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Hoy en Japón es un día festivo, los niños no van a la escuela ni los mayores al trabajo ¿Y qué celebran los japoneses que detenga su ajetreada forma de vida? Pues nada mas y nada menos que el cumpleaños del actual Emperador japonés, Akihito.

No es habitual que un país en democracia se detenga durante unas horas para celebrar el cumpleaños de uno de sus máximos representantes, pero todos sabemos que en Japón el Emperador no es una figura cualquiera, aunque menos son los que conocen el porqué de esa tremenda devoción hacia una figura que parece anticuada para los modernos tiempos en los que vivimos. Pero todo tiene su explicación, y ahora os la intentaremos resumir en las siguientes líneas.

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En Japón se cree que la familia imperial es descendiente directa de una de las deidades sintoístas más importantes, la megami (kami femenino) del Sol: Amaterasu, pues esa fue la Historia Nacional Oficial mantenida por el gobierno hasta finales de la Segunda Guerra Mundial.

No se sabe a ciencia cierta quién fue el primer emperador de Japón, ni si fue el mismo que se vinculó directamente con Amaterasu para fortalecer su puesto y ganarse el favor y la devoción del pueblo japonés. Muchos historiadores creen que el primer Emperador fue Sujin, que gobernó en los últimos años del siglo III de nuestra era. Este misterioso inicio del linaje imperial es debido a que la escritura no llegó a Japón hasta el siglo VI, por lo que no se conservan textos escritos para documentar esa época, todo lo que se conoce es por las referencias de algunos textos Chinos y por la transmisión oral. Existen muchas referencia a emperadores anteriores que siguen el linaje desde la diosa Amaterasu a Sujin, pero igual que ocurre con el resto de la historia japonesa más antigua, al no estar documentada no es clara la diferencia entre mitología y realidad histórica.

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Desde sus inicios hasta hoy la figura del emperador ha estado siempre presente en la sociedad japonesa, en mayor o menor medida, pero sin desaparecer en ningún momento. Aun durante el shogunato, cuando la figura del Emperador fue degradada y meramente decorativa, no se pudo eliminar una figura tan importante para la sociedad nipona.

En la actualidad el Emperador de Japón es un símbolo de la sociedad japonesa y la unidad del pueblo, pero no tiene ningún poder relacionado con el gobierno, aunque puede nombrar al primer ministro y al juez jefe de la suprema corte, así como ejercer varias funciones ministeriales típicas de un jefe de estado. Sigue conservando el reconocimiento de descendiente de la diosa Amaterasu, así como el Palacio Imperial situado en el centro de Tokio, lugar en el que habitan y que han ocupado los diferentes Emperadores desde el traslado de la antigua capital en Kioto, hasta la actual en Tokio.

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