[Texto publicado el 24 de septiembre de 2012]

Según las creencias sintoístas, religión mayoritaria en Japón junto con el budismo, todas las personas poseen un alma a la que llaman reikon. Cuando una persona muere deja el cuerpo y se une a los reikon de sus antepasados. Sin embargo, si muere de forma inesperada o violenta (en un asesinato, un accidente o un suicidio) y con una gran carga emocional, o si no se ha recibido una sepultura adecuada, el reikon se convierte en yurei, un espíritu atormentado que permanece en el mundo de los vivos buscando venganza o finalizar algún asunto pendiente. Los yurei se limitan a merodear por sitios próximos al lugar donde fallecieron, y cada uno de ellos tiene su propio nombre y triste historia.

Hoy vamos a hablar un poquito sobre una parte de la cultura japonesa menos conocida para el lector habitual: los fantasmas. Aunque son un elemento que a menudo vemos en muchos mangas, así como en algunos videojuegos de survival horror: ¿hemos pensado alguna vez cuan importantes son para los japoneses? ¿Por qué se repiten tantas veces en nuestra mente términos como rituales, sacerdotisa o shinigami?

En general, los japoneses son bastante supersticiosos. Las creencias populares son numerosas y variopintas: no te cortes las uñas por la noche o no reposaras junto a tus padres cuando mueras; si te cortas el pelo por la noche atraes a los fantasmas; si duermes con la cabeza apuntando hacia el norte morirás; cuando te pongas un yukata o un kimono que la parte derecha esté siempre por encima y la izquierda por debajo, si no morirás… Pero de todas las creencias, la más extendida sin duda es la existencia de los fantasmas. Historias y leyendas urbanas como la de la mujer fantasma con la boca cortada, el misterio de Kokkuri-san (es la ouija japonesa) o una de mis favoritas: Hanako-san, una estudiante fantasma presente en todas las escuelas de Japón. Hanako habita en lavabo de chicas siempre dispuesta a dar un buen susto a las inocentes colegialas en el momento más inadecuado.

Los fantasmas japoneses aparecen normalmente entre las dos de la madrugada y el amanecer, con kimono blanco funerario abrochado al revés, pies translucidos y largo pelo negro. Son una realidad para muchos japoneses que no dudan de su existencia.

Pero igual que ocurre en occidente, no todos los fantasmas son iguales, existen diferentes tipos de yureis:

  • Onryō: fantasmas vengativos.
  • Ubume: fantasma benéfico de una madre que murió durante el parto o dejando niños pequeños, y que regresa para cuidar de sus hijos o traerles dulces.
  • Goryō: fantasmas vengativos aristócratas que fueron martirizados.
  • Funayūrei: fantasmas de los que murieron en el mar.
  • Funayūreiurei: fantasmas de niños traviesos.

En el mundo del manga y los videojuegos podríamos encontrar muchos de estos fantasmas. Uno de los ejemplos más claros sería el de Kayako y Toshio, madre e hijo respectivamente de la película Ju-on, la cual fue convertida poco después en videojuego. Kayako, la madre asesinada, correspondería a un espíritu Onryō, y Toshio, el hijo aunque también murió asesinado, al ser un niño con pensamientos más inocentes y sin la búsqueda de venganza sería un funayūrei-urei. En la saga Project Zero también podríamos encontrar diferentes tipos de fantasmas, entre ellos más Onryō, Funayūrei-urei y varios Funayūrei.

En el mundo del manga también existen muchas referencias, como los mangas Rin-ne e InuYasha de Rumiko Takahashi, una autora que recurre muy a menudo en sus creaciones a la temática más clásica paranormal. Blue Exorcise, Tasogare Otome x Amnesia, Gakkōu no Kaidan, Seikimatsu Occult Gakuin y un larguísimo etcétera también son otro claro ejemplo.

Seguramente, la causa del fuerte arraigo de la creencia en los espíritus esté relacionada con la influencia de las creencia religiosas del budismo y el sintoísmo. Debido a ello, los japoneses no ven la muerte como el final de todo, sino como una evolución natural del ser, ya sea para reencarnarse (como dicta el budismo) o para unirse de nuevo a la fuente de energía “madre” (como muy bien se explica en la película de Final Fantasy: La fuerza interior), creencia propia del sintoísmo. Este pensamiento hace que la muerte no sea un hecho tan traumático para la sociedad como en los países occidentales, donde apartamos esta realidad de nuestras mentes agrupando y alejando los cementerios de las zonas urbanas, como si con este hecho pudiéramos ignorar la muerte. En Japón los cementerios están situados en los mismos templos donde las personas acuden normalmente a rezar o pedir el favor de alguna deidad, ya sea para aprobar un examen como para curar una enfermedad, y estos a la vez están repartidos indistintamente por calles, barrio y pueblos de todo Japón, en zonas de transito habitual.

Otra de las causas puede estar en que, así como en los países occidentales la industria y las nuevas tecnologías han marginado toda idea que no se pueda demostrar, Japón ha sabido conservar sus costumbres y creencias tradicionales a pesar del avance tecnológico. Ir al templo a rezar por una enfermedad, una entrevista de trabajo o un examen, llevar todo tipo de amuletos, etc., son hechos muy comunes en el país nipón.

Tristemente, en la actualidad, el tema de los fantasmas ha resurgido con mucha fuerza en las zonas devastadas por el tsunami del pasado 11 de marzo del 2011. Entre la gente que ha regresado a sus hogares en los pueblos arrasados por la ola se escuchan historias sobre gritos de auxilio en zonas deshabitadas, o colas de gente que aparece corriendo por en medio de los pueblos y que se desvanecen reviviendo los momentos a la llegada de la ola. En muchas de estas zonas se han traído a sacerdotes sintoístas para dar reposo al alma de los muertos y así mitigar los efectos de estas creencias en los vivos, como el caso de los trabajadores que reparaban un almacén, los cuales aseguraban que habían comenzado a enfermar por la presencia de Onryōs. Pero este tema, por su extensión, lo dejamos para la segunda parte de nuestro especial.

 Y vosotros, ¿creéis en los fantasmas? ¿O son como las meigas, que no existen, pero de “haberlas hailas”?