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Durante estos días os hemos informado con todo detalle de las novedades que pudimos probar durante la Madrid Games Week, haciendo especial hincapié en las novedades de Xbox One y Playstation 4, pero si he de ser sincero, hubo un stand del que casi no me separé en ningún momento: el de Namco Bandai. ¿El motivo? Tenían dos Playstation 3 a pleno rendimiento con uno de los títulos más esperados para el año que viene, el cual es a su vez un castigo sin venganza. Sí, me lo pasé como un enano jugando a Dark Souls II.

Mis ganas de morir una y otra vez en este despiadado y oscuro universo no solo no habían desaparecido con la primera entrega, sino que estaba dispuesto a seguir sufriendo, por lo que las horas que pasé tratando de terminar la demo que allí había fueron incontables. No en vano había premio (tres lujosos headset que serían la envidia de todo youtuber rancio) para los que fueran capaces de superar la demo en el mayor tiempo posible y sin morir, algo solo al alcance de auténticos masocas. Aunque estuve bastante cerca de conseguirlo, lo cierto es que al final la obra de From Software pudo conmigo, aunque lo cierto es que disfruté enormemente tratando de superarla. Seguid leyendo para conocer qué nos depara el regreso a Dark Souls el 11 de marzo en Playstation 3, Xbox 360 y PC.

Si ya habéis jugado a Dark Souls o Demon’s Souls, entonces no habrá mucho que explicaros sobre el juego. Controlamos a un personaje creado a nuestro gusto siguiendo los cánones de la fantasía medieval pero sin restricciones de ningún tipo. Podemos ser un lanzador de conjuros y empuñar escudos y espadas, o por el contrario, ser un sigiloso asesino que en un momento determinado debe armas a distancia cuando el subterfugio no es suficiente. En Dark Souls el personaje se va desarrollando según los gustos del jugador, aunque siempre hay algunas configuraciones más sencillas que otras. Pues bien, en la demo disponible en la feria madrileña (la misma que estuvo en el Tokyo Game Show de este año) podíamos elegir a cuatro personajes predefinidos, que cumplen los roles de guerrero, hechicero, asesino y por último un híbrido entre lanzador de conjuros y experto cuerpo a cuerpo, pero ya os decimos que en el juego completo podéis modificar el personaje a vuestro gusto sin ninguna restricción.

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Tras seleccionar el personaje comienza la partida y vemos que todo es prácticamente igual que en su antecesor. Misma interfaz, mismos controles, misma atmósfera opresiva y altísimas probabilidades de morir a la vuelta de la esquina. ¿Acaso eso es malo? En absoluto. Dark Souls se caracteriza por su dificultad insana, y su secuela no iba a ser menos. De hecho, al principio me sorprendió ver qué el juego era aparentemente más sencillo porque se han incluido unas piedras de salud que poco a poco van regenerando nuestras barra de vida. Si creéis que con eso el juego va a ser un paseo, esperad a luchar contra cualquier enemigo. Los enemigos más débiles que encontramos nada más empezar son los clásicos guerreros esqueléticos y muertos vivientes, solo que ahora tienen más mala leche que antes, puesto que con un par de ataques encadenados acabarán con nuestra vida en un santiamén. Y vuelta a empezar.

Para enfrentarnos a ellos contamos con el mismo sistema de combate que en su antecesor, aunque ahora todo es mucho más rápido y el juego no nos deja vendidos por ningún cambio de cámara malintencionado. Si morimos, gran parte de la culpa es nuestra por no prestar atención. Y eso es algo que From Software castiga severamente. Prueba de ello es que ya no podemos ni fiarnos de los cadáveres que encontraremos por el camino. Quien sabe en qué momento decidirán levantarse y apuñalarnos por la espalda.

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La demo continuaba por unas oscuras catacumbas que debíamos alumbrar con una antorcha… impidiendo así el uso de nuestros escudo. Como era de esperar, los muertos vivientes están a la orden del día, así como el gigante acorazado y con una maza gigante que hemos visto en varios vídeos del juego. Tras unos duros combates logramos salir a duras penas y nos encontramos con una fortaleza derruida, en la que los arqueros y enemigos escondidos en las esquinas eran el pan de cada día. Ya moribundos conseguimos deshacernos de ellos y vemos una hoguera al fondo, refugio y zona segura en este despiadado universo… solo para que de la nada surjan dos guerreros esqueléticos y otro gigante con maza más fuerte que los anteriores. Esta aparición es un reflejo de las invasiones online que podemos sufrir en cualquier momento, puesto que como bien recordaréis los habituales a la franquicia, es posible invadir la partida de otro jugador para acabar con su vida y llevarse sus preciosas almas y objetos.

Tras un combate del que no creíamos salir vivos, llegamos finalmente a la antorcha, que nos teletransporta al angosto corredor de un torreón en el que un hechicero espectral no hace más que lanzar unos mortíferos rayos a la vez que despierta a unas estatuas que recuerdan al dios egipcio Anubis. Las recién despertadas estatues no tardan ni un momento en saludarnos a base de espadazos y patadas digas de Bruce Lee.

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Increíblemente seguimos en pie y damos buena cuenta de todos los enemigos, por lo que solo nos queda cruzar la tan temida niebla que precede a los combates contra los jefes finales. Lo hacemos tras convencernos de que no vamos a salir vivos de ahí, y lo que nos espera es un patio enorme en el que un enorme guerrero de piedra porta una espada que lanza rayos y un escudo-espejo que crea copias de nuestro personaje. Todo ello mientras no hacen más que caer rayos y unos coros espectrales anuncian nuestra muerte inminente. Y así es. Tras una lucha poco más que inútil, somos derrotados y aparece el ya clásico mensaje «You Died».

Como podéis ver, a nivel jugable apenas nada ha cambiado. Casi todo es igual que en Dark Souls, aunque el apartado técnico ha mejorado enormemente, y aquí es donde en verdad se nota que From Software ha puesto toda la carne en el asador, explotando las exiguas Playstation 3 y Xbox 360 con un apartado artístico terrorífico, capaz de poner en tensión al más pintado, algo que casi ningún survival horror ha conseguido en los últimos años. Olvidaos también de las puñeteras ralentizaciones que hasta ahora habíamos sufrido. Si todo se mueve igual de bien que en la demo podemos estar tranquilos: ha desaparecido una de las causas de muerte en el juego. El resto siguen vivitas y coleando, dispuestas a hacernos picadillo a las primeras de cambio. Pero ese es parte del encanto de Dark Souls, ¿no? Sufrir hasta terminar la zona de rigor, obteniendo una sensación de satisfacción que pocos juegos pueden ofrecer actualmente. Así que ya sabéis, comenzad a ahorrar, porque a partir del 11 de marzo tenéis una cita con Dark Souls II. ¿Seréis capaces de no tirar el mando por la ventana?