Esta semana descubriremos un yôkai que nace tras una tragedia de muerte y rencor, un temible gigante de huesos.

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Cuando un soldado muere en un campo de batalla o una persona muere por hambruna difícilmente se le puede dar una sepultura adecuada. Para los japoneses este hecho es muy importante, pues según sus creencias, un alma que no recibe los ritos funerarios oportunos puede convertirse en un yûrei, o fantasma, y si muere de forma trágica o con una gran ira, el rencor puede corromperle y transformarlo en un yûrei vengativo llamado onryo, dispuesto a cobrarse su venganza con los vivos.  Pero,  ¿qué ocurre cuando son cientos las almas que mueren juntas sin un funeral y con una gran carga emocional negativa? Hoy en “El Yokai de la semana” os presentamos a Gashadokuro (がしゃどくろ), el yôkai de los mil esqueletos.

El Gaskadokuro tiene el aspecto de un esqueleto gigantesco y se aparece en los campos de batalla y zonas marcadas por el desastre, siempre vagando sin rumbo en las horas más oscuras y frías de la noche. Sus dientes y sus huesos vibran y tintinean formando un extraño sonido espectral. Son muy peligrosos, mortales,  si una persona tiene la mala suerte de cruzarse en su camino lo aplastan con sus huesudas manos, como si de una pequeña y molesta mosca se tratara, o le muerden la cabeza, decapitándolos sin piedad.

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El Gashadokuro es un yokai que nace con la unión de cientos o miles de cuerpos muertos en un mismo lugar los cuales no han recibido la sepultura adecuada. El rencor, el resentimiento, la rabia y el dolor de sus corazones en el momento de su muerte los habría convertido en peligrosos onryo, sin embargo cuando existen cientos de víctimas que han fallecido en un mismo lugar invadidos por esos sentimientos negativos, sus desnudos cuerpos huesudos se unen y se convierten en un gigantesco y temible esqueleto. Tengo que recalcar que pese a su composición y naturaleza, el Gashadokuro es un yokai, o sea una criatura viva o con presencia física, no un yûrei (fantasma).

En la actualidad no es muy común los avistamientos de Gashadokuro, pero en otros tiempo cuando las guerras, las epidemias y el hambre azotaba Japón, estos yokais se solían ver paseando por las zonas más castigadas por las desgracias. El primer avistamiento de un Gashadokurose remonta a hace más de 1000 años, en la sangrienta rebelión del samurái Taira no Masakado. Cuentan las malas lenguas que cuando él murió su hija, Takiyasha-hime, heredó su causa y creó con magia negra un gran esqueleto para atacar la ciudad de Kyoto. De hecho la famosa pintura de Utagawa Kuniyoshi es la representación del gran yokai de Takiyasha.

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