El ojo de talion

Comenzábamos esta semana con una noticia que era un secreto a voces a estas alturas: SEGA no solo ha decidido no lanzar Yakuza Ishin en Occidente, sino que prácticamente ha dado la espalda a futuras entregas de la serie en Occidente. Mientras redactaba dicha noticia, no podía sino pensar una y otra vez: ¿a qué demonios juega SEGA?

Es cierto que la compañía japonesa no se encuentra ni mucho menos que en la situación de bonanza cuando era una de las principales desarrolladoras de hardware que se batía el cobre contra Nintendo en las eras de 8 y 16 bits, y posteriormente contra Sony y sus dos primeras Playstation.

Con todo, y pese a la gravedad de la reconversión de SEGA en third party, la compañía japonesa supo sobreponerse y hacerse un hueco en las consolas de la competencia, e incluso el mercado de PC, adquiriendo prestigiosos estudios como The Creative Assembly y Relic, satisfaciendo a los estrategas más exigentes.

Y durante los inicios de Wii, Playstation 3 y Xbox 360, tampoco hemos podido quejarnos demasiado. Gracias a las obras de Platinum Games, SEGA puede presumir de haber producido maravillas como Bayonetta, Vanquish o MadWorld… por mucho que las ventas no les hayan acompañado.

Y es que esa es una de las obsesiones de la SEGA actual: el maldito dinero. No me malinterpretéis. Estamos hablando de una compañía de videojuegos, y su objetivo principal es conseguir dinero a través de videojuegos. Lo que ocurre es que durante los últimos años, la compañía japonesa parece haber buscado más el beneficio rápido y fácil que el prestigio y la consolidación de antaño.

Grandes joyas como Valkyria Chronicles palidecen ante despropósitos como Golden Axe: Beast Warrior, Yakuza: Dead Souls o el vergonzoso Sonic The Hedgehog de 2006 para Xbox 360.

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Hablando de Sonic, la mascota de SEGA ha ido alternando durante los últimos años producciones muy loables (Sonic Colors y Sonic Generations) con despropósitos (Sonic and the Black Knight), medianías como (Sonic and the Secret Rings), y juegos que han polarizado enormemente a crítica y público como Sonic Unleashed y Sonic Lost World. Este último contó con uno de los DLC más aberrantes de la historia del videojuego: con la reserva del juego en Amazon podíamos introducir un código para ganar 25 vidas extra de forma automática. Totalmente lamentable.

Afortunadamente, podemos rescatar de ese abismo de decadencia a las dos entregas de Sonic & SEGA All Star Racing, sucedáneos de Mario Kart, pero que cuentan con todo el espíritu de las franquicias clásicas de SEGA, una jugabilidad vertiginosa y muy bien conseguida y son totalmente multiplataforma, algo que seguramente agradecerán los que no cuenten con sistemas de Nintendo.

Si con Sonic nos hallamos en un territorio que nada entre lo estable y lo decadente, en lo que se refiere a viejas sagas consagradas de SEGA no podemos más que echarnos a llorar: Jet Set Radio, Crazy Taxi, Golden Axe, Streets of Rage, Shenmue… Todas han pasado a mejor vida, sin importar las constantes peticiones de los fans por traerlas a los tiempos actuales como se merecen, y no viviendo del cuento  con reediciones constantes y ports a precio de oro. La única franquicia que se ha salvado de esta debacle ha sido Shinobi, que cuenta en Nintendo 3DS con una entrega que recupera todo el espíritu clásico de Mega Drive, cargado de acción, plataformas y una dificultad desquiciante. Una joyita a reinvindicar y descubrir en el estupendo catálogo de la portátil.

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¿Queréis aún más pruebas de que la SEGA actual nos da una de cal y otra de arena? Mientras que en PC siguen siendo imbatibles en el terreno de la estrategia gracias a maravillas como la serie Total War o Company of Heroes, los JRPG “made in SEGA” han dado la espalda a Occidente: El caso de Valkyria Chronicles es el más notorio. Uno de los mejores Tactics JRPG que jamás se ha desarrollado pasó de contar con una primera y flamante entrega en Playstation 3, a una escueta secuela en PSP. Ambas vieron la luz por estos lares, pero no así su tercera parte, que no hemos podido disfrutar hasta hace bien poco, y solo a través de la labor desinteresada de los fans, que han trabajado durante meses para traducir el juego del japonés.

Con Phantasy Star  ocurre algo similar. Esta vetusta serie de JRPG dio el salto al mundo online con Dreamcast, consolidándose con Phantasy Star Online como uno de los pioneros en el juego online en consolas. Posteriormente llegó a más plataformas y contó con diversas expansiones, que hicieron que nuestro periplo por el mundo de Ragol fuera épico en compañía de otros amigos.

Meses después, tras mucho esperar, por fin se anunció Phantasy Star Online 2, tanto para PS Vita como para PC. ¿Y sabéis a dónde no ha llegado todavía el jueguito de marras? ¡A Occidente! Es cierto que podeís descargar el juego y disfrutar de él en perfecto japonés, pero un título de semejantes características se merece un lanzamiento internacional por todo lo alto.

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Terminamos ya este berrinche justo de la forma con la que comenzábamos: con Yakuza, que posiblemente sea la franquicia más maltratada fuera de todo Japón. Retrasos larguísimos, material recortado por cuestiones como “son minijuegos de corte muy japonés” o ausencias totales en nuestros mercados. Eso es a lo que SEGA se dedica con los pobres Kazuma y compañía. Es cierto que en países como España, Estados Unidos o Inglaterra, Yakuza no puede compararse a nivel de ventas con series como Assassin’s Creed, Call of Duty o Final Fantasy, pero eso no significa que no haya un nutrido número de usuarios dispuestos a disfrutar con los bajos fondos de Japón. Pero SEGA sigue erre que erre, limitándonos el disfrute de Yakuza. Afortunademente pudimos contar con el genial pero infravalorado Binary Domain, shooter futurista desarrollado por  los padres de Kazuma, pero aún así no es suficiente.

SEGA debe espabilar y dejar de ser una compañía tan irregular como ha ido demostrando en los últimos años, produciendo no solo genialidad y bazofia a partes iguales, sino que además ha maltratado a la mayoria de sus grandes juegos fuera de Japón. Esperemos que la todavía reciente adquisición de Atlus sirva para consolidar aún más a los padres de Shin Megami Tensei, y a reforzar a SEGA, porque falta le hace a esta última. No solo del nombre y de las rentas puede vivir una compañía de videojuegos, y anteriores batacazos sufridos deberían hacerles reflexionar, así que nos despedimos diciendo una vez más: ¿A qué juegas, SEGA?