Reseña de Kanji para recordar, un método de estudio de los kanjis basado en la imaginación que otorga unos resultados excelentes.

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Aprender japonés es una constante en los aficionados al manga, a los videojuegos y a la cultura nipona. De hecho, los que hablamos español tenemos mucho ganado con el idioma, ya que su pronunciación, exceptuando algunos casos, es idéntica.

El comienzo del estudio es además muy prometedor. Aprender hiragana y katakana, construir las primeras oraciones simples y chapurrear algunas palabras se consigue bien rápido, con resultados alucinantes si estamos motivados y dedicamos el suficiente tiempo al estudio. Pero el japonés, queridos amigos, es uno de los idiomas más complicados del mundo, y si hay pocos no nativos que lo dominan a la perfección es por una buena causa: el estudio de los kanjis.

 

¿Por qué es titánico el estudio de los kanjis?

Los kanjis son caracteres originalmente chinos introducidos en Japón por unos monjes budistas coreanos. Los japoneses comenzaron a experimentar con ellos entre los siglos IV y VII de nuestra era, adaptándolos y añadiendo sus propias contribuciones, algo que todavía siguen haciendo en la actualidad. Hoy en día existen casi 2200 kanjis considerados de uso general. Cada uno de ellos tiene su número y orden de trazos, además de diferentes lecturas y significados dependiendo del contexto o de su combinación con otros kanjis. ¿Apasionante, verdad? Pues de echo lo es, ya que pocas lenguas poseen semejante riqueza.

Cuando comenzamos a estudiar los kanjis todo nos suena a chino (perdonad por el chiste fácil). Lo único que vemos es un montón de trazos sin sentido que nuestro cerebro trata de asimilar, comprender y retener al precio que sea. ¿Resultado de todo esto? A no ser que tengas una capacidad de retención visual asombrosa, el fracaso más absoluto. Tal y como nos cuenta James W. Heisig en Kanji para Recordar, libro en el que se centra nuestra reseña de hoy, el problema del estudio de los kanjis a través del método tradicional es que nuestra memoria visual no dispone de recursos que nos permitan sostener la imagen de un kanji que estamos tratando de memorizar. Por lo tanto, cuando intentamos reproducir lo aprendido dos o tres días después, contemplamos con horror que no somos capaces hacerlo y terminamos ofuscados, hecho que en la gran mayoría de los casos desencadena en el abandono del estudio del idioma.

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Como Tallon4 es una web con un gran contenido de videojuegos no puedo resistir la tentación de equiparar el estudio de los kanjis a la experiencia jugable que proporciona Dark Souls. Ambos representan un reto titánico para la persona, requieren una gran dedicación y fuerza de voluntad para ir avanzando, en ocasiones te dan ganas de mandarlo todo a la porra cuando no consigues superar lo que te habías propuesto y supone un camino que parece interminable. Eso sí, cuando consigues superar etapas y avanzas te sientes el puto amo. ¡Eso no te lo quita nadie!

Entonces, si el estudio de los kanjis es tan complicado, ¿cómo es que los japoneses legan a dominarlos? La respuesta es simple: dedican gran parte de su etapa escolar a aprenderlos y viven en un mundo que está rodeado de ellos. Los periódicos, los carteles publicitarios, los botones de los ascensores, los menús en los restaurantes y todo lo que podamos imaginar está escrito en kanjis, por lo que el japonés, desde bien pequeño, se acostumbra a ellos y los va descubriendo a la par que se va formando académicamente.

Bien, con todo lo expuesto hasta ahora, parece claro que o nos vamos a Japón a estudiar –no suena mal si tienes el dinero necesario- o realizamos una tarea titánica de estudio para aprender los más de dos mil kanjis, ¿no? Pues bien, ¿qué te parecería intentar un tercer método que basa todo su potencial en nuestra imaginación y que realmente funciona? ¿A que suena genial? Pues sigue leyendo, que entramos en detalle.

 

El estudio de los kanjis gracias al poder de la imaginación

Yo, que llevo muchos años intentando aprender japonés, siempre me he visto superado por los kanjis. Además, es un caso bien curioso, porque su estudio me fascina, pero también me termina deprimiendo al comprobar que voy olvidando muchos de los caracteres estudiados. Por ese motivo me decidí a probar el método de Kanji para Recordar, un libro de la editorial Herder escrito por James W.Heisig y adaptado fantásticamente por Marc Bernabé y Verònica Calafell, del que siempre había oído hablar bastante bien.

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Debido a mi desinformación, pensaba que el método de estudio propuesto en el libro iba a ser totalmente tradicional, con el añadido de algunos truquitos que me permitieran retener el kanji. Afortunadamente, no podía estar más equivocado. Kanji para Recordar se aleja completamente del método de retención convencional y nos propone recordar un carácter a través de pequeños cuentos haciendo uso de la memoria imaginativa. ¿Qué? ¿Que qué es la mejoría imaginativa? Pues es la capacidad de evocar imágenes creadas en la mente, sin contar con el apoyo de ningún tipo de estímulo visual real o recordado. De esta forma, el estudio de los kanjis se basa a groso modo en generar un alfabeto imaginativo que iremos expandiendo generando imágenes más complejas a través de las ya aprendidas.

Kanji para Recordar se divide en tres partes. En la primera, llamada Cuentos, el autor nos presenta un kanji, nos muestra el orden de sus trazos, nos indica su significado clave en español y el que tiene cuando actúa como componente de otro kanji, y nos narra una pequeña historia pensada para ese carácter en concreto. Los cuentos están pensados de forma muy cuidadosa para que rápidamente los podamos asociar al kanji y dejar que nuestra imaginación haga el resto. Además, están explicados de forma que hacen que la mayoría de ellos los retengamos de casi inmediatamente. –Marc, que sepas que la asociación del kanji de grande con un San Bernardo y sus macabras aplicaciones me hicieron reír un montón- En la segunda parte, llamada Argumentos, se presupone que ya nos hemos adaptado al método, por lo que el autor elimina los cuentos y nos presenta unos simples argumentos para que nosotros mismos desarrollemos nuestras propias historias. Finalmente, en la tercera parte llamada Componentes se nos facilitan tan solo algunos consejos y apuntes.

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Hay que señalar que en este método de estudio no vamos a aprender las diferentes lecturas de los kanjis en japonés, ya que no forma parte de él y tendremos que hacerlo nosotros por nuestra cuenta. Yo aconsejo hacerlo cuando hemos dominado ya el método propuesto, ya que al menos en mi caso me he encontrado muchísimo más cómodo y suelto al poder reconocer los caracteres desde el primer momento.

 

¿Funciona Kanji para Recordar?

Sabemos el problema que supone el estudio de los kanjis y el método que nos propone Kanji para Recordar, ¿pero realmente funciona? Pues bien, yo soy la prueba viviente de que, al menos en mi caso, sí ha sido un método eficiente. Comencé a leer y practicar con el libro en el metro. Lo utilizaba en el trayecto al trabajo, con solo veinte minutos disponibles y con lo que el transporte público conlleva (gente apretada, empujones, músicos tocando al lado tuyo, incomodidad…) Pues bien, a pesar del enorme hándicap me di cuenta de que conseguía recordar el 80% de los kanjis que iba estudiando, algo que me dejó flipado y que consiguió motivarme lo suficiente para utilizar el libro en casa, lugar en el que su potencial se disparó gracias a la tranquilidad del hogar.

En la actualidad, después de dos meses de estudio y con solo treinta minutos al día de dedicación, he conseguido retener ya 500 kanjis en un par de meses. ¡500 kanjis! Creedme, si hace un par de meses alguien me dice que conoce un método que me haría recordar tal cantidad de kanjis le habría tildado de loco.

Con todo esto no quiero decir que Kanji para Recordar sea milagroso ni que vaya a funcionar a todo el mundo, ya que es un método de estudio y como tal requiere su dedicación. Además, puede que haya gente que se sienta más cómoda usando el método de estudio tradicional. Lo que sí puedo asegurar es que es una forma alternativa para aprender kanjis que funciona y que puede suponer una puerta hacia la libertad en el gran muro que su estudio supone.

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