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Viernes por la tarde. El colegio ha terminado y comienza el mejor momento de la semana para un crío de 9-10 años. Un grupo de amigos me llama corriendo para que vaya al salón de juegos recreativos de mi barrio. Dicen :«Carlos, ha llegado una nueva máquina de esas de guantazos que tanto te gustan». «¡Tiene dinosaurios!» «¡Hay gente que explota en pedazos!». Ante semejantes argumentos de peso, ese niño estrafalario que ya era por aquel entonces, coge un par de monedas de cinco duros y se lanza corriendo hacia la máquina en cuestión. Su nombre es Cadillacs and Dinosaurs y está entre mis cinco juegos favoritos de todos los tiempos.

Para muchos, puede tratarse de juegos muy pueriles y simples, pero los beat’ m ‘up me han causado fascinación desde siempre. Ese instintivo sentimiento de querer solucionar todo a la antigua usanza, a guantazos o mediante la «ley del plomo», es algo que, para bien o para mal, no podemos llevar a cabo en la vida real sin graves repercusiones de por medio. Afortunadamente, en el mundo de los videojuegos dichas consecuencias no existen, así que desde siempre he disfrutado como un enano con odas al salvajismo como Streets of Rage, Golden Axe, Captain Commando y ya en la actualidad con genialidades como Bayonetta, No More Heroes, Madworld e incluso con los denostados Dynasty Warriors. Ya sea machacando de forma sexy a huestes de ángeles y demonios, mutilando a pandilleros o acabando con centenares de samuráis clónicos a la vez, lo cierto es que nunca digo que no a una buena ración de tollinas virtuales.

Y eso es algo de lo que teníamos en abundancia en la época de las máquinas recreativas. Capcom y Konami eran las reinas de la fiesta (quien os ha visto y quien os ve), pero la primera llevaba la batuta de forma indiscutible con títulos como el mentado Captain Commando, Final Fight o King of Dragons. Sin embargo, Cadillacs and Dinosaurs forma parte de ese grupo de indiscutibles genialidades que todo hijo de vecino debe disfrutar en su vida.

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Tardé tiempo en descubrir que el juego que venero desde pequeño estaba basado en una serie de cómics ochenteros llamados Xenozoic Tales, creados por un tal Mark Schultz, que para PC  y Mega CD apareció un juego de conducción bastante chusquero basados en los cómics, o que incluso existía una serie de dibujos animados bastante regulera y que nunca llegó a Europa. A mi todo eso no me importaba lo más mínimo. Yo con mi Cadillacs and Dinosaurs de Capcom era más que feliz.

Y es que no es para menos, porque ya desde el inicio del juego, este lograba atraparme de una forma que pocos lo han conseguido hasta día de hoy. Jack «el tío del flequillo» Tenrec, Hannah «la pechugona» Dundee, Mustapha «el primo de Chuck Norris»  y Mess «con el que nadie jugaba» O’ Bradovich comenzaban su sangrienta aventura en un rascacielo de Nueva York en el s. XXV, en un universo en el que las Torres Gemelas se mantienen intactas, los dinosaurios vuelven a caminar sobre la tierra y los pandilleros y esclavistas campan a sus anchas por el mundo. Coged Fallout, El Puño de la Estrella del Norte y Jurassic Park. Añadid un cadillac (por eso del título y tal). Metedlo en una coctelera. Agitadlo bien. Habemus juegazo.

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Como en todo buen arcade de tollinas que se precie, debiamos hacer frente a innumerables enemigos clónicos, que van desde el clásico grupo de gordos, los punkis con cresta lanzadores de cuchillos, los enanos que brincan e incordian sin parar, pasando por cameos de Blanka y otras mutaciones esperpénticas que solo podían salir de las febriles mentes de alguien que ha visto demasiadas películas de acción de la época. A ello había que sumar triceratops, pterodáctilos, velocirraptores y tiranosaurios con malas pulgas a los que había que amansar a ostiazos. Lo dicho, todo un mensaje de paz y amor a las generaciones futuras, aderezado con un toque de justicia «oldschool».

Y para aplicarla no solo contábamos con los clásicos ataques cuerpo a cuerpo. Por primera vez podíamos contar con un arsenal de armas de fuego devastador con el que reventar a todo lo que se nos cruzase por el camino: granadas, dinamita, escopetas, rifles, uzis, revólveres y bazookas se unen a los clásicos cuchillos, barriles y armas cuerpo a cuerpo del género. Todo ello aderezado con una buena dosis de gore, personajes enormes y onomatopeyas estilo cómic que le otorgan una personalidad única.

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¿Y cómo se porta en el plano jugable Cadillacs and Dinosaurs? Pues si os digo que forma equipo con esas otras joyas que son Aliens vs Predator y la dupla de Dungeons & Dragons, os podéis hacer una idea. Jugabilidad rápida y directa mediante unos controles nada ortopédicos, que mostraban el buen hacer de Capcom en el género. Su dificultad media-alta (con nivel de coche para relajarnos temporalmente) y una duración de 45-60 minutos son las guindas a un pastel de exceso retro que nunca termina de saciar a quien escribe estas lineas, volviendo constantemente a por más y más, sin importar los años que pasen.

Disfrutar de Cadillacs and Dinosaurs en la actualidad es lo más fácil del mundo. No tenéis más que descargar esa genialidad llamada MAME y su respectiva ROM, y dejaros embriagar por esta obra cumbre del género. Sorprendentemente, los muy inteligentes directivos de Capcom no han querido seguir exprimiendo una licencia que a día de hoy vale cuatro duros mal contados, por lo que si tenéis algo reparos a la hora de descargároslo de esta forma, sabed que no hay ningún problema, ya que de momento forma parte de esos programas y juegos que forman el abandonware.

Un último detalle, talonianos. Como podéis comprobar, Retromanía vuelve con fuerza tras estar un tiempo más muerta que viva. Pero no desesperéis, porque la sección hará acto de presencia en Tallon4 cada quince días, así que ya sabéis, limpiad vuestras consolas y ordenadores del año catapún, porque a más de uno le entrará la vena nostálgica tras leer la nueva y renovada Retromanía. ¡Hasta dentro de dos semanas!