Japón es un lugar muy diferente a los países accidentales en todas sus facetas. Es una isla con una cultura fuerte que nunca ha sido colonizada por fuerzas externas, siendo Tailandia el único país oriental que comparte este aspecto. En el periodo sobre el año 220, llamado Sakoku (Pais Encantado), Japón estaba completamente cerrado al mundo exterior, algo que ayudó a acrecentar su cultura y convertirlo en un mundo diferente en todos los aspectos culturales, religiosos y sociales.

Uno de esos aspectos únicos en Japón ha sido siempre su punto de vista, un tanto romántico, sobre el suicidio (algo que desde luego no compartimos los occidentales, ni los redactores de Tallon4… ¡que conste!). El suicidio, conocido como shinju, o la ceremonia del seppuku (también conocido como harakiri), era el ritual del auto-destripamiento, una parte importante del código estricto del budismo en Japón.

 

 

Por otra parte, los japoneses arrastran de esos años de aislamiento una obligación moral muy fuerte con lo que “se debe” hacer en cada momento y la obligación de “seguir el camino marcado”, una ideología proveniente del sintoísmo.

La combinación de estos dos aspectos es una explicación muy válida de la cultura del suicidio, que aún en estos días es tan popular en Japón cuando no se puede realizar un acto que, moralmente o por obligación social, se debería de hacer (en el caso de un padre no poder pagar la boda de su hija, de un asalariado hacer perder mucho dinero a su empresa, o de un estudiante no aprobar un examen muy importante, como el de acceso a la universidad).

El ejemplo más famoso e histórico sobre esto es la leyenda de los 47 rōnin, los 47 samuráis sin señor, que después de casi dos años de planificación acabaron con la vida del responsable de la muerte de su maestro. Una vez llevaron a cabo su venganza se entregaron a la justicia llamado el shogunato de castigo y fueron condenados a realizarse el seppuku a sí mismos. Actualmente sus cenizas reposan en el Templo de Sengakuji de Tokyo.

 

 

Esta historia muestra la lealtad, sacrificio, persistencia y el honor que las buenas personas deben preservar en su vida diaria, por eso el hecho que se haya popularizado tanto en Japón.