Super Bonk

Un buen día, las soleadas calles de China Town comenzaron a disfrutar de la compañía de una niña calva con vestido un niño con estética budista. Era tan bueno el día que hasta las mariposas volaban a su alrededor y las flores sonreían a su paso. Sin embargo, lejos de encontrarse feliz, al joven le dio por cambiar el ánimo de su cara una y otra vez, tanto que se convertiría en uno de los protagonistas más expresivos del mundo de los videojuegos.

Aunque no estaba demasiado clara su misión principal, quedó demostrado desde los primeros segundos de su paseo que le encantaban los caramelos. Y no es extrañar, puesto que los dulces podían cambiar su tamaño en cuestión de momentos, pasando a ser un gigante cabezón o un minúsculo niño, más pequeño que un insecto. Y así, a nadie le amarga un dulce.

 

 

De China Town a la inmensidad del espacio

Super Bonk podría definirse como un juego de plataformas, con toques de acción y humor. Esta aventura, creada por Red Company y publicada por Hudson Soft, vio la luz en el año 1994, de la mano de SNES. Su repercusión le permitió gozar de una versión para la Consola Virtual de Wii, que llegaría a Japón y a América del Norte.

Super Bonk SNES

Éste no fue el primer título de la serie. Más concretamente fue el cuarto, pero el primero en lanzarse en SNES, algo que, sin duda, contribuiría a darle una mayor fama. ¿Y qué tiene de diferente respecto al resto de juegos de su mismo género? Innovación, sorpresa y humor. Estas tres características son la clave para conocer en qué consiste Super Bonk o para recordar cómo fue.

La aventura comienza en China Town, lugar en el que conocemos al protagonista, no siempre tan simpático ni tan educado como debiera ser. Es en este escenario urbano donde el chiquitín empieza a hacer uso de sus habilidades, de sus potentes saltos y de sus golpes. Donde arranca flores para colocarlas encima de su cabeza y lanzarlas a los enemigos. Donde aprende a romper piedras a base de cabezazos. Donde demuestra que se le da mejor que a nadie nadar a contracorriente por una cascada. Donde comenzamos a cogerle un cariño especial.

Super Bonk juego

Cada rincón esconde varios caminos, ya sea en la ciudad, en las cuevas o en el interior de cócteles. Al protagonista lo mismo le da recorrer habitaciones repletas de zumos de naranja, que convertirse en un cangrejo o viajar a la velocidad de un cometa por el espacio. Puede pasar de un lugar a otro, por remoto que sea, en cuestión de segundos, al igual que cambiar su aspecto físico. Algunas de sus transformaciones físicas pasan por nuevas habilidades, como el uso de disparos o la destrucción de edificios, mientras que otras se limitan a caras de enfado, de risa, a lloros y a, simplemente, locura. Los cambios de tamaño constantes, necesarios para acceder a determinados rincones, contribuyen a darle una apariencia que, en ocasiones, llega a ser hasta terrorífica.

Así, el bebé gruñón puede cambiar su vestidito, convertirse en un cangrejo y en un zombi o, mejor aún, hacer rodar su propia cabeza aún a riesgo de perderla. Todo con el objetivo de acabar con los enemigos, ya sean más grandes o más pequeños, y aunque en ocasiones no quedé del todo claro si él es el malo frente a las pobres criaturas torturadas….

 

 

Una apuesta por los minijuegos

El caótico mundo de Super Bonk presenta algo de orden al estructurarse en varios actos. Además, cada escenario cuenta con numerosos corazones, que sirven para recuperar salud al protagonista y evitar así un trágico final, que no solo le obligaría a retroceder, sino a dar una peor imagen de sí mismo. No es para menos, ya que cuando pierde la vida se desploma en el suelo, a la par que una enorme mucosidad empieza a colgarle de la nariz.

Super Bonk China Town

Con ello, puede decirse que en cuestión de vidas estamos ante un juego sencillo, ya que es difícil que el bebé muera. Lo que ya no resulta tan fácil es aprender a sacarle partido a la combinación de movimientos, que permitan, por ejemplo, acabar con un enemigo mediante un salto de cabeza o tener la puntería necesaria para realizar un buen disparo con un objeto. Porque aunque sus controles no presentan una gran complicación, sí requieren de cierta habilidad.

Esta habilidad se pone a prueba a través de los minijuegos. Con gran frecuencia, el protagonista es transportado a un nuevo lugar, en el que desconecta de todo por unos segundos para enfrentarse a un pequeño juego, a modo de bonus. Estas pruebas pasan por encontrar la meta en un laberinto, introducir flores en una cesta en movimiento, por hinchar un globo hasta que explote o por disparar a caritas sonrientes. En caso de superar el reto, el jugador obtiene una importante suma de puntos, muy útiles para ir engordando el marcador final. Si no lo supera antes de que el tiempo finalice, tendrá que volver al lugar del que provenía con las manos vacías y sin la opción de intentarlo de nuevo.

De esta forma, los minijuegos se convirtieron en uno de los mayores atractivos del juego, convirtiéndolo en un título diferente, con muchas más posibilidades y con grandes alegrías con cada nuevo pequeño juego. Todo acompañado de una colorida estética, ideal para apreciar los continuos cambios del niño y que refleja a la perfección todos los detalles, ya sean terrestres, aéreos o marítimos. Así, Super Bonk, recordado como el juego en el cual el protagonista se transforma una y otra vez, nos demuestra que no hay que ser Super Mario para poder acceder por las tuberías y que se puede recolectar caramelos de una manera divertida (ahí queda eso, Candy Crush Saga). ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!