Descubre una película de animación que te llegará al fondo del corazón y te emocionará. Descubre La Colina de las Amapolas. ¡A por las palomitas, talonianos!

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Después de las fiestas navideñas, regresamos con las pilas cargadas para traeros nuestros manganálisis semanales. En esta ocasión, y para celebrar la llegada del año nuevo, vamos a dedicar nuestras reseñas a películas de animación nipona. Esta semana la cinta elegida es una de las últimas producciones del conocido Studio Ghibli. Preparad las palomitas y los pañuelos, porque comenzamos nuestra reseña de La Colina de las Amapolas.

Historia

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Japón, 1963. Umi Matsuzaki es una joven que, al morir su madre, se encarga de sus dos hermanos y de su abuelo al tiempo en que regenta la pensión Conquelicot Manor. Aparte, Uni tiene que estar al tanto de sus estudios. Todo esto hace que la vida de la chica sea una auténtica locura.

Un día se cruzan en su camino Shun Kazama, un muchacho que pertenece al club de periodismo, y Shirō Mizunuma, el presidente del consejo estudiantil. Ambos pelean por los derechos del edificio que acoge a las asociaciones de estudiantes, el Quarter Latin, que, si nadie lo impide, será demolido antes de los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964. ¿Podrán los tres salvar dicho lugar?

La Colina de las Amapolas (Kokuriko-zaka Kara) es un manga escrito por Tetsurō Sayama y dibujado por Chizuru Takahashi que se recopiló en dos volúmenes entre los años 1979 y 1980. Posteriormente, en 2010, la revista Kadokawa Shoten publicó de nuevo esta historia. Ese mismo año los responsables de Studio Ghibli confirmaron que iban a realizar la adaptación cinematográfica de la serie.

Tras meses de tráilers, imágenes y avances de todo tipo, La Colina de las Amapolas se estrenó en Japón el 17 de julio de 2011. Gorō Miyazaki, hijo de Hayao Miyazaki, fue el encargado de llevar al cine esta gran historia que estuvo producida por Toshio Suzuki. El propio Hayao Miyazaki estuvo presente en el proyecto a la hora de escribir el guión y de ilustrar uno de los carteles del filme.

Entre 2011 y 2014 la cinta ha estado presente en numerosos certámenes tanto en las categorías relacionadas con el cine de animación como aquellas destinadas a películas más dramáticas. Annecy, Festival de Cine de Gijón, Festival de Cine de Toronto… Muchas han sido las salas que han proyecto de forma muy acertada La Colina de las Amapolas.

Sorprendentemente, esta película no ha sido licenciada en nuestro país a pesar de que la inmensa mayoría de títulos de Studio Ghibli sí que han llegado a España. Veremos si con el tiempo alguna distribuidora consigue los derechos de la cinta y finalmente podemos adquirirla en formato doméstico. Toca esperar, talonianos.

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Conclusión

Tras el batacazo de Cuentos de Terramar, Gorō Miyazaki tenía un gran reto por delante con La Colina de las Amapolas. Un reto del que salió airoso, pues la película es una de esas pequeñas joyas que quedan ensombrecidas por otras superproducciones cuyo equipo de realización está formado por nombres de gran peso.

Volviendo a la película, esta posee un ritmo bastante lento (pero seguro), por lo que recomendamos que si la vais a ver lo hagáis bien provistos de palomitas y una buena manta. Sobre la animación no podemos decir nada malo, pues es una auténtica maravilla, tal y como nos tiene acostumbrados Studio Ghibli.  Aparte, el reflejo de la sociedad nipona de los años sesenta es muy bueno y nos muestra hechos que en un primer momento nos podrían parecer muy lejanos.

En definitiva, La Colina de las Amapolas es una cinta que merece un visionado en condiciones, pues más de uno seguro que descubre una buena producción que logró que Gorō Miyazaki consiguiera la redención. Desde aquí os animamos a que le echéis un vistazo para poder opinar sobre ella en esta entrada. ¿Qué os ha parecido, talonianos?