Snoopy Principal

¡120 niveles! ¿Cómo puede un juego protagonizado por Snoopy (con todos los respetos hacia el perrito) tener tantos niveles, todos con la misma mecánica y el mismo objetivo y no resultar monótono? Es más, ¿cómo puedo convertirse Snoopy’s Magic Show en un juego más adicto que el chocolate?

Snoopy’s Magic Show es un juego de puzles y habilidad, aparecido en Game Boy en 1990 de la mano de Kemco, su desarrolladora y distribuidora. Desde el primer nivel hasta el número 120 controlamos a Snoopy, quien se ubica en un escenario cuadrado (¡aléjense los clautrofóbicos!), repleto de bloques fijos, movedizos y destructibles, así como de varios Woodstocks, también conocidos como Emilios (como ya sabréis los más aficionados a Snoopy, éste es uno de los personajes más conocidos y uno de los mejores amigos del protagonista). Pues bien, el objetivo en todos y cada uno de ellos era rescatar a los Woodstocks o Emilios. Con esto ya podemos responder a por qué no estamos ante un juego monótono, aunque parezca lo contrario. La clave está en la disposición de estos mismos componentes y en las bolas que rebotan en las paredes.

2

Comencemos por las bolas. Para rescatar a los amiguetes de cada nivel, es necesario no chocar con la pelota o pelotas que aparecen en cada escenario. Podemos esquivarlas, dejarlas atrapadas, deducir el movimiento que harán o eliminarlas y deternerlas con varios objetos especiales, pero nada garantiza que podamos sobrevivir, ya que sus rebotes no siguen siempre las leyes de la física. Cerremos los ojos e imaginémonos en una habitación cerrada, de pequeño tamaño, en la que un par de bolas se mueven de un lado a otro y en la que una de ellas nos puede rozar y acabar con nosotros. Así, no hay mejor opción que ir a por nuestro objetivo, sin mirar atrás y sin dudar ni un instante. Porque en Snoopy’s Magic Show las bolas huelen el miedo y si dudamos en un movimiento o nos paramos a pensar, ¡habremos muerto!

Pasemos a la parte de los componentes de los escenarios. Todos tienen componentes en común, aunque dispuestos de diferentes maneras. Entre ellos, encontramos bloques fijos, bloques que podemos desplazar, bloques que podemos romper y bloques infranqueables que aparecen y desaparecen por arte de magia y que quizás con ellos tenga algo de sentido el nombre del juego. No, no estamos dentro de una aventura Lego, aunque pueda parecerlo con tanta pieza. Con ellos, podemos elaborar planes para encerrar a las bolas y vagar a nuestras anchas, aunque, por desgracia, hay veces que nos quedaremos en un mismo rincón encerrados con ellas y rezando para pasar desapercibidos, como si se tratase de una aventura de sigilo.

3

Otras veces, al mover los bloques nos encontraremos con objetos realmente útiles, que podemos coger para tener algo de ventaja. Entre ellos encontramos una ‘P’, que nos permite ir nosotros a por las bolas para acabar con ellas o un reloj, que las mantiene quietas durante un tiempo. También, entre tanta pieza, encontramos flechas, que nos conducirán a la parte que señalan sin poder oponernos o casillas teletransportadoras, que nos hacen trasladarnos de una parte de otra del escenario al pisarlas (aunque también a las pelotas). Teniendo en cuenta estos dos aspectos, ya os habréis dado cuenta de por qué estamos ante un juego adictivo, ideal para jugarlo en cualquier parte, ayudado también por sus simples controles (cruceta para movernos y botón A para romper bloques).

Por suerte, y para poder retomar la partida más o menos donde nos habíamos quedado, Snoopy’s Magic Show cuenta con contraseñas (lógicamente no íbamos a tener que completar los 120 niveles de golpe). Además, tiene un modo para dos jugadores, en el que jugamos como Snoopy y como Spike (el gemelo de Snoopy con sombrero y bigote) y en el cual el objetivo será el mismo que en el modo individual. A todo esto, los niveles del juego cuentan con tiempo limitado para rescatar a Emilio, aunque normalmente, si no nos mareamos con tanto movimiento (hay algunos escenarios cargados de flechas en todas las direcciones y de casillas de teletransporte) contamos con tiempo más que suficiente.

https://www.youtube.com/watch?v=X9GjpcCidsE

Ahora que conocemos su jugabilidad, su estética no puede ser omitida. Venga, vale, reconozcamos que sus gráficos no son nada alucinantes, ni siquiera para la época en la que se enmarca y que Kemco no parecía tener demasiado interés en darle importancia a su aspecto. Los escenarios y los bloques son simplones, algo que, añadido al blanco y negro característico de Game Boy, implica monotonía. Ni un Snoopy dibujado con la nariz un tanto extraña se libró de esta gran carencia. Por suerte, la banda sonora sí que tuvo más importancia que la estética, a través de simpáticas melodías envolventes y de ritmos árabes. ¿Qué pinta la música árabe en Snoopy? Pues probablemente nada, pero no le llega a quedar mal al juego.

Con todo ello y volviendo al principio, Snoopy’s Magic Show es un juego con más de un centenar de niveles con la misma mecánica y con el mismo objetivo, que no resulta monótono gracias a su dificultad y al nivel de habilidad que requiere por parte del jugador y que llegó a convertirse en un juego adicto a más no poder, incluso para los no muy aficionados a estos dibujos. Nos vemos en dos semanas en el próximo Retromanía, talonianos. ¡Os lo juro por Snoopy!