Un estudio tocado por la magia

Volvemos a la sección más retro de Tallon4 tras la resaca del E3. Y qué mejor manera de hacerlo que rindiendo tributo a uno de esos estudios cuyos títulos siempre han sido sinónimo de originalidad gracias a unas altísimas credenciales, especialmente en lo que al beat’ m ‘up se refiere. Estamos hablando ni más ni menos que del estudio Clover, capitaneado por ni más ni menos que Shinji Mikami, Atsushi Inaba y Hideki Kamiya, auténticas cabezas pensantes en Capcom durante años.

Fundado en 2004 en el seno de la compañía de Ryu y Megaman, la breve pero intensa andadura del estudio nos ha legado joyas como la franquicia Viewtiful Joe (con una secuela numérica y otras tantas para Nintendo DS y PSP), el preciosista Okami (Playstation 2, Wii) y el título que hoy nos ocupa, God Hand (Playstation 2).

Desgraciadamente, tras terminar el desarrollo de este último en 2006, una reunión de directivos de Capcom acordó la disolución del estudio, obteniendo todas las propiedades intelectuales de Clover, así como el derecho a realizar futuras secuelas. No obstante, este no sería el fin de tan ilustres desarrolladores, pues como todos sabemos, a día de hoy forman parte de Platinum Games, uno de los estudios más queridos del sector, apostando siempre por una jugabilidad arcade y desenfadada, como bien podemos observar en joyas como MadWorld, Bayonetta o Vanquish. Sin embargo, esa es otra historia.

Mamporros de serie B

¿Cómo podríamos definir la última obra de Clover en  pocas líneas? Ni más ni menos que de la siguiente manera: God Hand es un beat’ m ‘up 3D que recoge todo lo grande de clásicos como Cadillacs & Dinosaurs, Final Fight o Streets of Rage y le añade un tufillo a serie B que deja en pañales a sus antecesores.

Este aroma desprendido por el juego, junto con otros elementos que mencionaremos posteriormente, encumbró al título a esa especial categoría de juegos que dividen irremisiblemente tanto a usuarios como a crítica: siendo amado incondicionalmente por unos mientras que otros no pueden ni verlo. No hay medias tintas. Mientras que algunas publicaciones encumbraron al título a lo más alto, otras como la conocida IGN no dudaron en defenestrar el título, otorgándole una de las notas más bajas en su historia.

También hay que tener en cuenta que en 2006, el beat’ m ‘up aún estaba despertando de su letargo tras varios años en barbecho, alejado de la grandeza que alcanzó en los salones recreativos a finales de los ochenta y principios de los noventa. Y eso es algo que muchos no supieron apreciar hace seis años, convirtiendo a God Hand en un incomprendido cuyo único pecado es ofrecernos acción constante machacabotones y numerosos enemigos a derrotar.

Como buen brawler, nos encontramos ante un guión prácticamente inexistente, que simplemente sirve para crear un marco narrativo, ambientación y justificación del nombre del juego. En un mundo postapocalíptico que guarda numerosas reminiscencias con el spaguetti-western, Gene, un joven excursionista, posee un misterioso artefacto que sustituye a su recién perdido brazo derecho: el God Hand, brazo con poderes más allá de la comprensión humana que le permite enfrentarse a miríadas de bandidos y pandilleros que quieren hacerse con él. Aunque no solo tendremos que enfrentarnos a los clásicos moteros, punkis y gordos que pueblan este tipo de ambientaciones, sino también a hordas de demonios, capitaneados por una camarilla de lo más peculiar: Elvis, diablo mexicano con obesidad mórbida y que siempre termina sus frases con un «pendejo» o «cabrón», Shannon, súcubo cuyo objetivo es convertirnos en su esclavo sexual, Belze, al que podríamos definir como un «Don Vito Corleone surgido del Infierno», y Azel, un misterioso humano aliado con ellos que posee el Devil Hand, contrapartida al brazo de Gene. El objetivo de estos cuatro es ni más ni menos que despertar a Angra, una antigua deidad para que destruya al mundo. Y esa es toda la historia que necesitamos para embarcarnos en esta odisea de artes marciales, chistes malos y personajes estrafalarios.

Homenajeando a sus raíces

God Hand consta de ocho etapas, cada una de ellas estructurada en varias zonas de diferente extensión, con un diseño muy fiel a los pilares del género. Es decir, visitaremos diferentes escenarios temáticos (un pueblo sacado de una película de Sergio Leone, un circo, un complejo industrial, un templo dedicado a las artes marciales…) con enemigos muy diferenciados y sub-bosses de lo más variopinto (un grupo de hermanos travestis, strippers que nos convierten en perro, un gorila con complejo de luchador mexicano, una panda de rockeros zombis, Power Rangers con enanismo…) con el único objetivo de avanzar y eliminar a todo lo que se cruce en nuestro camino, sin ningún tipo de mezcla con otros géneros o variedad en su desarrollo, algo que puede echar atrás a los que busquen algo más. Los puzzles son anecdóticos, simples y tienden a resolverse mediante la clásica técnica de aporrear los botones del mando.

Sin embargo, la auténtica «chicha» de God Hand reside en su sistema de combate, el cual nos permite configurar a nuestro Kenshiro de pacotilla de múltiples maneras. Tan solo podremos equiparle con un número determinado de golpes en cada zona, contando con un centenar de ataques, tanto con los puños como con las piernas, golpes en carrera, agarres, etc. Según vayamos avanzando en el juego, podremos gastar el oro que dejan los enemigos al morir en desbloquear nuevas técnicas, creando un sistema de combate totalmente personalizable en función de nuestras preferencias, pues algunos movimientos poseen habilidades especiales, como romper la guardia del enemigo o lanzarlos disparados contra una pared.

Sin embargo, esta accesibilidad no implica que el título sea fácil, ni mucho menos. La dificultad «normal» está muy por encima de la media actual, debido principalmente a la contundencia y velocidad de los enemigos, a lo que si sumamos una IA sorprendentemente inteligente junto con una cantidad de enemigos en pantalla elevada obtendremos una desafiante experiencia de juego destinada especialmente a los más veteranos del lugar.

Por eso mismo, si queremos sobrevivir en God Hand, tendremos que aprender desde un principio no solo a golpear, sino también a esquivar. Únicamente controlando el tempo y las rutinas de los enemigos podremos salir airosos de unos combates que no realizan concesión ninguna ante el más mínimo error, especialmente ante los jefes finales.

La guinda al sistema de combate la pone el propio poder que Gene alberga en su brazo derecho. El poder del God Hand se manifiesta mediante una «ruleta» que ralentiza el tiempo para que escojamos el movimiento especial deseado, y también a través de una barra de energía que se recarga según vamos eliminando enemigos. Esta barra nos permite entrar en un estado de invulnerabilidad temporal que además potenciará todos nuestros ataques durante unos segundos. Todo ello mientras suena una música ranchera de lo más peculiar.

Por último, y como es habitual en el género, contamos con los siempre habituales objetos de recuperación en forma de comida y frutas, potenciadores como revistas eróticas que recargarán nuestra ruleta y barra de God Hand, armas cuerpo a cuerpo (katanas, martillos, tablones de madera, barriles…), y pobres aldeanos que nos recompensarán si les salvamos de las garras de sus captores.

Un pequeño descanso

En God Hand hay vida más allá de la historia principal. Cada vez que superemos una zona se nos permitirá guardar la partida, momento en el que podremos también visitar la tienda de técnicas y el casino del juego. En este último no solo podremos jugar a clásicos como el blackjack o el poker, sino también a minijuegos más propios de (parafraseando a las fases bonus de Bayonetta), «las calenturientas mentes de Platinum Games/Clover«: Carreras de chihuahuas rabiosos, más de cincuenta desafíos de combate con una dificultad extrema, la posibilidad de entrenarnos con una parodia de Mokujin de Tekken, agredir a las azafatas del casino y enfrentarnos a la ira de los porteros a la vez que conseguimos jugosas recompensas como oro, técnicas secretas o aumentos de las barras de vida y del God Hand… Lo cierto es que podemos pasar horas y horas en el casino sin que nos demos cuenta, consiguiendo que la duración de nuestra primera partida de God Hand oscile entre las 20-25 horas.

Un apartado técnico mejorable

Hasta ahora no hemos dudado en alabar las virtudes de God Hand, sin embargo, a nivel técnico no parece en absoluto un título perteneciente al último ciclo de vida de la 128 bits de Sony. Salvo contadas excepciones, el apartado gráfico no es nada brillante, y aunque con el transcurso del juego nos acostumbraremos al mismo, nuestra primera sensación será algo negativa, pues los fallos de colisiones con elementos del escenario  junto con las puertas y ventanas «que desaparecen» abundan por doquier en los primeros niveles. También la cámara puede jugarnos algunas malas pasadas en ciertas ocasiones, puesto que no es fija, y siempre estará situada justo detrás de Gene, dejándonos vendidos en ocasiones ante los enemigos que se encuentran en la retaguardia.

No obstante, conociendo a las mentes detrás del título, puede que nos encontremos ante una broma más que busca demostrar ese aire de producción de «bajo presupuesto», casi como las películas y juegos clásicos a los que homenajea. Aún siendo así, esta broma no sentará bien a más de uno.

Por otra parte, el apartado sonoro mejora bastante, con melodías acertadas que se adaptan al ritmo de juego, siendo realmente memorables los temas de algunos jefes finales. Aún así, como no podía ser de otra manera, también contamos con melodías muy extrañas que chocan con el plano artístico del juego. Una vez más la última palabra queda en manos del jugador, para decidir si le convencen o si le resultan aberrantes. No hay medias tintas.

Conclusiones

Poco más podemos decir de God Hand. Se trata de un título que se mantiene fiel a las raíces de su género, con una jugabilidad muy clásica y cuyos puntos novedosos se encuentran en el sistema de combate, su larga duración y su dificultad. Sin duda alguna es un título al que debería darse una oportunidad con poco que os guste el género de los «yo contra el barrio». Otra cosa es que su peculiar sentido del humor y tono paródico sea de vuestro agrado, por lo que tampoco es de extrañar que con el paso de los años haya adquirido el apelativo de «juego de culto». Gracias a la reedición de juegos clásicos de Playstation 2, tenéis disponible en la Store de Playstation 3 la última obra del estudio Clover al precio de 9,99€.

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