Hoy en “El yokai de la semana” tenemos a uno de los seres más terribles, tanto por su apariencia como por sus características, con que nos hemos encontrado hasta ahora.

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Un yôkai que vive en el interior de las montañas, amo y señor de los bosques que habita. Rara vez se cruza en el camino de los humanos, pero dicen que sus poderosos gritos se escuchan, tanto de día como de noche, en muchos pequeños pueblos de todo Japón ¿Quién es este misterioso personaje? Se llama Yama-jijii, pero es más conocido por el ermitaño de un solo pie.

Los Yama-jijii miden entre 1 y 1,20 metros, no son muy altos, sin embargo su apariencia es terrible. Solo tienen una pierna y un ojo, en realidad tienen dos ojos pero uno es muy grande y el otro tan pequeñito que apenas se puede ver. Tiene el cuerpo muy peludo, cubierto de un fino pelaje grisáceo, aunque eso no impide que se le vea su tosca piel debajo. Suele ir vestido con harapos, ropa vieja y rota o simplemente sin nada en absoluto. Pero lo peor no es su aspecto, sino su boca, con unas mandíbulas capaces de romper los huesos de los jabalís o de los monos silvestres, y unos dientes tan afilados como letales. De su boca, se dice que salen unos gritos tan potentes y terribles que son capaces de mover las ramas de los árboles, partir los árboles en dos, romper rocas y sacudir tanto el cielo como la tierra, tal y como lo hacen los truenos y los rayos en las tormentas. Si un humano está cerca cuando un Yama-jijii grita, lo más probable es que le exploten los tímpanos, e incluso puede llegar a morir.

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Los Yama-jijii, como ya hemos mencionado antes, viven en las montañas y en los bosques más frondosos y oscuros, no suelen sentirse atraídos por las zonas habitadas por humanos y raramente se cruzan en su camino. A los Yama-jijii les gusta organizar concursos de gritos, y cuenta la leyenda que una vez un cazador retó a un Yama-jijii en uno de esos concursos. El avispado humano hizo trampas y disparó su arma a la vez que daba un alarido, el estruendo fue tan grande que el Yama-jijii asumió su derrota. Sin embargo poco después el yôkai se dio cuenta del engaño y se transformó en araña para colarse en la cabaña del leñador. Una vez el humano cayó dormido en la cama lo envolvió con su pegajosa tela hasta asfixiarle. En otra versión de la misma leyenda el cazador se consagra en el santuario de Ise antes de acudir al concurso. En el santuario otorgan a una de las balas de la escopeta el poder de no desviar nunca su trayectoria del objetivo marcado. El cazador escribió el nombre del Yama-jijii en la bala, y por ello después del concurso, cuando el yôkai acudía a buscar su venganza el cazador le mostraba la bala con su nombre y este salía corriendo.

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Ya sabéis talonianos, cuando el cielo ruge y se ilumina por la tormenta, no es debido ni a los rayos ni a los trueno, son los Yama-jijii que están celebrando un de sus famosos concursos de gritos bajo la lluvia.