Bioshock fue una de las mayores sorpresas, sino la que más, de esta agonizante generación de consolas. Gracias a su cuidada ambientación, con unas excelsas bandas sonoras, localizaciones e historia, el juego de Irrational Games consiguió cautivar apabullantemente a los usuarios que buscábamos algo más en un shooter que pegar tiros y avanzar indiscriminadamente. Gracias a todo eso, Rapture y sus descerebrados habitantes se hicieron un lugar en nuestros mejores recuerdos videojueguiles, dejando el listón muy alto para futuros sucesores.

Unos cuantos años después, 2K Games e Irrational Games vuelven a la carga con Bioshock Infinite, una secuela espiritual que conserva la esencia de la saga Bioshock, añadiendo algunos cambios jugables y de ambientación que sorprenderán sin duda a los seguidores de la saga. ¿Te vienes al cielo con nosotros?

 

La llegada de Booker DeWitt a Columbia

Bioshock Infinite comienza como sus secuelas espirituales: en el mar. A bordo de un pequeño bote con dirección a un misterioso faro en medio de la nada encarnaremos a Booker DeWitt, un hombre que deberá saldar una antigua deuda rescatando a una misteriosa mujer de Columbia, una ciudad tremendamente inexpugnable debido a que tan solo unos pocos hombres conocen su localización. 

Omitiendo diferentes detalles que deberéis descubrir y vivir por vosotros mismos, la llegada a Columbia es sencillamente impresionante. Y es que ver una metrópolis voladora, con infinidad de dirigibles y edificios que van cambiando de localización a través de las nubes es algo impactante, y más cuando dispone de tal lujo de detalle y de tanto mimo. Además, el doblaje al español del juego está a un nivel muy alto, y su banda sonora sigue siendo impagable, creando así una combinación ganadora audiovisual muy difícil de superar.


 

Os recomendamos una cosa, cuando comencéis vuestra andadura por Columbia paráos en cada rincón y comprobad los detalles minimalistas que albergan las estancias y sus exteriores, ya que pocas veces habréis visto tal nivel de detalle en un juego. Sé que las ganas por avanzar en la trama y comenzar a pegar tiros van a ser imparables, pero no dejéis pasar la oportunidad de disfrutar del juego como se merece.


De Rapture a Columbia

Ya nos lo dijo Drew Holmes en la entrevista que le realizamos después de probar el juego: “Rapture era una utopía en decadencia, pero Columbia es una utopía que ha llegado a su colapso. Es una ciudad que parece idílica, pero en el ambiente se respira oscuridad y maldad”. Esas palabras toman sentido nada más comenzar a andar por los exteriores de la ciudad,donde vemos a la gente disfrutar de su vida de una manera despreocupada y jovial. Poco se asemeja de la Rapture que conocíamos en los dos primeros juegos, donde la mugre y la sangre reinaban en un ambiente dominado por los Splicers adictos al Adam, ya que aquí la personas y las instalaciones parecen mejores que las que te muestran en un anuncio de Marina d’or. Pero como nos avisó Drew, no es oro todo lo que reluce, y al poco de comenzar nuestra búsqueda de Elizabeth, al misteriosa mujer que tenemos que rescatar, veremos pruebas del extremismo más radical en temas religiosos, de desigualdad social o de racismo. Y es que recordemos, el juego está ambientado en 1912 y el creador de Columbia, el llamado padre Comstock, es un extremista con carisma que ha inculcado unos valores tremendamente lamentables a la ciudad.

Con este tipo de gente y sus convicciones juega muchísimo la historia de Bioshock Infinite, ya que habrá momentos en el que el juego nos hará tomar decisiones que nos harán seguir o traicionar nuestros ideales. No esperéis que estas tengan un impacto directo en la historia del juego, ya que su finalidad es la de plantearnos dilemas morales más que en cambiar la jugabilidad o la trama.

De la misma forma que Rapture, Columbia dispone también de una historia que iremos conociendo según vayamos jugando e investigando. Habrá diferentes grabaciones, kinetoscopios y películas de vídeo que nos contarán hechos históricos y vivencias, además de conocer algunas de ellas de la boca de muchos de los habitantes de la ciudad. Como en anteriores juegos, mucha de la información estará oculta en lugares escondidos o de difícil acceso, por lo que si queremos saberlo todo sobre la ciudad voladora, antes nos lo vamos a tener que currar.


El placer de moverse por el cielo

Pasemos pues a la jugabilidad, una parte que tuvo gran parte de culpa de que los dos primeros juegos hayan sido dos de los mejores shooters de esta generación. Esta se sustentaba en combinar armas de fuego con los temibles plásmidos, unos poderes que nos hacían ser creativos a la hora de asesinar y que habrían un tremendo abanico de opciones de cara al jugador. Como era de esperar, todo esto sigue igual en Infinite, salvo que ahora los plásmidos se llaman vigorizantes y que tienen diferentes características y habilidades. Por ejemplo, en nuestra partida pudimos probar 3 tipos de vigorizantes: uno que incineraba a los enemigos, otro que pirateaba las máquinas para volverlas de nuestro bando, y un último que lanzaba una tormenta de cuervos que destrozaban a picotazos a nuestros oponentes -este fue nuestro favorito-. Lo bueno de los vigorizantes es que pueden tener varias formas de ser utilizados, como por ejemplo el de fuego, que nos permitía lanzar una bola abrasadora a nuestro enemigo o dejar una mina de fuego que explotaba cuando nuestro rival se aproximaba a ella. Con todo esto, las opciones tácticas se incrementan de forma exponencial, transformando los momentos de tiroteos en una divertida poesía de violencia y creatividad.


 

Pero no solo los vigorizadores son una gran novedad en Bioshock Infinite, ya que desde el principio de nuestra aventura dispondremos también del Sky-Hook, un garfio que nos hará transportarnos por los railes que comunican entre sí los edificios de Columbia, y que será también una terrible arma que nos permitirá atacar a los enemigos desde las alturas y asestar devastadores ataques cuerpo a cuerpo. Los momentos en los que estamos colgados de las alturas y podemos ver a nuestros pies el escenario y la localización de los enemigos son también muy divertidos, recordando en ocasiones a la experiencia que otorgan títulos como Dishonored o Assassin’s Creed, dotando así al juego de una gran variedad táctica al combate.


Elizabeth

Como en el mejor de los postres, la guinda hay que reservarla para el final, y eso es lo que hemos hecho en este análisis. Y es que Elizabeth, personaje femenino que tendremos que rescatar y que será nuestra compañera en gran parte de nuestra aventura, se hace querer de forma increíble nada más conocerla. Como antes voy a omitir todo detalle posible en parte de narrativa, ya que no quiero fastidiaros nada del juego por error, por lo que me centraré en explicar el porqué Elizabeth me parece un personaje tan especial.

Lo primero que hay que destacar es un expresividad. Cualquier rasgo se refleja de forma detalladísima en su cara, trasmitiendo tristeza, sorpresa, enfado y miedo de forma impecable. Además, conocer el mundo de su mano es muy especial, ya que ninguno de nosotros, ni ella ni el jugador, hemos estado jamás en Columbia, por lo que sencillamente fantástico ir de punta a punta descubriendo lugares y ver sus reacciones y comentarios. Dos de sus mejores características, como son su interacción en el combate y el uso de sus poderes, no los pudimos probar por falta de tiempo, pero si lo que nos han afirmado es la mitad de bueno que el resultado final, va a ser una experiencia tremendamente gratificante.


 

Todas estos detalles hacen que acabemos teniendo un vínculo especial con ella y que le cojamos aprecio. También que queramos protegerla, salvarla y ayudarla a ver el mundo que tanto tiempo le ha sido arrebatado, algo que nos hará meternos en el juego a un nivel que pocos juegos consiguen. ¡Ah! Para los que estéis preocupados por la reducción de pecho que sufrió el personaje ya podéis respirar tranquilos, la chica sigue teniendo dos buenas razones para ser nuestra compañera.


Conclusión

En las dos horas que he podido jugar al juego he de decir que no ha habido nada que no me haya gustado. Esto es prematuro, ya que no se puede sacar un veredicto de algo sin haberlo terminado, pero lo cierto es que la obra de Irrational Games huele a GOTY en cada uno de sus apartados. Tanto combates, gráficos, sonido, historia y el personaje de Elizabeth rayan a un nivel sobresaliente, y creo que es difícil que en el resto del juego pueda encontrar una mancha que emborrone tal experiencia jugable.

En definitiva, Bioshock Infinite nos traslada al mismo cielo, no solo por la localización de Columbia, sino porque allí es donde se encuentran las obras maestras.

Podéis leer la entrevista que le hicimos el pasado viernes a Drew Holmes haciendo click en este enlace.