La Pesadilla de los Pitufos

Uno de los mejores recuerdos de mi infancia es, sin duda, el momento en el que me regalaron mi primera consola. Game Boy Pocket (en color rosita, por supuesto) fue mi regalo de cumpleaños, acompañado de un primer cartucho de juegos: Super 8 en 1. Pronto, fueron muy habituales las visitas al estanco a comprar esos cartuchos cargados de juegos (aún hoy sigo preguntándome por qué vendían ahí los juegos de la Game Boy). Los 8 en 1 se convirtieron rápidamente en 12 en 1, 15 en 1 ó 32 en 1.

Sin embargo, esos 32 títulos que prometían en la caja eran en realidad menos de la mitad, repetidos hasta la saciedad… Sin embargo, aunque “timasen” de aquella manera, era un chollo tener tantos juegos a esos precios, comparado con la actualidad. Por ello, aún así, esos cartuchos me marcaron y, a día de hoy, saco aquella Game Boy del cajón para recordar aquellos días…

De esos viejos cartuchos hay juegos y juegazos que merecen no pasar al olvido. Títulos de Disney mezclados perfectamente con juegos de la Warner, el juego del momento de la NBA en el mismo cartucho que los de Barbie o un DuckTales escondido entre la multitud… ¡Esas cosas ya no pasan! Por ello, esta sección, llamada Super 32 en 1, servirá para recordar aquellos títulos que marcaron infancias y adolescencias de más de uno.

Super 8 en 1

Sin duda, Die Schlümpfee mi Alptraumland, o lo que es lo mismo, La Pesadilla de los Pitufos, es uno de esos juegazos. Ya no sólo porque fue mi incursión en el mundo de los videojuegos, sino porque aún me cuesta, y mucho, llegar hasta el final del juego. Para aquéllos que no habéis jugado a este título, no os asustéis. No se trata de uno de esos juegos de Los Pitufos en los que sólo importa la estética, orientados hacia el público infantil.

En La Pesadilla de los Pitufos, un pobre y solitario pitufo está en la aldea. Allí, se encontrará con varias casas, cerradas con llave, con un pozo, con un conejo y con un topo (una criatura, que no se sabe muy bien qué es hasta que llega la hora de montar encima de ella para coger una llave). El resto de pitufos están durmiendo en sus casas, con terribles pesadillas, víctimas de una maldición del malvado Gargamel.

Al entrar en la primera casa, el pitufillo se encontrará en La Cocina del Peligro, con sus dos niveles, donde descubriremos por primera vez los regalos que esconden bombas en su interior y las Hojas de Zarzaparrilla que harán saltar al protagonista muy muy muy alto (espero que muchos no tomasen el ejemplo de utilizar las hojas para ciertos fines…). También aquí habrá malvados patos-salchichas (aún hoy no he conseguido adivinar qué son estas criaturas), tenedores gigantes y pitufos poseídos.

Pitufos

En estos niveles podíamos probar por primera vez las habilidades del pitufo: saltar, moverse hacia los lados y agacharse. Sus controles y movimientos son muy simples, aunque, cada vez que nos chocábamos con una mosca, éstos se invertían. Además, este juego no sería nada sin la pose de nuestro querido protagonista, que nos enseña musculitos en cuanto pasamos de él un rato (qué recuerdos aquellos juegos en los que el personaje hacía tonterías cuando no lo manejábamos para llamar la atención).

Si no nos quedábamos absortos con tanto músculo pitufo, podíamos seguir con la aventura. Además de niveles en los que nosotros manejábamos al protagonista, son de destacar tres escenarios muy especiales, en los cuales la pantalla va acortándose y avanzando, empujando al pitufillo a seguir adelante o tirándole por los precipicios si éste no se apresuraba. En uno de ellos, cual Mario Kart, podíamos montarnos encima de un conejo que saltaba sobre las setas (ejem, entre las hojas y las setas…), en otro encima de un topo y, en el tercero, una ola gigante nos perseguía (ésta era muy cutre, saltaba a la vez que el pitufo y parecía estar puesta en un primer plano, dibujada en papel).

Volviendo a los niveles básicos, característicos de cualquier juego de plataformas, encontramos escenarios propios de cualquier título de terror (con amenazas de muerte de pitufos locos vestidos de caballeros que hoy en día serían la envidia de cualquier Survival Horror). Así, llegaría la Biblioteca del Terror, con sus tinteros asesinos, el Castillo del Terror, un Laboratorio, un planeta extraño con pitufos disfrazados de Hombre de Neandertal y un Taller, con sus herramientas incluidas.

Los Pitufos1

Ahh y nuestro pitufo sabía nadar también. ¡Ya te gustaría nadar así de bien, Edward Kenway! Además de descubrir cuál es el estilo de natación preferido de un pitufo, podíamos disfrutar de lo lindo viendo al pequeñín metido en una burbuja para volar muy alto o poniéndose alas de ángel para llegar hasta el techo.

En definitiva, La Pesadilla de los Pitufos es un juego de plataformas y aventura lo suficientemente largo y con una dificultad notable como para disfrutar de él durante días y horas (algunos le llevamos sacando provecho casi quince años). Además, posee la musiquilla más feliz del juego cada vez que morimos y perdemos una vida para consolarnos al saber que tenemos que empezar el largo escenario desde el principio.

Así, aunque se echen de menos las banderitas de mitad de nivel de Super Mario (no os imagináis cuanto), la sonrisa vuelve a nuestra cara al saber que ya queda un nivel menos para conseguir el siguiente password que nos haga no tener que empezar de cero cuando se acaben las vidas. ¡Y no vale buscar los password por Internet!

Por cierto, menuda sorpresa para aquéllos que jugamos el juego en blanco y negro al ver que este título salió más adelante para Game Boy Color (de ahí el vídeo y las fotos en color). Esperemos que os haya gustado esta sección, talonianos. ¡Nos vemos en quince días!