Una figura icónica

La presencia de las tradiciones japonesas en el ocio electrónico es enorme, no por nada gran parte del desarrollo de la evolución de este mundillo viene de manos niponas. Y pese a que actualmente quizás no se encuentren en su mayor momento creativo (o así se nos quiera hacer creer), los desarrolladores japoneses nos han permitido hacer algo más que machacar hasta la saciedad los botones de nuestros mandos: hemos podido conocer su historia y cultura (siempre con ciertas licencias, obviamente). Seguramente muchos jugadores tendrán una cierta idea de quien fue Oda NobunagaMiyamoto Musashi o de la Era Tokugawa sin haberse acercado nunca a un libro de historia. Lo mismo se puede aplicar a una famosa figura de la tradición japonesa: el ninja.

Pertenecientes a un grupo creado con el objetivo de formar asesinos que ataquen bajo el cobijo de la noche, el ninja se ha convertido en un personaje casi “mítico”, y cuya presencia en los videojuegos seguramente sea mayor que la de otro personaje de la tradición japonesa exportado hasta la saciedad a los videojuegos: el samurai.

Pero ¿qué es lo que nos atrae tanto de estos personajes?* Quizás sea la idea de la fortaleza y la disciplina requeridas para lograr convertir el cuerpo humano en un arma letal o tal vez sea el misterio que los envuelve. De lo que sí que estamos totalmente seguros es que la industria de los videojuegos no ha sabido resistirse a la influencia de los ninjas y desde esos tiempos casi prehistóricos que son los ochenta, los asesinos japoneses por antonomasia se han convertido en parte esencial de numerosos títulos. Fuera de los juegos de lucha, personajes como Joe Musashi (Shinobi)Ryu Hayabusa (Ninja Gaiden) o Rikimaru (Tenchu) han calado hondo entre los jugadores, pero en este especial retromanía vamos a centrarnos en otro personaje, el cual cuenta con varios años a sus espaldas pero no con tantos títulos como quizás mereciera. Queridos lectores, hoy os presentamos a Strider Hiryu.

Un tipo sigiloso

Y ojo, que no decimos esto por que Hiryu sea un ninja de lo más eficiente en su trabajo (que lo es), sino porque forma parte de esa interminable lista de personajes de Capcom que la mayor parte del tiempo se encuentran en el baúl de los recuerdos. Quizás no tanto comoCaptain Commando, (gran desterrado de la compañía, y al que ya rendimos un sentido homenaje en esta misma sección), pues este futurista ninja ha aparecido a lo largo de los años en diferentes títulos ajenos a su propia franquicia: Marvel vs Capcom y sus secuelas (en la última solo en la versión Ultimate), Namco x Capcom, SNK vs Capcom: Card Fighters y el peculiar arcade de preguntas y respuestas Capcom World 2, junto con un cameo en Street Fighter Alpha 2.

No obstante, los juegos protagonizados por este singular personaje se pueden contar con los dedos de una mano (y nos sobran dedos). ¿A qué se debe esto? No lo sabemos a ciencia cierta, pero lo más seguro es que se deba a que Strider no pertenece enteramente a Capcom. “¿Cómo es esto posible?”, osaréis decir. Pues bien, si os fijáis en cada juego en el que hace acto de presencia, junto con el correspondiente copyright de Capcom aparece también el nombre de Moto Kikaku. Este es el nombre de un estudio de mangakas, ya que Strider nace fruto de una colaboración entre ambas compañías. Moto Kikaku realizaría el manga y Capcom lo adaptaría en varios juegos. El autor encargado de crear el manga esTatsumi Wada (cuyo trabajo más reconocido es el que nos ocupa), el cual que únicamente realizó seis capítulos recopilados luego en un único tankoubon (tomo).

Siendo sinceros, este manga no es nada del otro mundo: El dibujo sucio, y su narración bastante caótica (seguramente debido a tener que explicar toda la historia en seis capítulos), no lo convierten en una obra para el recuerdo. Más tarde se lanzó un capítulo extra llamadoStrider Gaiden, donde se narra el origen del protagonista, pero inexplicablemente no fue recopilado en el tankoubon. Como era de esperar, el manga no salió nunca de tierras niponas, por lo que la única manera que hay de conseguirlo a día de hoy es a través de Internet.

 

Un comienzo algo accidentado

La parte del acuerdo que Capcom tenía que cumplir consistía en realizar un par de juegos, uno para salones recreativos y otro para la consola dominante de aquel lejano 1988: NES.

La versión de NES tenía prevista su salida en septiembre del mismo año e incluso ya se estaban emitiendo anuncios del juego por televisión. Pero de un día para otro, el juego y todo lo relacionado en torno a él desaparecieron del panorama. Parece ser que Capcom no estuvo satisfecha con el resultado y decidió cancelarlo justo antes de su salida. Sin embargo, un año después, con el manga ya publicado, apareció la versión arcade: Como veremos más adelante, esta versión de Strider se convirtió en un éxito inmediato, debido a sus gráficos, su genial y variada música, así como su jugabilidad, produciendo conversiones a numerosos sistemas. La compañía de Osaka, viendo el éxito cosechado, no dudó ni un segundo en sacar del cubo de la basura el juego de NES, realizar unos ajustes y venderlo a los incautos que buscasen un port de lo que habían jugado en los salones recreativas.

A diferencia de la versión arcade, en la que Hiryu tiene que acabar con los planes de dominación mundial del Gran Maestro Meio (tipo que dicho sea de paso guarda una gran semejanza con el Emperador Palpatine), la versión para NES sigue de manera fiel el argumento del manga, el cual nos habíamos reservado hasta este momento:

Hiryu es un ninja futurista perteneciente a una sociedad llamada “Striders”, encargada de salvaguardar la estabilidad del mundo a cualquier precio. Retirado en Mongolia tras años de servicio a la organización es llamado de vuelta para asesinar a su colega Kain, el cual ha sido capturado por el enemigo. Poco a poco vamos descubriendo un complot que incluye a varios miembros de los “Striders”, por lo que Hiryu tendrá que acabar con sus antiguos compañeros.

Además del argumento, el estilo de juego cambia radicalmente respecto a la versión arcade. Aquí nos encontramos ante un juego con ligeros toques de RPG y exploración: hay subida de niveles, items que nos proporcionaban habilidades como caminar por el agua o por el techo, disparar plasma con Cypher (nuestra extraña espada) y revisitar algunas zonas que antes no se podían explorar debidamente. No es muy difícil darse cuenta de qué juego bebe este Strider: Metroid.

Técnicamente no es nada del otro mundo y da una sensación un tanto desaliñada, seguramente por haber sido un proyecto en principio cancelado y después retomado para aprovechar el tirón. Aún así se deja jugar, y es una buena opción para conocer la historia del manga sin tener que leerlo.

 

Las virtudes de un clásico

Por fin hemos llegado al momento clave de este especial retromanía. Este es el título que caló hondo entre numerosos jugadores y que a día de hoy lo siguen considerando como uno de los mejores arcade de plataformas y acción de todos los tiempos.

Nada más empezar vemos como el juego entra muy bien  por los ojos aún a día de hoy, veintitrés años después. Los sprites son grandes, bien definidos y cuentan con más animaciones de lo habitual para la época. Tanto los escenarios como los personajes derrochan carisma (solo el primer escenario, en el que Hiryu aterriza en esa futurista Unión Soviéticabasta para conquistar el corazón de muchos). El diseño de algunos enemigos es de lo más extraño que uno pueda encontrarse: los miembros del parlamento de la URSS que se convierten en una serpiente que porta la hoz y el martillo, un  King-Kong mecánico o unas amazonas montadas en triceratops son solo una pequeña muestra de lo que nos encontraremos, siendo nuestro ninja futurista lo más normal que habrá en pantalla.

El aspecto sonoro también está muy conseguido, con melodías que no tardaremos en estar tarareando tras unas cuantas partidas. También cuenta con voces en japonés y en inglés para los escasos diálogos entre nivel y nivel, lo cual es todo un detalle. Sin embargo, el sonido de la espada de Hiryu también se hará inolvidable a los usuarios, pues es algo molesto a la larga.

Strider supone la integración de numerosas características jugables unidas a la gran cantidad de situaciones que encontraremos: bajar a toda velocidad por la ladera de una montaña que está siendo bombardeada, vernos encerrados en una sala con un satélite artificial en que nos obliga a dar vueltas sin parar, escapar de una base aérea en llamas… Todo ello aporta una sensación de querer ir siempre a por el “más y mejor” gracias a las acciones de Hiryu, que van desde engancharse a todo tipo de plataformas y paredes cual Spiderman, hasta deslizarse para pasar por lugares bajos o esquivar proyectiles, eso sin contar con las piruetas que puede realizar de un lado a otro.

Si a todo esto le sumamos un control sencillo y que responde perfectamente al pad, nos encontramos ante una jugabilidad a prueba de bombas.

Entremos ahora en el terreno argumental, pues la trama es totalmente diferente a la del manga:Strider Hiryu, un ninja que trabaja para una organización clandestina, es enviado para eliminar al “Gran Maestro”, un dictador venido del espacio que en el año 2048 domina todo el planeta. Los gobiernos le rinden pleitesía y la gente es exterminada sin piedad. Nuestra misión comenzará en la Unión Soviética (poco intuían en Capcom el panorma político venidero), y a partir de ahí recorreremos cinco escenarios  diferentes. Pueden parecer pocos, pero su ambientación está realmente conseguida, teniendo lugar cambios incluso dentro del nivel, aportando más variedad aún. Las cinco fases de las que consta el título son: la URSS, Siberia, la fortaleza voladora, la selva amazónica y la Tercera Luna, cuartel general del Gran Maestro.

Para ayudarnos en nuestra tarea contamos con los clásicos ítems revitalizadores y unos robots pequeñajos que se encargarán de disparar a los enemigos que se aproximen a nosotros.

La duración de Strider es lo habitual en los juegos de este tipo: Tardaremos en “despachar” al Gran Maestro entre cuarenta minutos y una hora, quizás un poco más debido a que cuando morimos no reaparecemos justo donde hemos muerto, sino que al contar con checkpoints, apareceremos en un lugar fijo del escenario, tal y como tiene lugar en esos clásicos imposibles que forman Ghost’s’ n ‘Goblins y sus secuelas. Y es que como todo buen videojuego nacido en los ochenta, Strider es uno de esos títulos que nos hará desesperarnos en más de una ocasión: Ya sea con algún salto complicado o con alguno de los muchos sub-bosses que acechan los niveles, Strider nos hará blasfemar de lo lindo. Eso sin contar a los mastodónticos enemigos de final de nivel que llevan impreso el sello de “Capcom” nada más salir a la palestra. Como pequeño destripe del final, tan solo desvelaros que antes de enfrentarnos al Gran Maestro tendremos que derrotar nuevamente a todos de manera continuada.

 

Una breve pausa

Debido al éxito del arcade, numerosos ports salieron disparados a todo tipo de plataformas:Amiga, Amstrad, Commodore 64, Spectrum, Master System, PC Engine y Mega Drive. La versión de la 16 bits de Sega fue realizada por la propia compañía del erizo, siendo calcada a la recreativa original en casi todos los detalles (el apartado sonoro sufrió algunos recortes debido al discreto chip de sonido de la consola). Esta versión está disponible actualmente en laConsola Virtual de Wii. La recreativa original ha visto la luz años después en diversos recopilatorios, teniendo lugar el primero de ellos en el año 2000, como extra del propio Strider 2 en su versión para PSX. Al igual que Captain Commando, apareció en Capcom Classics Collection: Remixed (PSP) y Capcom Classics Collection Vol. 2 (Playstation 2 y Xbox). La última aparición de la recreativa sucedió en 2010, año en el que fue lanzada para móviles japoneses.

Obviamente, tarde o temprano la historia de Hiryu tendría continuación en consolas y arcades, pero lo sorprendente del asunto es que la franquicia no cuenta con uno, sino con dos “Strider 2″. Sin embargo, para conocer en detalle esta extraña situación tendréis que esperar hasta la semana que viene, cuando la segunda parte de este especial vea la luz.