Desde principios de este mes de junio corre por la red un curioso vídeo con sobre la felicidad de la gente en Fukushima.

fukushima

Este vídeo creado, por la Hitomi Kumasaka, experta en social media y productora audiovisual, está dando la vuelta al mundo con su cancioncilla pegadiza (Happy de Pharrell Williams). En esta versión, realizada a partir de la idea del videoclip original, se muestran a unos alegres habitantes de la ciudad de Fukushima, de hecho están tan alegres que bailan y sonríen demostrando lo sanos y felices que viven, más allá de la imagen de sufrimiento y desgracia que se creen proyectan hacia el exterior.

La verdad es que el efecto que está produciendo a nivel mundial este conmovedor y alegre vídeo es algo que les viene que ni pintado a los acérrimos defensores de la política del “aquí no pasa nada” y del «todo está controlado» que sostienen, a veces demasiado apasionadamente, tanto Tepco como muchos organismos oficiales. Curiosamente es más que oportuno, diría que es perfecto: una experta en social media graba un vídeo de difusión viral (con hashtag incluido en el título y todo) tocando la fibra de la gente y convenciéndoles de lo normal que es todo el Fukushima, cuando apenas hace unos meses (más o menos el tiempo en que se tarda en rodar y producir un vídeo de estas características) la zona se vio envuelta en una situación delicada al estallar la polémica entorno al manga Oishinbo. Su autor Tetsu Kariya se propuso publicar unos capítulos especiales titulados “La verdad de Fukushima en los que narraba, mediante el manga, su propia experiencia tras visitar la zona durante unos días. Lo que en principio debían ser tres capítulos quedaron en uno solo cuando, después de una gran polémica, se decidió dar un descanso a la serie y poniendo en su lugar un especial de diez páginas con opiniones oficiales del Gobierno japonés y diferentes expertos. ¡Toma Carpetazo! Y de paso, como a modo de propina, el autor se llevó una denuncia y una queja oficial desde el ayuntamiento de la ciudad de Futaba, por dañar la imagen de Fukushima.

En el vídeo se pueden ver a mucha gente de Fukushima riendo y bailando al ritmo de “Happy” para demostrar que el mundo no acabó para ellos el 11 de marzo del 2011, y que no todo es destrucción y lamentos, tal y como piensan en el exterior. Realmente nos alegramos por todos ellos. La experiencia que tuvieron que vivir fue un fuerte trauma emocional del que, como pudimos leer en el especial Fukushima tres años después, no todo el mundo logró superar.

Sin embargo, y sin querer quitarle encanto ni al vídeo, ni al gran trabajo de marketing viral que ha realizado Kumasaka (que ha conseguido que su obra se proyecte hasta en la BBC Brasileña enmarcada en los actos de la Copa Mundial), en el vídeo no vemos ni un solo escombro de fondo, ni una sola casa en construcción, ni un árbol quebrado… Por mucho que veamos el vídeo una y otra vez. Quizás han escogido a una porción demasiado pequeña de la zona.

Yo he sido la primera en alegrarme viendo el vídeo, que transmite una falsa sensación de normalidad, cuando a poco más de 80 km se están vertiendo “controladamente” o no, al mar miles de litros de agua contaminada por imposibilidad de retenerla, cuando varias fuentes avisan de la urgencia en aislar el edificio de la central frente a un posible nuevo colapso en caso de que otro gran terremoto vuelva a suceder y cuando se desconocen los efectos sobre la población a largo plazo de los efectos de esos primeros día de caos.

¿Nos tenemos que alarmar entonces? No, no tenemos que alarmarnos, incluso puede que Fukushima sea un bonito lugar para hacer turismo de nuevo, y realmente estamos seguros de que su gente agradece que se les deje de tratar como víctimas y el regreso a su vida normale. Una vez más la superación a la adversidad con entusiasmo y mucho esfuerzo, tan propia de los japoneses. Sin embargo no podemos ponernos una venda en los ojos, no todo en Fukushima, se vea o no en el vídeo, es tan «happy».