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Este mes se cumple el tercer aniversario del terrible terremoto que afectó la región japonesa de Tōhoku el 11 de marzo de 2011. El seísmo ocasionó un posterior tsunami que arrasó la costa noreste de la isla de Honshū (la isla principal de Japón), provocando además el mayor accidente nuclear desde Chernóbil y grabando a fuego un nombre en nuestra memoria: Fukushima. Una palabra que al recordarla, escucharla o pronunciarla siempre nos da un vuelco al corazón. Todos conocemos las consecuencias directas e inmediatas que tuvo el terremoto de magnitud 9,0 en la escala de Richter: un terrible tsunami de hasta 40,5 metros de altura  que arrasó pueblos, ciudades, carreteras, campos y la central nuclear de Fukushima Daiichi. Todo cuanto encontró a su paso fue dañado por la fuerza de la ola y engullido después por el regreso de las aguas al mar, que se llevaron consigo coches, casas, barcos, animales y unas 21.000 vidas humanas (*cifra obtenida en septiembre del 2013 sumando muertes directas e indirectas).

Japón estuvo en el punto de mira del mundo entero durante meses, tanto por la gran respuesta de solidaridad con el pueblo japonés, que llegó de todos los rincones del planeta, como por el terrible accidente de la central nuclear de Fukushima Daiichi, el cual algunos medios llegaron a etiquetar como un “Chernobil a cámara lenta”. Pero ahora, transcurridos ya 3 años, ¿quién se acuerda de toda esa gente que aún hoy continua sin hogar, sin un techo bajo el que dormir o con familiares aún desaparecidos, supuestamente engullidos por la gran ola, pero que nunca se podrá llegar a confirmar? Ciudades enteras devastadas, borradas del mapa, a las que se les unen las que quedaron desiertas por estar dentro de la zona de exclusión o de la zona de “reclusión en interiores” ¿Qué está ocurriendo hoy con todas esas personas?

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¿Y la central nuclear de Fukushima, ha vuelto a la normalidad? ¿Se han limpiado como se prometía las zonas contaminadas? ¿Está por fin fuera de peligro la propia central? Los medios hace mucho tiempo que dejaron de poner noticias en portada sobre este tema y, como ocurre a menudo con la enorme avalancha de información que recibimos a diario, si no se habla de ello ya no existe.

Pero nada más lejos de la realidad. Basta una simple búsqueda rápida en Google para ver que cada poco tiempo hay novedades sobre el accidente de la central nuclear. Sin ir más lejos, os dejamos a continuación una muestra de titulares encontrados en las últimas semanas en días escogidos al azar.

  • El Mundo (20 de febrero 2014) “Detectan una fuga de 100 toneladas de agua radiactiva en Fukushima”
  • La Vanguardia (9 de enero 2014): “TEPCO detiene el sistema de reciclaje de agua radiactiva de Fukushima por avería”
  • Ria Novosti (21 de febrero 2014): “Comienza construcción de barrera de hielo perpetuo en Fukushima”
  • RT (13 de febrero 2014): “Revelan que Tepco ocultó niveles peligrosos de radiación en Fukushima”

*(Hemos incluido titulares de enero y febrero ya que en marzo, con el triste aniversario de la tragedia, el tema vuelve a interesar por unos días y de nuevo van apareciendo noticias en las secciones más destacadas de los medios de comunicación tanto en prensa como radio, televisión e Internet).

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Como veis, las consecuencias del accidente están muy lejos de solucionarse. Las noticias, aunque algunas son sacadas de grandes medios, suelen pasar desapercibidas para mucha gente, ya que se encuentran en segundo o tercer plano en los periódicos online. Aún haciendo una búsqueda más directa en las páginas web de los mismos, no es fácil dar con la noticia en cuestión a menos que sepas de antemano de su existencia o estés suscrito al mismo (me atrevería a afirmar que de todos los que leeréis este reportaje apenas el 1% o 2%  tiene algún tipo de suscripción o se compra físicamente un periódico, obviamente nosotros estamos incluidos en la gran mayoría). Si pasamos a otros medios de más alcance, como los informativos de las cadenas de televisión, encontramos que muy raramente se menciona el tema, dejando caer algunas noticias breves o anecdóticas, como el caso de los “sin techo” utilizados para limpiar las zonas contaminadas que se dio a conocer en enero de este año, o el alto índice de radiactividad encontrado en una revisión en julio del 2013.

En Tallon4 llevamos un tiempo pensando sobre ello y creemos que es importante, en este mes de obligado recuerdo de la tragedia, informaros en la medida de lo posible y con los recursos que hemos podido conseguir sobre la situación actual de la zona. Ya sea por la empatía hacia la comunidad japonesa que tenemos gracias a nuestros hobbies o por el interés en conocer datos actuales sobre el accidente de la central y sus consecuencias sobre la salud como futuros turistas, nos une el mismo afán de conocimiento.

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Por eso, durante estos meses hemos reagrupando los últimos informes de radiactividad, los artículos más actuales sobre la situación de los afectados. También hemos hablando con las ONG’s que operan en la zona, organismos nacionales e internacionales de diferentes áreas, japoneses afectados, etc.  para intentar informarnos sobre la situación general actual de la región de Tōhoku.

Hemos creído oportuno dividir estos reportajes especiales en varias entregas para no saturaros, pues el tema resulta un poco denso en ocasiones y no queremos aburrir a nadie, ni que os durmáis frente a la pantalla ^^ . En la segunda parte de ese especial hablaremos sobre las zonas afectadas por el tsunami, su reconstrucción y la situación de las personas que vivían en esas zonas. En la tercera parte nos centraremos en la central nuclear de Fukushima, su estado actual y los planes para el futuro de la misma. El colofón final vendrá de la mano de Satori ediciones y su libro: Fukushima Vivir el desastre.

Hoy haremos un breve repaso de los hechos que ocurrieron el 11 de marzo del 2011 y por qué ocurrieron para entrar un poco en situación antes de adentrarnos en materia.

Con todo ello esperamos poder poner un poco de claridad sobre un hecho que se nos presentó caótico en su momento por la sobreinformación y deficiente en la actualidad por la falta de información. Os pedimos perdón de antemano, ya que tenemos que cambiar el tono desenfadado y gamberro tan característico de nuestros artículos para ponernos un poco más serios, pero la situación nos obliga a ello.

El Gran terremoto de Japón oriental (Higashi-Nihon Dai-shinsai)

Para aquellos despistados que aún no lo sepáis, los terremotos no son simples roturas de la tierra. El suelo que pisamos, en el que construimos nuestras casas, ciudades e infraestructuras no es una sola pieza. Igual que un puzzle, la tierra está compuestas por muchas placas. Algunas de estas piezas son más pequeñas, otras más grandes, algunas se mueven más y otras menos, unas van en una dirección y otras en cualquier otro sentido. En los perímetros de estas capas es donde más se notan los movimientos, como es el caso de Japón. De hecho, el país nipón se creó por el choque de tres de esas placas: la Euroasiática, la del Pacífico y la Philipina (por eso es un país con tanta vegetación, tan fértil y con tanta presencia de volcanes, aguas termales y fuentes de azúfre). Desde hace siglos, estas están empujándose de la misma forma que dos amantes que se quieren mucho. Pero la Tierra es muy grande y muy pesada, y aunque su manto de roca fundida (magma) le da toda la energía que necesita para esta lucha, cierto es que lo hace muy lentamente.

Sin embargo, a veces las placas no se mueven por mucho esfuerzo que la Tierra haga, por ejemplo, porque tienen otra placa delante que no la deja avanzar. Eso no significa que deje de intentar moverse y que esa energía se acumule para empujar más fuerte que su oponente. Igual que pasa en un pulso, al final, cuando una de las dos vence, toda esa fuerza acumulada se desprende de repente. En el caso de los pulsos nos damos un fuerte golpe sobre la mesa; en el caso de la tierra esta se rompe y tiembla por el roce y la fuerza liberada.

Cuando esto sucede dentro del mar, ese movimiento y la energía que desprende empuja el agua, de la misma forma que cuando tiras una piedra al mar, lo que provoca una ola mucho más grande de lo habitual, o maremoto (tsunami en japonés).

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En el terrible terremoto del 11 de marzo pasó exactamente eso. Sin embargo, el movimiento fue mucho más violento de lo habitual, cogiendo a todos los japoneses desprevenidos. En la zona más afectada muchos de los sistemas más simples instalados en casas y edificios no funcionaron correctamente, puesto que no estaban diseñados para soportar semejante fuerza. Los muros de protección anti-tsunamis de las poblaciones costeras no fueron lo suficientemente altos para frenar el avance de la enorme ola de 40,5 metros, que simplemente los pasó por encima. En el caso de la central nuclear de Fukushima, esta tenía un muro de 6 metros de altura que fue insuficiente para detener el devastador avance de las aguas marinas.

Por suerte, la educación en materia de terremotos y tsunamis que tienen todos los japoneses les dio la rigurosidad y temple para poder reaccionar a tiempo. De esta manera aquellos que pudieron ser consecuentes con el peligro, seguieron el protocolo establecido de emergencia. Otros se vieron imposibilitados ya se por la zona en la que se encontraban o por los desperfectos ocasionados por el terremoto. Los medios tecnológicos instalados en todo Japón, como el sistema de aviso de tsunamis y terremotos, también salvaron muchísimas vidas.

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Y por último la reacción de los supervivientes, fuerzas del orden y voluntarios que acudieron en los primeros momentos.  Ni robos, ni saqueos, ni altercados violentos. Los japoneses que estaban en la zona, pese al enorme shock al que habían sido expuestos, supieron actuar ejemplarmente en todo momento. Independientemente de la reacción de los políticos, ejecutivos, responsables de la central, etc. Dejando de lado la reacción de los políticos, los japoneses dieron una gran lección al mundo. Y el mundo se volcó con ellos.

La ayuda vino de todos los rincones del planeta, cada uno con lo que pudo. Rara es la persona que no colaborase o no conociera a alguien que lo hiciera.

Pero la tragedia humana poco a poco fue quedando en un segundo plano, eclipsada por la crisis nuclear de la central de Fukushima, que sustituyó la conmoción y buena voluntad de la gente por miedo y angustia por el futuro. Con los meses también ese miedo se enfrió hasta que se convirtió en indiferencia y, finalmente, olvido.

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¿Tenemos que vivir con miedo?

¿Puede volver a pasar? Japón es un país que está continuamente expuesto a pequeños seísmos. Para que nos hagamos una idea: aproximadamente cada 3  o 4 años se produce un terremoto de una intensidad similar a 7. Los expertos llevaban ya unos años advirtiendo que por las mediciones y la actividad que se estaba registrando era posible que Japón fuera azotado por un gran terremoto; los pronósticos eran de una intensidad algo mayor que el ocurrido hace 3 años. Sin embargo, ahora la comunidad científica no se pone de acuerdo sobre si este era el seísmo que se estaba “esperando” o uno igual o de mayor intensidad está por llegar próximamente.

No obstante, los hechos que ocurrieron el 11 de marzo de 2011 son un cúmulo de situaciones que no tienen por qué repetirse, y en caso de que volvieran a suceder el gobierno japonés ya empezó a trabajar en nuevas medidas de seguridad para ayudar a minimizar los daños en estos casos extremos. En realidad, si un terremoto tiene que azotar alguna parte del planeta, Japón es uno de los pocos países que pueden absorber semejante impacto.

Hemos hablado con Emilio Carreño, director de la red sísmica nacional, para preguntarle sobre cómo podría afectar un terremoto de una intensidad aproximada de 7 grados en la escala de Richter en nuestro país para poder hacer una comparativa. La respuesta no es simple, pues depende muchísimo en el punto de la geografía en el que se produzca el epicentro y la profundidad del terremoto. En España, según los estudios realizados y el registro histórico, se cree que el nivel máximo que alcanzaría un terremoto sería de 6,5 grados como mucho. Sin embargo, el riesgo de que se produzca un temblor de tal magnitud es bastante improbable. Si bien es cierto que si comparamos los efectos de dos temblores de igual magnitud y profundidad producidos en dos zonas urbanas densamente pobladas como son Madrid y Tokyo, los daños producidos serían muy diferentes. 

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Fuentes y agradecimientos: Emilio Carreño, director de la red sísmica nacional / Instituto geográfico nacional / Heraldo / Instituto geográfico nacional delegación de Cataluña / Protección Civil.