Astérix

Hace mucho mucho mucho tiempo, Astérix, protagonista de innumerables juegos en multitud de consolas, se embarcó en una peligrosa aventura de plataformas en Game Boy, con un nombre nada original (Astérix), en la que se enfrentaba a romanos y a jabalíes con tal de salvar a su fiel amigo Obélix. Este último había sido secuestrado por los romanos y César amenazaba con lanzarle al patio de los leones de un momento a otro…

Dispuesto a rescatar a su grandote y querido amigo, el pequeñín y delgaducho Astérix comienza su aventura en La Galia, a través de tres escenarios diferentes. Como hombre ágil que es, consigue moverse con rapidez con la cruceta derecha y el botón B, pegar fuertes puñetazos también con el B y saltar con el botón A. Sin embargo, también puede saltar y pegar puñetazos al mismo tiempo, habilidad muy útil para acabar con los pájaros al divertido grito de “¡Paf!”. ¡Esos sí que son unos controles sencillos!

Astérix

Pinchos, ascuas, jabalíes, pájaros, águilas con muelles y ¿hombres con disfraz de oso y ruedas? convirtieron a nuestro querido protagonista en alguien valiente, capaz de enfrentarse a todos los peligros. Por suerte, contaba con árboles para llegar a los sitios más altos, con estrellitas, con botijos y con llaves que le llevarían a nuevos mundos para conseguir más estrellitas. Ahh y al romper los bloques marcados con una “A” (de Astérix, por supuesto) conseguía más estrellitas para aumentar sus vidas. ¿Y he nombrado ya a los botijos y su “gran” relación con la historia?

Pero el tiempo pasaba entre tanto objeto nuevo y Astérix no podía entretenerse explorando mundo. Prueba de ello era la cuenta atrás. Si Astérix pasaba más de 120 segundos en cada nivel, perdía una de sus «preciadas» vidas, que regalaban como churros, y debía volver a empezar. Pronto comenzó a aprender, también, que no todos los jabalíes merecían morir. Algunos podían transportarle de un lugar a otro a través de los pinchos. ¡Menudo interesado!

Un escenario llegaría a su fin cuando encontrásemos una especie de catapulta, con la que Astérix volaría hasta el siguiente nivel. Sin embargo, si conseguía permanecer en el aire pulsando hacia abajo y hacia la derecha, conseguiríamos introducirnos en una plataforma inferior. Así, Astérix sería transportado a mitad del mar, donde podría conseguir todo tipo de objetos y vidas mientras pudiese mantenerse de pie encima de los barriles de madera.

Tras los primeros tres niveles de la Galia, llegarían los siguientes tres escenarios, esta vez pertenecientes a Helvetia. Allí, nos recibirían simpáticos muñecos de nieve que se arrancaban la cabeza para lanzarla contra nosotros. En menos de un segundo les crecía otra vez para volver a lanzarla automáticamente. Por su parte, las plataformas movedizas serían los siguientes protagonistas. En el tercer escenario de Helvetia, los muñecos de nieve darían paso a pececillos saltarines con dientes de piraña, a abejas y a un mar por el que Astérix no sabía nadar. Por cierto, curioso que Astérix sepa luchar, cazar, subir a los árboles, correr y saltar a lo loco y nadar no.

Tras acabar en Helvetia, le llegaría el turno a Egipto, con sus pirámides, jeroglíficos, palmeras, arañas, serpientes y enemigos, romanos incluídos En el segundo nivel, montados en una especie de montaña rusa, podíamos realizar el viejo truco de subir por las rocas superiores de la pantalla y avanzar hasta el final del nivel sin ningún tipo de peligro hasta llegar a la catapulta (La de veces que nos ha ayudado esta pequeña trampilla a lo largo de la historia de los videojuegos).

Astérix

Por suerte o por desgracia, este juego nos daba una oportunidad más para continuar sin necesidad de empezar desde el principio una vez que se hubiesen terminado las vidas. Sin embargo, esto podía hacer que, en ocasiones, nos acostumbrásemos a ir a toda velocidad, dejando a un lado la precaución. La velocidad no es buena, porque podíamos perdernos grandes detalles en relación a los gráficos.

¿Y cómo se veía Asterix? Se veía bien. Los lectores más jóvenes a lo mejor piensan que, para su época y entre tanto blanco y negro, es toda una hazaña el poder distinguir a Astérix. Y así es. Además, están muy logrados los escenarios. Sin perder el sentido del humor, los diferentes lugares del mundo que recorre nuestro hombrecillo están perfectamente ambientados con suficientes detalles como para reconocer donde nos encontramos. Y vale que las caras no posean toda la expresión del mundo, pero podemos diferenciar a unos personajes de otros. Además, la animada musiquilla concuerda a la perfección con el juego (aunque bien es cierto que puede causarnos grandes dolores de cabeza).

Astérix

Por último, después de recorrer medio mundo, Astérix llega a Roma, con sus espectaculares edificios y con enemigos mezclados de todos los escenarios anteriores. Aún con fuerzas para recuperar a su gordinflón amigo, a pesar de haberse recorrido medio mundo en media hora, Astérix peleaba por no caerse en unos vagones movedizos y por conseguir más y más botijos. ¡Y al fin vio a lo lejos a su querido amigo! El pobre hombre, sentadito en un rincón esperaba pacientemente su momento de libertad. Tras rescatarlo, ambos vivieron felices y comieron perdices para toda la vida…

Una vez explicado este juego estrella, como anécdota personal tengo que contar que a pesar de que su nivel de dificultad y su duración no son muy elevadas, he tardado casi 15 años en acabar el juego hasta el final. ¿Cómo es posible? Antes de que empecéis a llamarme torpe os contaré la historia. Astérix es otro de esos juegos que se encuentran en aquellos super cartuchos valiosísimos, más concretamente en un Super 15 en 1. Pues bien, la primera vez que comencé la partida disfruté hasta el segundo escenario y, tras completarlo, llegaba un extraño nivel en el que Astérix caía al vacío en un raro escenario, sin oportunidad de realizar ninguna acción. Cada vez que volvía a jugar me proponía pasarme aquel tercer escenario, puesto que alguna forma tenía que haber de hacerlo…

Pasaron los años y, cada vez que cogía aquel cartucho, me decía a mi misma que, ahora que habían pasado los años, una se habría vuelto más inteligente y sabría qué hacer. Pero todo esfuerzo era en vano. Hace unos días, cuando decidí escribir sobre este título, me dije a mi misma que esta vez tenía que ser sí o sí, pero volvió a ocurrir lo mismo. Ahora, y gracias al gran invento de Internet, ya desesperada, me decidí a buscar vídeos en Youtube para saber que había que hacer. ¡Menuda sorpresa al ver que había un tercer escenario normal y corriente! ¡Y menudo timo aquel juego defectuoso, que sin parecer que lo estaba, me había desesperado tanto! Así que, haciendo mano de mi querido emulador, esta vez conseguí ver todo el recorrido de Astérix. ¡Qué bonito era y que buena jugabilidad!

¿Y ahora a quién reclamo yo mi cartucho defectuoso? Normal que con este trauma interno no haya sido muy fan de las películas de Astérix y Obélix. ¡Hasta la próxima talonianos!