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¡La de cosas que se descubren buscando en Google! ¿Alguna vez a alguien le ha dado por escribir Rolling Thunder en el gran buscador? Que si es una gira musical, una operación militar en Vietnam, una película… Y ahí, en una segundo plano, encontramos el videojuego de finales de los años 80.

Si habéis leído los últimos capítulos de Retromanía, os habréis dado cuenta de que Dig Dug y Rally X son juego creados por Namco y no es por ser repetitivos, pero es que Namco tuvo muy pero que muy buenos juegos que, sin alcanzar la enorme popularidad de Pac-Man, sí que tuvieron una gran repercusión. Por ello, en esta ocasión, una servidora quiere recordar Rolling Thunder, otro juego de la compañía que era, sobre todo, adictivo, que servía para descargar nuestra ira en los enfados contra el mundo y que nos convertía en todo un héroe al servicio de la humanidad.

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En Rolling Thunder, el protagonista, es decir, nosotros mismos, era un agente secreto llamado Albatross, enviado a un lugar con muchos balcones, desniveles y puertas para acabar con una banda terrorista. Por supuesto, el objetivo final, además de terminar con todos ellos, era rescatar a una guapa joven. Al margen del tópico de chico valiente rescata a chica indefensa, fue un juego de lo más entretenido en cuanto a jugabilidad, compuesto por dos historias bastante largas, distribuidas en niveles. En ellas, teníamos que disparar a los terroristas que iban apareciendo y esquivarlos, dado que con tantas puertas y balcones eran omnipresentes. Al final de cada nivel, podíamos ver un monitor gigante, con el jefe verde de la banda riendo o a la pobre chica, siendo torturada.

Más que poner a prueba nuestra puntería de disparo (se trataba de un juego de avance lateral en dos dimensiones, por lo que casi seguro que acertábamos con los disparos), era un título en el que la rapidez a la hora de actuar y de recargar munición era clave. A cada segundo, aparecía un gran número de terroristas de diferentes tipos, a los que podíamos diferenciar por el color de su traje. Algunos no tenían armas de fuego y sólo necesitaban un disparo o dos para caer. Por el contrario, otros tenían una pistola que acababan con el agente secreto con un solo disparo, mientras que otros lanzaban granadas desde lejos o explosivos desde arriba. ¡Había enemigos hasta aburrir!

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Con tan sólo un disparo, nuestro nivel de vida descendía por completo. También si uno de estos terroristas nos pillaba por sorpresa y se abalanzaba hacia nosotros, aunque no tuviese arma. Y es que Rolling Thunder era un auténtico caos. Entrar y salir por las puertas rápidamente para evitar ser vistos (aunque no era muy buena idea, puesto que luego no podíamos salir), subir y bajar por los balcones, escondernos entre las cajas, columnas o neumáticos… De esta manera, resultaba lógico que enseguida perdiésemos nuestro escaso nivel de vida y tuviéramos que volver al último punto de control, en caso de que aún tuviésemos suficientes vidas.

Hablando de estas puertas, en una parte de ellas podíamos recargar nuestra munición en caso de que permaneciésemos bastante tiempo en su interior e incluso obtener armas más potentes, como ametralladoras. Con ellas resultaba más sencillo acabar con una parte de los agobiantes enemigos, aunque no nos íbamos a librar tan fácilmente, puesto que estamos ante un juego difícil en el que además, había que ahorrar balas (el número que nos quedaba también aparecía en la parte inferior de la pantalla). Sobre todo, las balas se hacían más que imprescindibles si queríamos derrotar al casi imposible jefe final.

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Los controles no suponían un gran quebradero de cabeza, aunque dependían de la plataforma en la que jugásemos. La cruceta o los botones de dirección servían para movernos de derecha a izquierda y para saltar a los balcones o plantas superiores, bajar de ellos, agacharnos o introducirnos en las puertas. Podría decirse que todo se realizaba de esta manera. Para disparar sólo bastaba con disparar un botón y para saltar otro.

También dependiendo de la plataforma en la que se jugase, cambiaba la decoración de sus escenarios. Rolling Thunder empezó como juego de recreativos, para después jugarse en ordenadores, NES y, más tarde, en recopilatorios lanzados por Namco para todo tipo de consolas. Sin embargo, lo que no varió fue su gran colorido, que le caracterizó desde casi el principio y su divertida música. Al color de fondo de las fábricas, de los lugares repletos de maquinaria y de sitios al aire libre, había que añadir el color rojizo del protagonista y los numerosos colores en los atuendos de los terroristas, desde rosa hasta amarillo, azul, naranja, blanco o verde. Así, resultaba hasta más bonito el hecho de vernos acorralados…

Al tratarse de un juego de Namco, compartía muchas semejanzas con otros de su época. Por ejemplo, permitía disfrutar a dos jugadores, aunque a través del sistema de turnos. También empleaba el sistema de comenzar desde el principio cuando se acabasen las vidas. Por supuesto, contó con dos juegos más para continuar la aventura, con nombres super “originales”: Rolling Thunder 2 y Rolling Thunder 3. Además, tuvo esa sensación adictiva, que nos hacía seguir jugando, una y otra vez, a pesar de morir en el intento. ¿No os apetece volver a jugarlo? Una servidora ya ha vuelto a engancharse. ¡Nos vemos en dos semanas en el próximo Retromanía con otro gran clásico, talonianos!