Regresa la última entrega de la temporada de la Guía Blanca/Guía Negra. Sí talonianos, ha llegado el momento de un descanso, de unas merecidas vacaciones (únicamente de la sección) y de recargar las pilas para regresar en septiembre con fuerzas renovadas, nuevas zonas, nuevos rincones y lugares misteriosos que os harán descubrir Japón de una forma diferente, original, fresca y única.

Pero nos queremos despedir de una forma entrañable, para que nos recordéis durante todo el verano, cada vez que veáis un conejo… ¿Cómo… un conejo (Usagi)? ¿Qué tienen que ver esos peluditos roedores con la guía? Lo entenderéis enseguida, porque dentro de la Guía Blanca/Negra de hoy nos desplazamos hasta la región de Hirojisma, dónde se encuentra una isla muy especial: Okunoshima, o como se le conoce comúnmente “Usagi Jima“, la isla de los conejos.

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¿Cómo llegar hasta Okunoshima?

Okunoshima es una pequeña isla que se encuentra en el Mar Interior de Seta, en la ciudad de Takehara, prefectura de Hiroshima. Para llegar hasta ella es necesario hacer la ruta del transbordador desde Tadanoumi a Okunoshima.

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Para llegar hasta la ciudad de Tadanoumi la mejor ruta es en tren, pero hacen falta varios cambios de línea para llegar. Primero es recomendable coger el tren Sanyo Shinkansen hasta la estación de Mihara, en la misma estación podréis coger el tren local de Kure hasta Tadanoumi, donde tendréis que bajar y hacer un breve trayecto a pie hasta el embarcadero.

Okunoshima, la isla de los conejos

Actualmente la isla de Okunoshima es el paraíso para los conejos, y para los amantes de estos animalitos tan adorables, que campan en libertad por toda la isla, conocedores de que no corren ningún peligro, pues hasta a los perros y los gatos se les ha prohibido la entrada para no romper la armonía de la que disfrutan los conejos en Usagi Jima. Los turistas les dan de comer y los roedores, conscientes de que son su fuente principal de alimento, ni les tienen miedo, ni respeto.

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Pero no todo fue tan apacible en esta isla, que guardó un terrible secreto durante mucho tiempo. Okunoshima  albergó durante la Segunda Guerra Mundial la fábrica del gas venenoso que los japoneses emplearon como arma química en China. La posición privilegiada de la zona, lejos de grandes áreas habitadas, y fortificada en la Guerra Ruso-Japonesa, propició el escondite perfecto para la terrible fábrica, y ni los mismos trabajadores, habitantes de la isla y zonas cercanas, conocían el uso y finalidad de lo que allí se fabricaba. El Gobierno guardó el secreto durante mucho tiempo, pues Japón era uno de los firmantes del Protocolo de Ginebra de 1925, el cual prohibía la guerra con armas químicas.

La fábrica, que fue abierta en 1929, produciendo más de seis kilotones de gas mostaza y gas lacrimógeno, se cerró al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día las ruinas siguen aún en pie, y se ha construido el Museo del Gas Venenoso para sobre de las espantosas verdades del gas venenoso.

Cuando la fábrica estaba en uso se utilizaban conejos para realizar terribles pruebas de efectividad, aunque según Murakami, director del Museo Museo del Gas Venenoso, los conejos que actualmente habitan la isla no tienen ninguna relación con los que en su día fueron víctimas inocentes de los laboratorios.

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Podemos creer al Sr. Murakami y pensar que la placentera vida de la inmensa colonia de conejos que hoy en día puebla Okunoshima es la compensación de Buda, en forma de buen karma, sobre todo el sufrimiento por el que tuvieron que pasar sus congéneres; o podemos sacar nuestro lado más conspiranoico y desconfiar de la versión oficial, pensando en que casualmente solo existe una isla a la que se le llama Usagi Jima en todo Japón ¿habrá influido de alguna forma en el crecimiento y la procreación de los animales en hecho de que las Fuerzas de Ocupación Aliadas se deshicieron del gas vertiéndolo, quemándolo y enterrándolo en la zona? ¿Queda algo de ese gas actualmente en las entrañas de la isla? Quizás no lo lleguemos a conocer nunca, tal y como demostraron décadas atrás con la fábrica de gas venenoso, Japón sabe esconder muy bien sus secretos.

Terminemos con una sonrisa

Pero no vamos a terminar este último capítulo de la Guía Blanca/Guía Negra con tan mal sabor de boca. En la isla, aparte de conejos, se ha creado toda una industria turística entorno a estos adorables animalitos. Los turistas que visitan Okunoshima pueden alojarse en el hotel, hacer unos hoyos en el nuevo campo de golf (imaginamos que plagado de conejitos) y disfrutar de la naturaleza en la zona de acampada.

Si hacemos una búsqueda rápida por Youtube nos salen vídeos como conejos sobre las reacciones de los animalillos cuando ven que un nuevo humano se acerca con intención de alimentarlos,… y así queremos despedirnos hasta septiembre, con una buena dosis de sonrisas conejeras 😀 ¡Hasta pronto talonianos!