umibozu-1 El temor y la curiosidad por el mar es común entre los seres humanos. Ahora, con las tecnologías actuales, podemos conocer mejor qué se oculta bajo el inmenso manto de agua que cubre el 70% del planeta, pero antiguamente no había forma de saber qué escondía la oscuridad de las aguas. Sin embargo, el hombre ha tenido que sobrevivir mucho tiempo sobre esas aguas, temeroso de poder llegar a puerto sano y salvo. Las mareas, tormentas, olas gigantes o monstruos marinos eran algunas de sus mayores preocupaciones.

Si esto lo situamos en el contexto del antiguo Japón, la situación no solo no varía, sino que se agravia más si cabe. Un país rodeado de mar, donde existen muchos archipiélagos e islas menores, y que además es sacudido constantemente por terremotostsunamis, incomprensibles en la mente de los japoneses de épocas más lejanas. Sería muy raro si los yokais no tuvieran cabida en esta historia. Y vaya si la tienen, en concreto un enorme yokai llamado UmiBôzu.

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El Umibôzu es un enorme yokai que vivía en los mares. Se describe como un gigante de más de 10 metros de altura, totalmente negro y viscoso, sin boca, sin nariz y con dos ojos inexpresivos. Con extremidades serpenteantes capaces de partir grandes barcos por la mitad y hacerlos zozobrar. El nombre de este yokai está compuesto por dos palabras con significados propios: «Umi«, que significa mar, y «Bouzo«, palabra japonesa usada para llamar a los monjes budistas. De hecho, el Umibôzu recuerda mucho a estos monjes, pues es calvo como una bola de billar.

Se dice que el Umibôzu es el responsable de los tsunamis y las tormentas en el mar, y que en días tranquilos se aparece a las tripulaciones de los barcos para llevárselos mar adentro. Pero existe más de una forma forma de evitar la desgracia cuando esto sucede. La primera es evitar mirarle hasta que se calme y se va. La otra está basada en una derivación de la leyenda, la cual dice que el Umibôzu pide un barril para llenarlo de agua y en él ahoga a la tripulación de uno en uno, pero basta con darle un barril sin fondo para no lo logre nunca.

Pero Japón no es el único país que transforma a sus monjes en monstruos, pues en Dinamarca, allá por el año 1540, se encontró el cadáver de un animal no identificado, que se popularizó con el nombre de See-Monk o Monk-fish, y del cual pronto se construyó toda una leyenda a su alrededor.

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En España, por el momento, aún no tenemos ningún cura malvado haciendo de las suyas en el mar, aunque en tierra firme tenemos unos cuantos a los que podríamos regalar un billete para un largo crucero.

 

BibliografíaYokai, Monstruos y Fantasmas en Japón

Gracias a: Editorial Satori