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Hoy, 25 de mayo, como todos ya sabréis es el día del orgullo friki. En toda España se están realizando pequeños encuentros para que la gente de la comunidad friki se encuentre y celebre abiertamente sus tendencias, sin miedo al rechazo ni lugar a la vergüenza.

En Barcelona, la comunidad ha organizado un encuentro a las 11 de la mañana en Arco del Triumfo, zona en la que se encuentran agrupadas una buena cantidad de tiendas de cómic, manga, videojuegos, rol y ropa lolita, además de la tienda física de Norma Editorial.

Tallon4 no podía faltar a esta cita, como web y como frikis acabados que somos todos, ya sea en uno u otro aspecto ^_^ Pero antes de mostráros la crónica en imágenes repasemos un poco, ¿alguien sabe sabe por qué precisamente el 25 de mayo es el día del orgullo friki? Hagamos un «retrospectec»

«El Día del Orgullo Friki fue en el año 2006, cuando el conocido bloguero Señor Buebo organizó a través de la red la primera quedada friki. La fecha elegida para ello: el 25 mayo. Pero esto no es simple casualidad, pues Señor Buebo era muy sabio y lo hizo coincidir con el día en el que se estrenó La Guerra de las Galaxias en el año 1977, así como el llamado Día de la Toalla, en el que se homenajea a Douglas Adams y su obra La guía del autoestopista galáctico

Una vez queda claro el origen pasemos a lo que nos atañe: la actualidad.

La reportera de Tallon4 se ha unido al grupo friki de la quedada barcelonesa sobre el medio día. Sabíamos que el punto de encuentro inicial era Arco del Triunfo, y que lo primero que estaba previsto era una larga jornada de compras en las tiendas frikis de los alrededores, que no son pocas. Así que nada más salir del metro fuimos directos a las tiendas más importantes de la zona a ver si nos encontrábamos con nuestro grupo, que no podía ser difícil de distinguir.

Mmmmm….. En Norma Comics no parecían estar. Además, lucia extrañamente vacía para las horas que eran.

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En Alien el 8º Coleccionista y Freaks tampoco había ni un alma.

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Ni en Madame Chocolat, lugar de culto por excelencia de las lolitas de Barcelona.

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Cada vez era más raro, la zona parecía inquietantemente tranquila, cuando un sábado a cualquier hora es un bullicio de gente que vienen y van cargados con bolsas.

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Cámara en mano nos dispusimos a bajar por el paseo de Arco del Triunfo hasta llegar al parque de la Ciudadela, donde sabíamos que el grupo tenía pensado acomodarse y celebrar un gran friki-picnic.

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Parece que nos vamos aproximando.

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Cada vez debemos estar más cerca.

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¡Bingo! ¡Los encontramos!

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Entre tanta gente había de todas clases y condiciones, con diferentes gustos, edades, color de piel, sexo, nacionalidad, etc… todos en un mismo ambiente festivo y desenfadado, celebrando por encima de todo su afición y poderla compartir de esa forma tan abierta con el resto del grupo, pues aunque muchos no se conocían, el buen rollo que se respiraba entre todos era sencillamente genial, sobre todo en estos tiempos que corren de envidias y enfados constantes.

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La diversión era más que evidente.

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¡Hombre! Unos compañeros de profesión… y afición 🙂

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El buen rollo que se respiraba en toda la zona era más que evidente, y muy contagioso.

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Después de un rato disfrutando de ese buen ambiente con los frikis de Barcelona emprendimos el camino de regreso al metro, y a la redacción. Mientras llegábamos comprobamos que pequeños grupos de gente paseaba por la ciudad, cada uno celebrando el día a su manera, en su individualismo pero siempre de una forma festiva y sin molestar, ni importunar a nadie.

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Nosotros también nos pensamos que lo debíamos celebrar de la nuestra.

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¿Os gusta nuestra cena? ^_^

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Todo esto puede parecer un artículo raro y hasta ridículo para más de uno, sin embargo, yo aprendí una gran lección de camino a la redacción para prepararlo. En el convoy del metro, mientras esperaba a que llegara mi parada, una madre entró con dos niños de unos 7 o 8 años. Ella sin mucho interés los dejó hacer, y los niños empezaron a subirse por todas las barandillas, poniéndose en peligro ellos, gritando, molestando y hasta pagando algún codazo al moverse tanto a la gente de los alrededores. La madre lejos de preocuparse, avergonzarse del alboroto o sentirse abochornada por las duras miradas de las personas del vagón, les miró con orgullo cuando la gente se apartó de su lado por las molestias que causaban.

Aunque parezca un hecho aislado, este tipo de conductas son cada vez más habituales en nuestra sociedad, donde parece que la educación y el respeto son cualidades escasas, perseguidas y en peligro de extinción. Por eso me siento muy orgullosa cuando veo a un grupo de frikis disfrutando de su afición. Sí, a menudo son quinceañeros con las hormonas a mil y por lo tanto un tanto alocados, pero siempre celebran su afición sin importunar y sin molestar a quienes les rodean. Podemos ir vestidos raros, hablar de cosas sin sentido y gastar todos nuestros ahorros en una afición que muchos consideran absurda, ¡incluso disfrazarnos por la calle! Pero a aquellos que nos llaman frikis como un insulto, como algo de lo que deberíamos de avergonzarnos, son precisamente los que más deberían de mirarse en el espejo y ver sus propias vergüenzas.

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