hashima-tallon4-000

A 20 kilómetros mar adentro desde la costa de Nagasaki, al sur de Japón, avistamos una pequeña extensión de tierra en medio del mar. Se alza a lo largo de todo su perímetro una gran barrera de hormigón que junto con un skyline crea una ilusión óptica asemejándola a un barco de guerra, por ese motivo es también conocida con ese nombre, o su traducción japonesa “Gunkanjima”, estamos hablando de la isla fantasma de Hashima.

En la actualidad Hashima está totalmente deshabitada.. Sus edificios de hormigón son presa de la humedad y el abandono, así como sus calles e infraestructuras  que ofrecen una imagen fantasmal de todo el entorno, escalofriantemente similar al aspecto que presentan los edificios de la radioactiva ciudad de Pripia, en Chernóbil.

hashima-001

Pero Hashima no siempre tuvo este aspecto, en 1890 la multinacional Mitsubishi compró la isla por 100,000 yenes (menos de  800 euros) para perforar en ella y extraer carbón. Así fue como trasladó a sus trabajadores y los edificios fueron habitados de nuevo.

Hashima, de apenas 480 metros de largo y 150 de ancho, tuvo que ganar espacio al mar, consiguiendo expandirse hasta llegar a medir poco más de 1 kilómetro cuadrado.

hashima-tallon4-003

El complejo minero comenzó a crecer y con ello su población, albergando cada vez a más mineros debido a la gran demanda de explotación. Junto con los mineros también se trasladaron sus familias, llegando en 1959 a alcanzar una densidad de población de 139.100 personas/km² en la zona residencial, un récord histórico en tan minúsculo peñón.

Pero en una zona tan deprimente y aislada la vida no era sencilla ni placentera.

Unos 1300 trabajadores murieron como causa de accidentes laborales, otros tantos por las enfermedades o la malnutrición, y algunos presa del cansancio y la mala mar cuando se lanzaban a las aguas intentando escapar y llegar a tierra firma a nado. Se dice que todas esas almas atormentadas aún vagan por Hashima en busca de una salida.

hashima-tallon4-004

Para contentar a la población ante la precariedad y los bajos ánimos, y así ofrecerles comodidades y entretenimiento, se construyeron parques infantiles, un gimnasio, cines, bares, restaurantes, tiendas, un hospital, una escuela, un templo budista y hasta un puti… una casa de citas… todo ello en poco más de un kilómetro cuadrado, en el que además, se dio permiso para la conducción de vehículos.

Pero de nuevo el futuro dio un revés a tan castigada isla, (o un descanso según como se vea), pues a finales de los 60 Japón comenzó a utilizar petróleo, la demanda de carbón cayó drásticamente y la supervivencia económica de Hashima se hizo inviable. Así fue como en 1974 se clausuró el complejo y todos sus habitantes fueron “invitados” a dejar sus casas y sus pertenencias, debido al deficiente transporte organizado, que no ofrecía suficiente espacio para llevar los recuerdos acumulados con el tiempo en el que hasta hace poco era su hogar.

hashima-tallon4-005

Tras ser abandonadas casas quedaron tal y como estaban cuando sus dueños las habitaban, y el tiempo se detuvo de nuevo en la isla fantasma.

Como consecuencia del abandono los edificios de hormigón han sido expuestos a la humedad y el impacto climatológico, como la lluvia, el viento o la nieve. Estos efectos están siendo estudiados y monitorizados para conocer mejor el impacto que causan en su estructura cuando no tienen un mantenimiento por parte de seres humanos.

También se organizan rutas y excursiones guiadas por la isla, aunque según algunas fuentes a más de uno pueden decepcionarle un poco ya que debido a las fuertes medidas de seguridad por el posible desplome de alguno de los edificios y suelos de la isla, en las visitas solo de pasa por pocas y delimitadas zonas.

Y vosotros viajeros insaciables de lo sobrenatural y misterioso… ¿la tenéis marcada en el mapa para visitarla este verano?

 Este trabajo es obra del esfuerzo de su autor y todo uso fuera de Tallon4 ha de tener el permiso del mismo. Si estás pensando en usarlo en un blog o foro, ruego nos lo comuniques o nos pongas como fuente.