El ojo de talion

Pese a que la prensa del videojuego ya cuenta con bastantes años a la espalda, lo cierto es que su nivel de madurez en ocasiones deja bastante que desear. Prueba de ello se encuentra no solo en la cuestión del plagio, sino también en el de la siempre polémica calificación de los juegos reseñados.

De hecho, me permitiré ir un poco más allá al afirmar que en estos últimos años estamos retrocediendo a pasos agigantados en lo referido a notas videojuegos. La «perfección» y las «obras maestras» están a la orden del día, invadiéndonos mediante campañas de marketing de lo más agresivas, realizadas por compañías que invierten millones en el que sus juegos se encuentren siempre entre los favoritos de gran parte de la crítica… ya sea de forma justificada o no.

Constantemente se nos vende la revolución en la industria con propuestas más grandes, más épicas y más cinematográficas cuyo objetivo es sacudir nuestras mentes y maravillarnos como ningún otro juego lo ha hecho hasta el momento. Irónicamente, un gran número de estos juegos tiene una cadencia prácticamente anual, lo cual no hace sino quemar a pasos agigantados esa tan cacareada «revolución»: Assassin’s Creed, Call of Duty, Battlefield, FIFA o incluso la reciente serie Batman: Arkham son solo algunos de ellos, y pese al agotamiento de sus fórmulas, no solo siguen copando las listas de los más vendidos, sino que además, tienden a estar entre lo más alto de las calificaciones otorgadas por las revistas del sector (tanto nacionales como extranjeras).

 

¿Hay vida más allá de estos «imprescindibles»?

¡Por supuesto que sí! Pero eso parece no importar si ya contamos con la saga consagrada de rigor que vende solo por su nombre. Los casos más claros se encuentran en Resident Evil 6 y Final Fantasy XIII, representando cada uno a las entregas más flojas de sus respectivas series, pero que contaron con no pocas calificaciones de sobresaliente y unas ventas astronómicas.

En las antípodas de este fenómeno tenemos a una miríada de juegos que han visto la luz en los últimos años y que han sido relegados al ostracismo salvo por un puñado de valientes.  God Hand ,El Shaddai, The Saboteur, Binary Domain, Alpha Protocol, Little King’s Story, Deadly Premonition o incluso el reciente Rambo: The Videogame son algunos ejemplos.

No importa que algunos de ellos cuenten incluso con el respaldo de grandes estudios, el simple hecho de que sean juegos desconocidos para el gran público parece dar carta larga a los redactores y cacareados críticos, que dinamitan sin tapujo juegos que, pese a no ser perfectos, se arriesgan mucho más y ofrecen experiencias mucho más satisfactorias que la de los mal llamados «Triple A».

¿Qué notas suelen tener esta categoría de juegos? Hay para todos los gustos. Desde los aprobados raspados a The Saboteur, Binary Domain o Alpha Protocol, a las debacles de God Hand, Deadly Premonition o Rambo. Al carecer de un gran nombre detrás que les respalde (así como un buen fajo de billetes esperándole, según las malas lenguas) el redactor de turno se envalentona, y lo que no puede hacer con un título medianamente conocido, se lo permite con cualquiera de estos juegos juegos.

A su vez, esta tendencia también se alimenta en ocasiones de la mortífera competencia entre medios, que se miran con lupa unos a otros para ver cómo han calificado a un juego determinado, realizando análisis sin alma y cortados por el mismo patrón. De esta manera volveríamos al tema del plagio que tratamos la semana pasada. Como podéis comprobar, hasta cierto punto nos encontramos sumidos en un círculo vicioso.

Todo esto se le puede aplicar al citado Rambo: The Videogame. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que estamos ante un juego que homenajea al cine de acción ochentero (el cual, salvo honrosas excepciones, no puede sino calificarse como de Serie B con presupuesto), que para más inri ha sido realizado por un estudio pequeño que se ha visto con no pocas trabas durante el desarrollo del producto. ¿El resultado en las calificaciones? Notas vergonzosas que van del 0,5 al 1, algo visto en pocas ocasiones.

Pero tranquilos, que aquí no estamos haciendo apología de la mediocridad. Ciertamente Rambo es un juego con muchos defectos, presa de ser fácilmente suspendido si no lo valoramos como un homenaje a la acción exagerada y pro-yanki de los ochenta, pero lo cierto es que si logramos entender realmente el enfoque del juego, es posible pasar un rato divertido emulando al bueno de Sly en sus años mozos.

No todos los «desconocidos» han corrido la misma suerte que el personaje de Stallone. Deadly Premonition es el caso más claro de juego defenestrado en su momento por la crítica, pero en el que los jugadores vieron una auténtica evolución del Survival Horror. No fue hasta la reedición del año pasado cuando los «grandes medios» del sector tuvieron que enfrentarse de nuevo a la obra de Swery y otorgarle como mínimo un aprobado (siguieron sin tener la valentía de igualarlo a las vacas sagradas del género). En cierta medida, podríamos decir que se ha hecho justicia.

deadlyabsurdo

¿A qué queremos llegar exáctamente con toda esta parrafada? Pues que siendo sinceros, las notas deberían jugar un papel mucho menos importante del que en realidad tienen en la industria del videojuego (aunque esto es algo extrapolable a otras industrias, como la del cine). Son la subjetividad en estado puro, y cuando nosotros las empleamos en nuestros respectivos análisis, intentamos valorar el juego en su justa medida y de la forma más honesta (no en vano, en ocasiones nos retrasamos más de lo que nos gustaría  debido a que queremos sacarle todo el jugo posible y ofreceros un análisis en el que nada quede en el tintero, tanto lo bueno como lo malo). Puede que en ocasiones nuestros lectores no coincidan en nuestros gustos, pero bajo ningún concepto nos encontramos supeditados a los designios de un ente superior que nos indique cómo realizar nuestros análisis. Para comprobarlo no tenéis que leer nuestra carta de amor a Jazzpunk.

Como se suele decir, «los gustos son como los culos», ya que por mucho que traten de adoctrinarnos con unas determinadas tendencias, el juego vilipendiado por el crítico de turno bien puede ser una maravilla para tus sentidos. Así que ya sabéis: si conoceis un juego cuyas calificaciones sean inferiores al notable o sobresaliente por parte de numerosos medios… ¡no lo dejéis de lado! Bien podría tratarse de una maravilla oculta que colme vuestras expectativas.

¡Hasta la semana que viene!