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Tradicionalmente los primeros días del año en Japón son festivos, algo poco usual en una sociedad tan activa laboralmente. Este periodo de descanso da pie a que durante estos primeros días del año abunden las celebraciones de todo tipo entre los templos y comunidades religiosas japonesas, aprovechando el tiempo libre del que disponen.

Curiosamente una de las celebraciones que se realiza en muchos puntos del país nipón durante estos días, es coincidente en cuanto a temática con otras celebradas por todo el mundo, en las que los humanos luchan contra el frío invernal en una demostración de valentía. En países como España se hacen maratones en las gélidas aguas portuarias, en otras ciudades del mundo, como Roma o La Haya, es tradición también un baño en las aguas que bañan ambas ciudades, por nombrar algunas de ellas. En el caso que nos ocupa hoy en Japón, concretamente en el santuario sintoísta de Hakozakigū en la prefectura de Fukuoka (al Norte de Kyūshū), un montón de hombres en taparrabos se pelean entre la nieve, el agua y el frío para conseguir una pelota de 8 kg de peso que representa una de las «bolas» del dios dragón Ryujin, en el llamado festival Tamaseseri ¿Os parece curioso? Os lo explicamos un poco mejor.

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El día 3 de enero se celebra desde hace muchos años en el santuario sintoísta de Hakozakigū el festival Tamaseseri. Dos equipos de hombres, vestidos únicamente con un fundoshi (una especie de taparrabos) compiten por una pelota-tesoro de 8 kilos y 30 cm de diámetro llamada Takara -no -tama, la cual se cree que trae buena suerte a la persona que puede levantarla por encima de su cabeza. Los participantes (solo hombres, pues recordemos que hasta hace relativamente poco las mujeres no podían participar en los rituales sintoístas y muchas veces se les vetaba la entrada a los santuarios -más información sobre el sintoísmo y las mujeres en nuestro especial-) se dividen en dos equipos: el primero formado por agricultores (equipo de la tierra) y el segundo por pescadores (equipo del mar). Si el año nuevo trae una abundante cosecha o una gran captura marina dependerá del ganador de la competición, o sea, el equipo que consiga hacerse con la pelota y logre entregarla al sacerdote sintoísta, que aguarda en la puerta de la torre Romo en el mismo santuario.

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Esta tradición se dice que viene celebrándose desde hace 500 años y según se dice se generó de una leyenda que cuenta como el dios dragón Ryujin ofreció sus dos «bolas sagradas» a la emperatriz Jingu (año 170-269).

A las 13 hrs las dos bolas purificadas: «yang» (en representación de la masculinidad) y «yin» (de la feminidad) se llevan al santuario de Tamatori. «Yin» se entrega y dedica al templo y «yang» es transportada por los niños para después entregarla a los hombres, que en medio de gritos de OISA ! OISA ! comienzan a luchar por el balón. Durante todo el tiempo que dura la competición los hombres son salpicados sin descanso con agua fría, a pesar del frío invierno y de su falta de ropa.

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Sin duda demuestran valentía, pero ¿ya le gustará al dios dragón Ryujin que sus partes más intimas sean puestas en juego y manoseadas cada año nuevo?

Fuente: Descubrir Japón / Japan National Tourism Organization