un shooter en tercera persona, y como tal, funciona a las mil maravillas, con unas mecánicas de disparo respetuosas con la identidad de la saga pero que toma prestados ciertos elementos más modernos.

Por lo tanto, nos encontramos con que se ha implementado la tan socorrida técnica de coberturas, y al mismo tiempo se mantiene la presencia de clásicos como el Bullet-Time y los espectaculares saltos a cámara lenta.

Con tan solo presionar el stick derecho del pad activaremos esa cámara lenta digna de Matrix o del cine de John Woo, que nos permite movernos y apuntar con mayor precisión para salir de las situaciones más difíciles (que no serán pocas). El Bullet-Time posee un barra que va vaciándose progresivamente, la cual se recarga lentamente cuando no está activado o de manera rápida si eliminamos enemigos sin usarlo. Respecto a los saltos en cámara lenta podemos decir que se activan pulsando RB/R1 y esta vez no contamos con ninguna restricción de uso (aunque tengamos la barra de Bullet-Time totalmente vacía podremos usarlo sin problemas). El problema viene en el hecho de que a Max le cuesta varios segundos levantarse del suelo una vez terminado el salto (la edad no pasa por nadie, y mucho menos por el ex-detective). Sin embargo, en Rockstar han pensado en todo, y estando tumbados en el suelo podemos seguir disparando y recargar sin ningún problema. Por último, y para recalcar la espectacularidad que impregna a toda la obra, la muerte del último enemigo de área se reproducirá en primer plano, pudiendo manejar nosotros mismos el tiempo en que se mueven las balas, e incluso seguir disparando para comprobar cómo y en qué parte de su cuerpo impactan nuestros proyectiles. Un toque violento pero fiel una vez más al espíritu de la serie.

Si ya estabais acostumbrados a los juegos con campañas fáciles e insulsas, Max Payne 3 va a borrar ese recuerdo de un plumazo. El juego es desafiante, sufriendo algún que otro quebradero de cabeza incluso en el nivel de dificultad «normal». Pero los más veteranos irán directamente a por el nivel difícil, en el cual se tienen que aprovechar las coberturas al máximo, y usar el Bullet-Time con mucha más cabeza. Si superáis este nivel de dificultad y aún queréis demostrar vuestra valía, desde aquí os retamos a superar los niveles de dificultad «extremo» y «clásico», auténticos quebraderos de cabeza en los que la supervivencia es casi una utopía. Tampoco hemos de olvidar la existencia de un modo «fácil», asequible para los menos duchos en el género.

Además de estos cinco niveles de dificultad, el juego permite personalizar la puntería entre automática, semi-automática o libre, logrando así una experiencia que permite disfrutar de la campaña a todo tipo de jugadores.

Siendo una vez más fiel a su espíritu, el título renuncia a la regeneración de salud que está tan presente en el género shooter actualmente. Casi resulta un milagro encontrarnos con un juego que renuncia a dicha medida. Así que, amigos de la barra de salud, Max Payne 3 cuenta con ella, y como siempre, la única manera de recargarla será gracias a los botes de analgésicos que encontraremos a lo largo del juego (resulta sumamente gracioso escuchar de boca de Max frases cínicas acerca de su adicción a ellos). La permanencia de esta medida aumenta el desafío del título, puesto que utilizar los analgésicos correctamente será fundamental para sobrevivir. No obstante, si una sección se nos resiste demasiado, el juego nos regalará alguna de estas «píldoras mágicas», luchando así contra la inaccesibilidad (pero únicamente en los niveles «fácil» y «normal»).

Del mismo modo, si tenemos activado el Bullet-Time y nos quedamos sin vida, pero con algún bote en la recámara, el juego nos brinda unos segundos para llevar a cabo un tiro de gracia al enemigo que nos está a punto de matar. Si acertamos, la salud se regenerará. En cambio, si fallamos o nos quedamos sin munición, moriremos sin remisión.

En cuanto al ritmo, el juego consigue mantener un enorme interés a pesar de estar profundamente encorsetado en una fórmula muy manida. Por el camino hay algunas escenas a bordo de vehículos, como en helicóptero, lancha o jeep, junto con algunos toques de infiltración en momentos muy puntuales, todo ello a través de un diseño de niveles excepcional.

 

Hay vida más allá de la campaña

Una de las grandes novedades que Rockstar ha introducido en Max Payne 3 es la presencia de un completísimo multijugador alarga la vida del juego más allá de las 10-12 horas que tardaremos en terminar el modo historia (cifra que, obviamente varía dependiendo de la dificultad escogida).

El multijugador nos ofrece numerosos modos de juego, algunos de ellos tremendamente adictivos, como Max-sesino (un modo en el que un jugador encarna a Max Payne, y el resto deben darle caza. El que acabe con él, encarnará al ex-detective en la siguiente ronda, el cual está mucho mejor equipado que el resto). Sin embargo, para acceder a este y al resto es preciso superar un entrenamiento para novatos (el multijugador posee además un sistema de niveles que nos ofrece la posibilidad de enfrentarnos a jugadores con un nivel similar). Una vez superado, se desbloquearán los clásicos Todos contra Todos y Bando contra Bando, Recogida (variante de «captura la bandera»), Captura (territorios) o Mecha Corta (en el que habrá que sabotear la base enemiga).

Donde sí ofrece algo realmente novedoso el juego es en  Guerra de Bandos, donde se toman momentos puntuales de la campaña para introducirlos en multijugador que enfrenta a dos bandos de ocho jugadores, contando cada uno con su propio arco narrativo, el cual está dividido en varios episodios narrados en voz en off y con cambios sustanciales dependiendo del ganador del escenario anterior.  Sin lugar a dudas se trata de la mejor parte del online, formada por lo mejor del resto de modos.

Al igual que en Red Dead Redemption, el multijugador gira en torno a nuestro avatar y su personalización a través del dinero y el nivel. Ambos se consiguen a través de eliminar enemigos, saquear sus cadáveres o cumpliendo objetivos, permitiéndonos desbloquear armas especiales, potenciadores (habilidades especiales como un mayor uso del Bullet-Time), o chalecos protectores, configurando un inventario que tiene en cuenta factores como el sobrepeso y la velocidad. Otra manera de ganar experiencia de manera rápida es a través de la Vendetta, es decir, la posibilidad de señalar en el escenario a quien nos haya eliminado dos veces seguidas para ganar mayor experiencia si conseguimos acabar con él. Sin embargo, si el oponente nos elimina a nosotros, él será quien reciba la bonificación.

El juego cuenta también con la posibilidad de crear clanes, enfatizando así el aspecto social y comunitario, elemento que se mantendrá en el aún lejano GTA V, pudiendo personalizar el nombre del grupo y su emblema de múltiples maneras. Esta es la mejor opción para disfrutar del multijugador, pues es la que nos permite escalar puestos y conseguir mejoras de manera más rápida.

Además del multijugador, Max Payne 3 también cuenta con un modo arcade que cuenta con tres vertientes: Máxima Puntuación, Un minuto en Nueva York y Un minuto en Nueva York extremo. En ellos nuestro objetivo será superar la campaña nuevamente con la intención de conseguir las mejores puntuaciones y competir en los rankings on-line, al mismo tiempo que se desbloquean nuevas mejoras para el multijugador y se completan diferentes retos (como tomarse cien analgésicos, disparar X veces a la entrepierna…). Un minuto en Nueva York es un modo que ya estaba presente en Max Payne 2. Se trata de un contrarreloj en el que eliminando enemigos aumentamos nuestro contador. Lamentablemente, vuelve a tratarse de los mismos niveles de la campaña, no incluyendo ningún escenario extra, como sí que ocurrió en el juego anterior. Tampoco podemos olvidar que en el arcade podemos elegir entre múltiples modelos de Max, no solo los que aparecen a lo largo de la campaña, sino algunos de las dos primeras partes y otros más cómicos, como Max con resaca o en calzoncillos.

 

Tecnología al servicio del espectáculo

El estudio de los hermanos Houser nos tiene acostumbrados a juegos de factura técnica y estética brillante, y Max Payne 3 no iba a ser una excepción, convirtiéndose en uno de los mejores lanzamientos a nivel visual en lo que llevamos de año.

Quizá el impacto del título no sea tan alto como debería (y más si lo comparamos con L.A. Noire, esa maravilla en lo que a modelado de personajes y reconocimiento facial se refiere), pero no exageramos al afirmar rotundamente que la nueva aventura del ex-agente es espectacular. A nivel artístico supone un trabajo fabuloso de versatilidad no solo al retratar con gran acierto unos escenarios muy realistas y distintos entre sí (no hay comparación entre lo elegante que resultan las escenas de la alta sociedad frente a lo sórdido y desagradable que son las favelas), sino también al presentarnos a un protagonista en constante cambio, con un aspecto que se modifica al antojo de la historia, poniendo a la técnica al servicio de esta.

El modelado y las animaciones de los personajes son realmente brillantes, especialmente Max, con una calidad de movimientos y una carga poligonal solo semejante a la de Kratos en God of War 3 o Nathan Drake en la tercera entrega de Uncharted.

Del mismo modo, el título cuenta con detalles geniales como que si estamos disparando una pistola y en el inventario portamos una escopeta, Max llevará esta última en la mano izquierda mientras dispara el arma corta con la derecha. Dichos detalles contribuyen a enriquecer unas escenas de acción que son de lo mejorcito en el género.

El motor de físicas Euphoria se una nuevamente al engine gráfico RAGE para regalarnos un espectáculo no solo visual, poniendo no solo la técnica al servicio de la historia, sino también de la jugabilidad. En los escenarios los parapetos de destruyen, las paredes van siendo perforadas por las balas y las ventanas se rompen en mil pedazos. El mejor capítulo para observar todo esto es el que transcurre en las oficinas Branco, donde todo va poco a poco siendo arrasado.

El comportamiento de los cuerpos ante las balas no se queda atrás, mejorando lo ya visto en la aventura de John Marston. Los proyectiles impactan en las diferentes partes del cuerpo con total realismo, con un nivel de violencia y salvajismo nunca visto en Rockstar. Los desmembramientos y sobrecogedoras heridas en las caras y cuerpos están a la orden del día.

Como puntos negativos de este apartado técnico, tan solo comentaros que hay alguna caída de cadáveres un poco «falsa», o un bug que hacía desaparecer nuestro arma (el cual solo hizo acto de presencia una vez en las numerosas horas que hemos invertido en el título). La tasa de frames se mantiene estable en todo momento y el popping es prácticamente inexistente, explotando el hardware de Playstation 3 y Xbox 360 (y mejorándolo aún más si cabe en la inminente versión de PC).

A nivel sonoro nos encontramos con lo habitual en la compañía: Apartado sobresaliente en el doblaje en V.O. (con un portugués sin traducir para que nos sintamos igual de perdidos que Max), con una espléndida interpretación de James McCaffrey y su grave timbre (que pena que nos lo perdiéramos en las otras dos entregas, que llegaron dobladas al castellano). La única pega que se le puede achacar es el diminuto tamaño de los subtítulos, casi al nivel del primer Dead Rising y bastante molesto al principio.

De la banda sonora se encarga la banda electrónica Health, y le otorga un toque digno de la acción que ofrece el título, sin olvidarnos del tema clásico de Max Payne, rescatado una vez más. Otro pequeño «pero» que se puede achacar al apartado sonoro es que en alguna ocasión desaparecerán las voces y solo permanecerán los subtítulos, aunque es algo momentáneo.

 

Conclusiones finales

Max Payne 3 es uno de los mejores shooters en tercera persona de la actual generación y uno de los mejores lanzamientos de lo que va de año. Puede que sea demasiado conservador en su planteamiento, pero eso no desmerece a un título redondo en todos sus apartados. Es espectacular, bello, divertido y muy adictivo. Todo ello gracias a uno de los personajes más torturados de los videojuegos, su larga campaña y un multijugador muy completo. Un título al que todo jugador debería dar una oportunidad.

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A favor:

  • Estupenda fusión entre jugabilidad e historia
  • Desafiante incluso en su nivel de dificultad normal
  • El uso del Bullet-Time está perfectamente implementado
  • Multijugador muy cuidado.
  • Apartado técnico y sonoro brillante…

En contra:

  • …pero con pequeños fallos, como sus diminutos subtítulos
  • El modo arcade supone una repetición de la campaña con pocos cambios
  • Más lineal que sus predecesores
[Nota]

  

*El análisis se ha realizado en base a la versión de Playstation 3.