El mal regresa una vez más

Mayo ha sido finalmente el mes escogido para recibir a uno de los títulos más ansiados de la historia de los videojuegos, Diablo III. A día de hoy el juego lleva ya a la venta dos semanas, tiempo que hemos invertido en Tallon4 para explotar el juego en todo su esplendor y haceros llegar un análisis lo más completo posible, ya que abordar un juego como este nunca es algo fácil. El Action-RPG de Blizzard ha mostrado sus cartas, y es preciso hacerse la siguiente pregunta: ¿Ha cumplido Diablo 3 con las ingentes expectativas puestas en él? La respuesta es un sí rotundo.

Sin embargo, el lanzamiento del título no ha estado exento de polémica, pues la gran cantidad de gente conectada simultáneamente impidió a cierto número de aficionados disfrutar del juego en su momento de estreno, a lo que hay que unir algunos errores de conexión acaecidos a principios de esta semana. Afortunadamente estas incidencias ya han sido solucionadas, y el título puede ser disfrutado por cualquiera (siempre y cuando tenga conexión a Internet, otro aspecto que ha levantado ampollas entre no pocos aficionados).

Pero antes de continuar, dejemos el presente y echemos la vista atrás una vez más: En 1996 Blizzard lanzó el primer Diablo, un título que bebía enormemente de clásicos como Gauntlet, Angband o Moria (los llamados roguelike). El juego nos permitía escoger entre tres héroes diferentes para asaltar una oscura catedral en la que debíamos acabar con Diablo, el Señor del Terror. El éxito de crítica y público fue total gracias a su adictiva jugabilidad, su sobresaliente multijugador (supuso el estreno del sistema Battle.net), y su cuidadísima ambientación. Si queréis más información sobre el primer Diablo, siempre podéis consultar el retromanía que le dedicamos el 15 de mayo, fecha en la que se estrenó Diablo 3.

Sin embargo, el auge definitivo de la saga llegaría con la segunda entrega. Lanzada en el 2000, Diablo 2 es uno de esos juegos que supuso un antes y un después en la historia de los videojuegos de PC. A las cinco clases de la secuela hubo que sumarles dos más gracias a la expansión Lord of Destruction, y ya no estábamos confinados a un único escenario. Al estar dividido en actos, el juego nos permitía visitar todo tipo de escenarios: cavernas, desiertos, palacios, ciudades en ruinas… Su conservador aspecto gráfico fue lo más criticado del título, pero la mejorada jugabilidad, su multijugador, y su historia a escala global marcó a toda una generación de jugadores. No en vano, aún se sigue jugando a Diablo 2 (casi como cualquier otro juego de Blizzard, empezando por esa reliquia que es Warcraft 2).

Con semejantes antecedentes, tarde o temprano habría que volver al mundo de Santuario. Ha tardado doce años en hacerlo, pero Diablo 3 por fin está aquí, y viene dispuesto a demostrar por qué es el mejor Action-RPG disponible actualmente (con permiso de Dark Souls, con el que comparte únicamente el género, alejándose ambos en el resto de aspectos).

 

Un elaborado retorno

Aunque la historia de toda la franquicia es bastante elaborada para ser un roguelike, esta siempre ha permanecido relegada en un segundo plano en pos del apartado jugable. Sin embargo, parece que en esta ocasión Blizzard quiere que nos empapemos del guión del título gracias a la narrativa y al trasfondo con el que ha dotado a prácticamente todos los personajes, convirtiendo a Santuario en un mundo lleno de matices y bien construido.

Al final de Diablo 2: Lord of Destruction, el arcángel Tyrael se vio obligado a destruir un artefacto sagrado conocido como la Piedra del Mundo, el cual había sido corrompido por el último demonio mayor, Baal, momentos antes de que los héroes le dieran muerte. Con la destrucción de dicho artefacto, la salvación de la humanidad estaba asegurada, pero la incógnita era por cuánto tiempo, pues el mundo acababa de entrar en un estado de desequilibrio.

El momento que marca el regreso de los seres del averno al mundo de los mortales es la caída de un cometa rojo en las ruinas de la catedral de Tristán (el escenario del primer Diablo). Es el momento de que una nueva generación de héroes se enfrente al Infierno. No os destriparemos ningún detalle de la trama, la cual es sin duda, la mejor de la franquicia, únicamente revelaros que regresan personajes clásicos, como el ilustre Deckard Caín o el arcángel Tyrael, y que los homenajes a las entregas anteriores están más que asegurados.

Antes dijimos que el trasfondo de los personajes era uno de los aspectos más novedosos de la historia, más incluso que el propio guión de la misma. Cada personaje contará con su propia personalidad y motivaciones para plantar cara a las hordas del Infierno, siendo todos ellos bastante carismáticos. Por ejemplo, el Mago es un tipo irónico y cínico, mientras que el Bárbaro es mucho más serio y honorable, sin olvidar el odio fanático del Cazador de Demonios. Lo mismo se puede decir de nuestros Seguidores (los clásicos mercenarios de Diablo 2, pero que esta vez solo estarán disponibles cuando juguemos solos), que también cuentan con su propio trasfondo. Son el templario Kormac, el canalla Lyndon y la hechicera Eirena.

Al contrario que en entregas anteriores, la manera de conocer Santuario también ha cambiado. Ya no tenemos que detener la acción frenética leyendo numerosos y mohosos volúmenes sobre la historia del mundo. En esta ocasión contamos con los diarios, libros que podemos escuchar mientras jugamos, tal y como la información encontrada en BioShock o Doom 3. Aportan multitud de referencias sobre las entregas anteriores (lo que junto con la introducción al mundo de Diablo del instalador consigue que cualquier neófito se empape de información acerca de qué ocurrió antes de este juego).

Del mismo modo, cada vez que matamos a un nuevo tipo de enemigo se nos proporcionará un informe sobre el mismo, dando lugar a una estupenda enciclopedia auditiva sobre fauna demoniaca. Este detalle de cambiar los clásicos textos a «audiolibros» nos ha parecido de lo más acertado.

 

Conservadurismo e innovación estrechan lazos

Cualquiera jugador que haya invertido horas en Diablo o en su secuela no tardará nada en hacerse con los controles y en comenzar a aniquilar hordas de seres infernales. ¿A qué se debe esto? A la excelente jugabilidad de la franquicia, con su base intacta desde el primer día: cámara colocada desde vista isométrica, movimiento con el ratón y varias habilidades equipadas (en esta ocasión el máximo son seis activas y tres pasivas). También existe la posibilidad de atacar sin moverse del sitio, algo que las clases a distancia agradecerán.

Nada ha cambiado en el planteamiento jugable más básico, consistente en la aniquilación de monstruos mientras exploramos extensos y aleatorios mapeados mientras cumplimos diversas misiones y mejoramos nuestro equipo con el botín que dejen nuestros enemigos a su paso.

Sin embargo, Diablo 3 nos ofrece también jugosas novedades. La primera de ellas son las cinco clases disponibles: Cazador de Demonios, Médico Brujo, Monje, Mago y Bárbaro. De ellas, la más conservadora es esta última, que bebe enormemente de su precursor de Diablo 2, aunque si somos conocedores de la saga no tardaremos en establecer lazos entre estos héroes y los del anterior título.

Pese a que su aspecto físico esté predefinido y no podamos hacer cambios en ellos (salvo cuando les equipamos con un objeto diferente, pues este se refleja en pantalla), por primera vez podemos elegir el sexo de nuestro personaje, un detalle que invita a tener por lo menos dos personajes de cada clase. La forma de jugar con cada clase es prácticamente diferente, pudiendo personalizarla de múltiples maneras en función de nuestras necesidades y del desafío que nos encontremos. Además, el recurso que utilizan para emplear sus habilidades es diferente (¿no os resultaba raro ver aun salvaje Bárbaro con «maná»?). Pasemos a conocerlas en más profundidad:

El Cazador de Demonios: Posiblemente la clase más versátil de todas. Puede lanzar diferentes tipos de proyectiles, invocar mascotas, crear torretas, trampas, realizar maniobras evasivas… Se vale sobretodo de ballestas y arcos y su aspecto recuerda enormemente a guerreros puritanos como Solomon Kane o el Van Hellsing de Hugh Jackman. Supone la fusión de algunos conceptos de la Asesina y la Amazona. Es la única clase que cuenta con dos recursos: «odio» y «disciplina».  El «odio» de los Cazadores de Demonios se genera a gran velocidad, y es usado para alimentar una serie de facultades ofensivas de este personaje, mientras que, la «disciplina» se genera de forma mucho más lenta, y permite el uso de habilidades tácticas cuando llega el momento adecuado de controlar a los adversarios.

El Médico Brujo: Clase basada en las artes del vudú y en invocar criaturas no muertas como zombis, perros, ranas y enjambres de insectos. Su mayor inspiración es el Nigromante (aunque cuenta con mayores hechizos ofensivos que este),y por ahora, en los primeros compases del juego, es la clase menos jugada (de todas formas, que nadie se lleve las manos a la cabeza, pues todas están muy equilibradas. Su recurso es el clásico «maná» de toda la vida, al cumplir con el perfil clásico de taumaturgo. Este «maná» se regenerará por sí solo, de forma paulatina, pero este personaje también tienen habilidades específicas para rellenar sus reservas, como los hechizos de robo de maná o espiritu.

El Mago: Lanzador de hechizos por antonomasia e inspirado también en un personaje previo, la Hechicera de Diablo 2. Puede crear ventiscas, hidras de fuego, copias, teletransportarse, ralentizar el tiempo. Pese a que no se caracteriza por la alta cantidad de daño que inflinge a un único enemigo, es capaz de enfrentarse a una gran masa fácilmente.

El Mago acude al «poder arcano» para el uso de hechizos de diversas disciplinas. Se trata de un recurso que se regenera con rapidez y permite el lanzamiento de hechizos tan poderosos como el Rayo de hielo. El «poder arcano» también alimenta a los hechizos defensivos como la Armadura de energía, que aumenta la defensa del Mago durante un corto periodo de tiempo.

El Bárbaro: Su inspiración es más que obvia. Personaje orientado a realizar grandes cantidades de daño y devastadores ataques. Recibe un 30% menos de daño que las otras clases (esta habilidad la comparte con el Monje).

Su recurso es la «furia», y se consigue de forma similar a como lo realiza el Guerrero de World of Warcraft: consiguiendo un golpe certero, o bien, recibir un golpe del oponente.

El Monje: Inspirado en los monjes orientales de las películas de Kung Fu (y con algunos movimientos cuyo nombre y ejecución recuerdan a Kenshiro, protagonista de El Puño de la Estrella del Norte), este personaje especializado en el cuerpo a cuerpo goza de mayores movimientos defensivos que el Bárbaro y de mayores habilidades de apoyo y curación para el resto del grupo. El recurso del monje es el «espíritu»: este se genera con el uso de los ataques cuerpo a cuerpo y de varias facultades especiales específicas, y no se agotará hasta no usar una habilidad de consumo de espíritu.

 

Una vez presentadas las clases, pasemos a ver el sistema de desarrollo de personaje, totalmente nuevo y diferente, por lo que seguramente no será del gusto de los jugadores más clásicos, pero creednos cuando os decimos que la jugabilidad gana enteros con este nuevo sistema. Veámoslo con más detalle:

Lo que primero nos llamará la atención será ver como ha desaparecido el árbol de habilidades y la opción de distribuir los puntos de estadísticas. Ahora, cuando subamos de nivel, las habilidades y los puntos se desbloquearán y asignarán automáticamente.

Esto que a priori puede parecer un recorte de la profundidad de sus predecesores no es más que la punta del iceberg realizada para dinamizar el sistema de habilidades el cual cuenta con un nuevo elemento: las runas. Gracias a ellas contaremos con un sistema mucho más adaptable y dinámico, dándonos mucho juego a la hora de experimentar una y otra vez con variados estilos de clase. Ya no es necesario crear un nuevo personaje y empezar desde cero una y otra vez si queremos probar una nueva combinación (lo que conllevaba a invertir demasiadas horas).

El objetivo de las runas es conseguir que las habilidades activas tengan diferentes efectos en función de la runa equipada, potenciándola o transformándola en otra bien distinta. Por ejemplo, la habilidad de crear torretas del Cazador de Demonios puede lanzar misiles teledirigidos, flechas, curar o proteger a los aliados… Todo depende de la runa con la que vinculemos a la habilidad.

Aquí es donde radica la clave del éxito: en conseguir la mejor combinación de runas y habilidades. Podemos cambiarlas en cualquier momento. animándonos a crear las «builds» más variopintas y efectivas para cada situación. No es lo mismo que enfrentarse a un jefe de final de fase que a miríadas de enemigos, por poner un ejemplo.

Como podéis ver, los cambios en el sistema de personajes nos han gustado enormemente, aportando un ritmo y dinamismo ausente en sus predecesores, sin tener que obligarnos a realizar un estudio previo de la clase. Dicho estudio tiene lugar durante el transcurso de la partida.

También es preciso comentar que los Seguidores han sufrido drásticos cambios en su gestión. Al igual que en la expansión de Diablo 2, podemos equiparles objetos (muchos más en esta ocasión) y asignarles ciertas habilidades para enfrentarse a las masas y servir como distracción. Además, en esta entrega no morirán, sino que permanecerán inconscientes unos minutos. Está claro que no podrán sustituir a otro jugador, pero constituyen un apoyo muy a tener en cuenta.

 

Cambios de espacio y economía

También encontramos cambios drásticos en el inventario del juego. Una vez más volverá a estar dividido en casillas, pero los objetos ahora no ocuparán una cantidad diferente de huecos según su forma y tamaño, sino que ahora se dividen en grandes y pequeños. Por ejemplo, pociones o anillos ocuparán solo una casilla, mientras que armas o armaduras, solo dos. Esto nos ahorra tener que colocar una y otra vez el inventario como si del Tetris se tratase. De manera que restando importancia a la gestión de los objetos, todo se hace más cómodo, y no tendremos que detener la acción continuamente para ordenar el inventario.

Otro cambio destacable es la eliminación de los pergaminos de identificación y de portales. Cada vez que queramos volver a la ciudad bastará con hacer click en la habilidad de portal, que no tiene ni coste ni tiempo de reutilización. Lo mismo se puede decir de los pergaminos de identificación, lo cual resulta un poco raro, ya que si son infinitos, los objetos raros y de nivel superior podrían aparecer directamente identificados. Puede que sea un guiño a otro de los elementos típicos de la franquicia.

Una de las mayores novedades que introduce el juego es un pequeño acercamiento al «crafting», a la creación de objetos, algo más propio de los MMORPG, y sustituyendo así al mítico «Cubo Horádrico» de Diablo II. Un herrero y un joyero nos esperarán en las respectivas ciudades, para enseñarnos a crear nuestros propios objetos y gemas. Si les pagamos una determinada cantidad de oro, podemos subirl de nivel para que poder fabricar mejores objetos. En el caso de herrería podremos convertir los objetos de calidad mágica o superior en materiales para crear otras piezas de equipo. Sin embargo, esto tiene un coste de oro y los encantamientos y mejoras serán aleatorias, incentivando así la creación continua.

El joyero, como era de esperar,  nos permitirá juntar varias gemas para crear una de mayor calidad. Estas pueden equiparse en las piezas de equipo que cuenten con ranuras. Y dependiendo del tipo de gema y su calidad, esta nos otorgará unos beneficios u otros.

Gracias a la herrería y joyería, el dinero es otro de los aspectos que gana varios enteros en Diablo 3. Pues no solo grandes cantidades de oro nos harán falta para ampliar nuestro alijo (un cofre que hay en las ciudades donde podemos guardar objetos), sino que también contamos con la subasta, heredada de World of Warcraft y sirviendo como ejemplo una vez más del proceso de retroalimentación que Blizzard aplica a sus juegos. Gracias a la subasta, disponible en el menú principal del juego, podremos comprar objetos cuando queramos y vender los nuestros, lo cual potencia enormemente el comercio. Sin embargo, un aspecto que ha generado polémica es que haya dos tipos de subasta: una de pago con monedas del juego y otra con dinero real. Esto se ha realizado para que Blizzard pueda controlar el mercado negro que existía en Diablo II y en su MMORPG. Puede que no guste a muchos, pero también cuenta con el incentivo de poder conseguir un dinero extra gracias al título. Indudablemente los que más horas le dediquen al título podrán obtener cierto beneficio, alargando así la vida del juego. La casa de subastas con dinero real estará disponible finalmente a partir del 16 de junio tras varios retrasos. 

 

Esencia diabólica

Al igual que su predecesor (sin contar la expansión), Diablo III cuenta con cuatro actos, los cuales van de menos a más. El primero servirá de toma de contacto. Los veteranos apreciarán las novedades mientras esbozan una sonrisa ante los numerosos guiños al primer Diablo, y los novatos verán como una adictiva propuesta se abre ante ellos. En el segundo ya estamos habituados a la mecánica, pero en el tercero y cuarto, el título alcanza sus mejores cotas de calidad: Los momentos espectaculares y épicos se suceden uno detrás de otro, el frenetismo se dispara, y el ingente bestiario saca la artillería pesada. La dificultad también aumenta y el apartado técnico muestra sus mejores galas. Las dudas que algunos podían tener antes del lanzamiento del juego han sido totalmente disipadas: es tan oscuro y adictivo como debe ser. Es Diablo en estado puro.

Terminar el juego por primera vez en su dificultad Normal nos llevará aproximadamente 15 horas si únicamente nos centramos en la historia principal y no exploramos ni realizamos eventos o misiones secundarias, superando la veintena si lo hacemos como es debido. No obstante, como todo fan de Diablo debe saber, completar el título por primera vez no es más que el principio, ya que el juego nos comienza a enseñar sus auténticas virtudes en el siguiente nivel de dificultad, Pesadilla, donde todo se complica mucho más, obteniendo como recompensa mejores objetos. Sin embargo, la cosa no queda ahí, pues luego está el también conocido nivel de dificultad Infierno, haciendo honor a su nombre, y por último está otra gran novedad y reto solo al alcance de los más habilidosos, Averno, el cuarto nivel de dificultad. Aquí los enemigos tendrán mucho más nivel que nosotros (en esta ocasión no podremos superar el nivel 60, nivel en el que desbloquearemos el bonificador «Valor de Nefalem», el cual aumentará enormemente nuestra probabilidad de encontrar objetos mágicos y oro).

Afortunadamente, y al contrario que Diablo II, si morimos no perderemos puntos de experiencia, sino únicamente el 10% de la durabilidad de nuestros objetos. Pero no creáis que esto se volverá un paseo, pues creednos cuando os decimos que moriréis muchas veces.

Los amantes del masoquismo siempre podrán disfrutar de otro elemento exportado de Diablo II: los personajes incondicionales, los cuales tendrán muerte permanente, convirtiendo al juego en una lucha por la supervivencia.

Por último, os damos un consejo antes de que ni siquiera lo intentéis: no hay Nivel Secreto de la Vaca. No lo intentéis. En su lugar se ha incluido Whimsyshire, un mundo secreto, supercolorido y pasteloso en el que ponis, ositos y flores serán nuestros enemigos, en clara mofa a aquellos que decían que el apartado artístico de Diablo III era infantil.

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Explotando Battle.net

Disfrutar de Diablo III en solitario es algo muy entretenido, pero si jugamos con otros, las cotas de diversión se disparan. No en vano el principal motivo por el que la saga ha alcanzado una masificación tan grande es debido a su multijugador. En esta ocasión hay cambios que agradarán a todos y otros que están levantando ampollas.

Empecemos con estos últimos: La polémica necesidad de estar conectados permanentemente para jugar, ya estemos solos o con más gente.  Esto hace que siempre dependamos del estado de los servidores para echar una partida. La parte negativa de esto quedó plenamente demostrada durante los primeros días de juego: problemas de login, lag, mantenimientos… Afortunadamente la situación se ha estabilizado a día de hoy, por lo que los problemas de conexión ya son prácticamente historia. Esta polémica medida se ha debido a que Blizzard trata de evitar la piratería todo lo posible, así como buscar una comunidad más cohesionada sin que haya personajes para el juego individual y otros para el multijugador. Sin embargo, pese a la estandarización de Internet a nivel global (no es lo mismo que cuando apareció Diablo II en el 2000), las quejas no han cesado.

Otro cambio importante que ha sufrido el multijugador es que se ha reducido el número máximo de jugadores de ocho a cuatro. No creáis que esta decisión es errónea, sino todo lo contrario. El diseño de los niveles es mejor que nunca, y está ajustado a ese número de jugadores, con un número de enemigos mayor (mientras más gente entre en una partida, más duros se vuelven los monstruos, como siempre). Pese al caos que impregna constantemente la pantalla, todo será siempre muy controlable, gracias también al estandarte que portará nuestro personaje cuando juguemos con otros. Dicho estandarte puede modificarse de mil maneras diferentes, contando con numerosos patrones y diseños, siendo algunos realmente espectaculares y que solo se podrán desbloquear cumpliendo los logros del juego, algunos de ellos realmente endiablados.

Probablemente si se hubiera mantenido el número máximo de ocho jugadores con el diseño de niveles de Diablo III, no sabríamos ni donde estamos ni qué hacemos. Además, los que tengáis miedos de los ladrones y a las peleas por objetos podéis respirar tranquilos: ahora cada jugador se llevará sus propios botines de forma independiente e individual. Los objetos que encontremos solo los veremos nosotros.

Otro aspecto que ha recibido no pocas críticas es el referido al contenido PvP (Jugador contra Jugador). No está implementado de salida, sino que Blizzard sigue puliéndolo y no tiene fecha de salida definitiva en estos momentos. El objetivo es que los enfrentamientos entre jugadores se asemejen a los combates en arenas de World of Warcraft. Si bien es cierto que el PvP de Diablo siempre ha sido un extra frente al énfasis en el cooperativo, esperemos que este modo no se demore más tiempo.

Aparte de esto, tan solo comentar que el sistema de búsqueda de partidas es realmente bueno, sin ningún problema para encontrar otros jugadores, contando con el más que obvio canal de chat y listas de amigos.

 

Espléndida sencillez gráfica

Gráficamente puede que los personajes y los personajes de Diablo III no cuenten con una cantidad infinita de polígonos y gráficos y que los escenarios no sean fotorrealistas, pero no es lo que se busca en un título de estas características. Aquí lo que encontramos es un apartado gráfico a altura de lo esperable. De hecho, en pantalla seremos testigos de una ingente cantidad de efectos visuales sucediéndose a una velocidad vertiginosa y a cientos de enemigos simultáneos, todo ello sin ningún tipo de ralentización. Al mismo tiempo contamos con numerosos elementos destruibles en el escenario, animaciones fluidas y las mejores físicas de toda la saga. ¿Y por qué es un apartado gráfico esperable? Porque como suele ocurrir en los títulos de Blizzard, el objetivo es que funcione en la mayor gama de PCs y Mac posibles.

Visualmente nos encontramos ante una obra que bajo una aparente sencillez esconde momentos que sorprenderán a muchos, como la entrada inicial en la ciudad de Caldeum, con unos fondos que nos muestran la bulliciosa vida de la urbe, o la nueva recreación del Infierno. Tampoco podemos olvidarnos de las secuencias de vídeo generadas por ordenador que aparecen entre acto y acto, donde uno se pregunta por enésima vez por qué Blizzard no se dedica también a la creación de películas animadas por ordenador, puesto que algunos de los mejores vídeos CG jamás hechos se encuentran en este título.

El apartado sonoro no se queda rezagado, y vuelve a cumplir esa función ambiental que ha tenido siempre en la saga, compaginando nuevas canciones con revisiones de temas clásicos. Todo ello unido a unos efectos sonoros de gran calidad y nitidez y un doblaje al castellano lleno de voces reconocibles en otras producciones de la compañía.

 El mal vuelve a ganar

Diablo III nos ha conquistado y Blizzard lo ha vuelto a conseguir. La espera de doce años ha merecido la pena, pues el Señor del Terror regresa con las cotas de adicción, calidad y diversión habituales. Se ha tomado la jugabilidad típica de la franquicia, basada en la máxima «fácil de aprender, difícil de dominar», y se le ha aportado una serie de cambios destinados a aumentar el dinamismo. Puede que estos cambios no gusten a los fans más conservadores, pues seguramente estos hubiesen preferido más complejidad pese a ralentizar el ritmo de juego.

Al igual que ocurrió con su predecesor, Diablo III es un juego que hay que probar por lo menos una vez en la vida, pese a las polémicas surgidas en torno a la conexión a Internet. Se trata del título más importante que los compatibles han recibido este año (con permiso de Max Payne 3), y el que más rápidamente se ha vendido en la historia de los ordenadores. La cruzada contra el Infierno ha vuelto a empezar.  

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A favor:

  • Mantiene las señas distintivas de sus predecesores y les añade aún más dinamismo.
  • Duración casi infinita gracias a sus modos de dificultad.
  • El sistema de runas proporciona enormes posibilidades jugables.
  • Cinco clases que perfeccionan a las anteriores.
  • Un cooperativo épico y desafiante.
  • La introducción de la casa de subastas y de las profesiones.
  • Apartado técnico y sonoro brillantes a la par que asequibles con una amplia gama de ordenadores.

En contra:

  • La polémica surgida en torno a la conexión permanente a Internet y sus cuelgues iniciales.
  • La falta del modo PvP y de la casa de subastas por dinero hasta el parche que los introduzca.

 [Nota]