No os perdáis la historia de Takiyasha-Hime, hija de Taira no Masako, una figura muy importante del folclore y la mitología japonesa.

Takiyasha-Hime

Takiyasha-Hime fue la hija de Taira no Masakado (podréis consultar su historia en la Guía Negra del distrito financiero de Tokio), y pasó a la historia del folclore japonés cómo una hechicera muy temida que levantó a todo un ejercito de yôkais, en un intento por vengar la derrota y el asesinato de su padre Taira no Masakado, más conocido tras su muerte por la leyenda de la cabeza voladora y su maldición sobre, lo que en la actualidad es, el distrito financiero de la metrópolis de Tokio. La historia de Taira no Masako se hizo muy popular en el periodo Edo y fue representada en novelas, xilografías y hasta en el teatro kabuki.

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La leyenda de Takiyasha-Hime

Pero lo que hoy nos ocupa es la historia de su hija, Takiyasha-Hime. Según cuenta la leyenda, tras la derrota de Taira no Masakado su rebelión quedó anulada, su ejercito disuelto y la corte imperial declaró traidores a toda la familia Masakado, ordenando su inmediata ejecución. Pero dos de sus hijos, Yoshikado y Satsuki-hime, lograron escapar y permanecieron escondidos durante años en un templo situado en la base del Monte Tsukuba. Satsuki-hime se hizo monja devota y su hermano Yoshikado, más pequeño y menos interesado por la religión, pasaba los días jugando en la montaña a ser samurái.

Un día Yoshikado encontró un mago misterioso en uno de sus paseos de exploración por el monte. Este mago, llamado Nikushisen, le desveló a Yoshikado que era el heredero de Taira no Masakado y le dio un pergamino mágico con los secretos de la magia de «la rana«. Yoshikado regresó con su hermana y le contó lo que había ocurrido en el bosque con Nikushisen y todo lo que le había desvelado. Así fue cómo esa magia llegó hasta Satsuki-hime, que la estudió hasta dominarla, convirtiéndose en una maestra de la magia de «la rana» tomando el nombre con la que pasó a la historia: Takiyasha-hime.

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Pero cómo ocurre con muchas leyendas existen dos versiones diferentes de cómo la princesa recibió el nombre con el que pasó a la historia del folclore nipón.

La segunda versión el mago Nikushisen desaparece, y es Satsuki-hime quién comienza por propia voluntad a realizar en secreto la temida maldición «Ushi no Koku Mairi» (la visita al santuario a la hora del buey -más información en el enlace al reportaje sobre este ritual-). Todas las noches Satsuki-hime acudía al Santuario Kifume para realizar el ritual maléfico, hasta que un día despertó un espíritu violento del santuario, Aramitama.

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Aramitama le contó entonces los secretos del «onmyôdô» (una practica «mágica» que mezcla elementos naturales y esoterismo, basada en las teorías chinas sobre los Cinco Elementos y el Yin y Yang) y la instruyó hasta que tomó el nombre de Takiyasha-hime (Princesa de la cascada).

Sea cómo fuere, Satsuki-hime recibió un gran conocimiento de técnicas mágicas y ambos hermanos decidieron vengar a su padre y cumplir su sueño de derrocar al emperador, marcando el inicio de una nueva orden.

Takiyasha-hime y Yoshikado regresaron a la fortaleza de su padre, el Castillo de Sôma, en la provincia de Shimosa. Desde allí hicieron un llamamiento para que los soldados supervivientes leales a su padre, el gran Taira no Masako, se unieran a su causa y usando la magia Takiyasha-hime levantó un ejército de yôkais para poder continuar con la rebelión de su padre contra el emperador.

A todo esto se une otro personaje a la historia, Oya no Tarô Mitsukuni, un guerrero formado en el onmyôdô, pero que estaba del lado del actual emperador. Mitsukuni se infiltró en el Castillo de Sôma sospechando de los planes de los dos hermanos. Pero Takiyasha-hime, que estaba bien informada, enseguida supo que el soldado enemigo se había infiltrado y se disfrazó de prostituta para acercarse a él. Cuenta la leyenda que Mitsukuni, muy precavido, ya sospechaba que la princesa le tendería una trampa, por lo que cuando esta se acercó bajo el anonimato de su disfraz, Mitsukuni le comenzó a hablar sobre la terrible muerte de su padre. Takiyasha-hime no pudo contener el llanto y se marchó corriendo del lugar.

Aquella misma noche Takiyasha-hime le tendió una emboscada a Mitsukuni, tal y cómo plasma la famosa pintura ukiyoe de Utagawa Kuniyoshi, con un enorme Gashadokuro. Montada en el lomo de un sapo gigante y con el respaldo de un ejercito de yôkais, Takiyasha-hime asaltó a Oya no Tarô Mitsukuni, pero al igual que su padre la rebelión fue corta, finalizando casi antes de comenzar.

 

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