Naruto, la obra de Masashi Kishimoto, llega a su fin con un capítulo doble que ha salido hoy a la luz en el número 50 de la revista Weekly Shōnen Jump. Si todavía no conoces el final de la obra, ¡cuidado! Este artículo contiene spoilers. Avisados quedáis 😉

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Hoy ha salido a la venta el número 50 de la revista Weekly Shōnen Jump, en la cual se podrá leer oficialmente (y de manera legal) el final de Naruto. Dos episodios (699 y 700) cuyo contenido se conoce desde hace unos días y que no han dejado a nadie indiferente, convirtiéndose en una de las comidillas de las redes sociales en particular y de Internet en general. Más de quince años (la serie comenzó a serializarse en septiembre de 1999) que, para algunos, se han pasado volando, mientras que para otros se han hecho eternos.

Este volumen de la popular revista de Shūeisha se ha convertido en un bien de coleccionista que ha incrementado su precio en Internet hasta quintuplicar su valor real. Y, seguramente, más de uno pagará lo que le pidan por conseguir este ejemplar que, a pesar de estar en un idioma desconocido o que no se domina, supondrá un “bonito” recuerdo del final de una etapa que se ha extendido durante un largo periodo que hacía tiempo estaba clamando por un final. Hecho que, a su vez, puede resultar triste para todos los que disfrutábamos, semana a semana, de la obra para, después, adquirir cada volumen en castellano. Y mientras los fans se desviven por conseguir los tomos de la serie, el propio autor de la misma, Masashi Kishimoto, afirma en una entrevista no ser consciente de hasta qué punto Naruto ha capturado a seguidores de todo el mundo que han seguido al pie del cañón las aventuras del joven ninja hasta su desenlace (con un Naruto ya no tan joven y más maduro).

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A pesar de lo que puedan decir otakus pro y anti Naruto, la serie no ha sido una excepción en el mundo del manga. Al igual que otros, ha sufrido sus altibajos, haciendo que los fans desesperasen en según qué episodios en los que la acción era nula y la palabrería, agotadora. No obstante, también ha contado con momentos dignos del recuerdo, como son el examen de chuunin (y la curiosa manera en que Naruto vence a Kiba en su combate), la primera pelea de Naruto y Sasuke en el Valle del Fin, la lucha entre Sasuke y Deidara, la batalla de los hermanos Uchiha, el regreso de Sasuke en la IV Guerra ninja (y su anuncio de querer convertirse en Hokage, toda una tragicomedia que llevó a muchos a pensar que, una vez más, Kishimoto se estaba quedando con los lectores de la serie) y, cómo no, esa viñeta final en la que se muestra a Naruto cumpliendo su sueño: convertirse en Hokage. Precisamente escenas como las mencionadas han hecho que Naruto fuese, le pese a quien le pese, uno de los estandartes de la conocida Weekly Shōnen Jump, convirtiéndose, además, en líder de ventas con algunos de sus tomos no sólo en Japón, sino también fuera de las fronteras niponas. Ejemplo de ello fueron los tomos 64, 66 y 69 de Naruto en Japón, que auparon la serie hasta posicionarse en el quinto lugar de las series más vendidas del 2013, o el volumen 55, que se posicionó el primero en la lista de los más vendidos tanto en Estados Unidos como en España.

Y, hablando del final, ¿qué se puede decir? Bien sabido es que nunca llueve a gusto de todos, pero quizás las críticas y alabanzas a este cierre están más que justificadas por ambas partes. En primer lugar, es necesario especificar que el fandom de Naruto es uno de los más grandes y potentes en la actualidad. Los seguidores incondicionales del NaruHina, del Sasusaku, incluso del NaruSasu/SasuNaru, ItaDei y demás parejas que se puedan ocurrir, han hecho que la popularidad de la serie creciese como la espuma, más por el mundillo creado a su alrededor en la cabeza de los lectores que por la propia obra en sí. Y a donde no podía llegar el fandom, llegaba el merchandising, haciendo que conseguir un kunai, una bandana de la aldea favorita, un anillo de Akatsuki (porque todos sabemos que Naruto no sería Naruto sin esa tropa de asesinos que dieron tanta vidilla a la serie), o simplemente un “disfraz” para hacer cosplay resultase imprescindible para demostrar hasta qué punto se era fan de la historia.

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Partiendo de este punto, es comprensible que los pro NaruHina y SasuSaku aplaudiesen como niños pequeños al conocer ese final que se parece más a un “happy ending hollywoodiense” que a un final al estilo y en la línea del shōnen que ha sido Naruto (el episodio 699 habría sido perfecto para ello). Y ese ha sido, precisamente, el descontento de muchos que han seguido la serie hasta este final que algunos califican de precipitado. Porque, siendo sinceros y objetivos, ¿era necesario juntar a todos con todos? Es decir, había cosas que se veían venir (Sakura ha sido tan insistente con Sasuke que este, seguramente, ha acabado con ella más por cansancio que por otro motivo, al igual que Naruto se queda con Hinata dado que esta le hacía caso mientras Sakura seguía suspirando los vientos por el vengador de los Uchiha). Sin embargo, otras escenas son completamente incomprensibles y extrañas, empezando por la familia formada por Chôji o Ino (con Sai) y siguiendo por ese Shino que más se parece a Frozono (Los Increíbles) que a él mismo. Más aún, conociendo la intención de Sasuke de querer revivir su clan, ¿de verdad cree que es suficiente con una niña, o es que Sakura le quitó las ganas de aumentar la prole? Porque hasta en eso Naruto le gana… Y, a la vez, algunos damos gracias porque personajes como Jiraya, Itachi y el resto de Akatsuki no hayan sobrevivido hasta el punto de verse en un final que ha buscado el conformismo de los fans. Llegados a este punto, personalmente, me gustaría saber qué tiene que decir Neji al respecto, ya que parece ser la única víctima de la IV Guerra ninja (o, al menos, el único caído del que Kishimoto se ha acordado en los últimos episodios).

Si nos centramos en la evolución de Naruto en España, podemos asegurar que la serie ha sido, en cierta medida, maltratada. Los fans del rubio más revoltoso y con el corazón más grande de la Villa Oculta de la Hoja conocieron a este pintoresco personaje hace ya muchos años gracias a la extinta Glénat. La filial española de la editorial gala fue la encargada de difundir y hacer que las historias de estos ninjas modernos fuesen atrapando a los otakus españoles uno tras otro hasta que, en menos que canta un  gallo, se había convertido en uno de los títulos considerados como “gallina de los huevos de oro” del mercado nacional. Aún así, eso no sirvió para que este título gozase de cierta estabilidad. Cuando Glénat España decidió separarse de su matriz y reconvertirse en Editores de Tebeos (EDT), Naruto sufrió su primer revés, afrontando un cambio de editorial que cambió la apariencia de sus sobrecubiertas. Pero ese no fue el único inconveniente que vivió el joven Uzumaki y cía, ya que, tiempo después, EDT desaparecería, cediéndole los derechos de publicación de Naruto a la editorial Planeta DeAgostini, suponiendo su tercer cambio tanto en aspecto de sobrecubierta como en periodicidad de publicación. Estos cambios se produjeron tanto en la edición española como en la catalana, y también afectaron al papel utilizado en su edición. Por ahora, al menos de momento, y llegado su final, Naruto ha encontrado la estabilidad de la mano de la editorial catalana que, en el último Salón del Manga de Barcelona, aseguró que, a pesar del fin de la obra, esta seguirá viva tanto para ellos como para los fans españoles.

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En este momento en que la “era Naruto” ha llegado a su fin se abre un amplio campo de posibilidades gracias al anuncio de la editorial Shueisha de una continuación que llegará a sus páginas en primavera de 2015. Una nueva historia que estará protagonizada por los hijos de los protagonistas originales. ¿Qué nos esperará en ese spin-off? ¿Demostrará Bolt su interés por seguir los pasos de su padre y su abuelo para convertirse en Hokage? ¿Se explicará por qué Salada se parece más a Karin (por sus ademanes) que a Sakura? Si Bolt y Salada acaban en el mismo equipo, ¿quién será el tercer miembro del mismo? Aún quedan muchas preguntas por resolver y, al parecer, muchas aventuras por vivir. Esperemos que el maestro Masashi Kishimoto esté a la altura de una continuación que parece más un intento de seguir ganando dinero gracias a esta saga que una segunda parte necesaria para atar los cabos sueltos dejados por la historia original (que han sido unos cuantos). Sólo el tiempo dirá si esta nueva obra atrapa a los otakus al igual que lo hizo Naruto. Lo que sí podemos afirmar es que, muchos de nosotros, echaremos de menos al rubio más gamberro de la Villa Oculta de la Hoja.

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