Urban Champion

Si vemos, desde la ventana, que dos personas se están peleando en la calle, existen tres opciones: llamar a la policía, volver al sofá a ver la televisión o bajar a intentar separarlas. En Urban Champion, se cumplen las dos primeras en mitad de una pelea. Sin embargo, la tercera posibilidad es sustituida por lanzar macetas (con planta incluida) desde el balcón. ¿Quién ha dicho que ésta no sea una buena opción?

Aunque la verdad es que tampoco hubiese sido mucha molestia bajar a separar a los dos individuos que se pasan las horas peleando en la calle, teniendo en cuenta que no tienen el cuerpo clásico de los luchadores en los juegos de pelea. Más concretamente, son dos chicos delgaduchos, que solo saben pegar puñetazos. Eso sí, de diferente intensidad.

 

La fórmula para imponer al rival con un pelo de colores

Urban Champion da una lección muy valiosa. No es necesario ser todo músculos, ni tener una piernas fuertes para imponer al rival en una pelea. Tampoco se hace necesaria una camiseta ajustada, ni tatuajes por todo el cuerpo. Y, ni mucho menos, es imprescindible ir con cara de borde por la vida. Los dos hombrecillos de este juego representan a personas simpáticas, delgadas, con ropa de calle y con el pelo azul y verde. Ambos tienen el mismo aspecto físico y se diferencian solo por el color de su pelo, de su bigote y de su ropa.

Urban Champion NES

¿Cómo es posible imponer al rival así? Tal vez se deba a que piensen que el color de pelo de su compañero sea contagioso o que, el hecho de ser idénticos físicamente, les lleve a creer que es a sí mismos a quienes pegan, en una lucha contra su propia y odiada personalidad. Teorías reflexivas aparte, Urban Champion es un juego para NES, que vio la luz en 1984.

Se definía como un juego de lucha y, aunque por esa época no contaba con demasiados competidores, pronto se convertiría en una apuesta diferente, alejada de la estética y de la jugabilidad de buena parte de títulos del género. Sin embargo, la crítica no estaba muy de su parte. Tal vez fuera por su simplicidad, por su monotonía en los escenarios o por las pocas posibilidades de movimiento. Pero no sería para tanto, dadas las remasterizaciones que se realizaron para consolas como Wii o Nintendo 3DS. Empezando porque cuenta con un modo para dos jugadores, algo de agradecer en esa época.

Nada más encenderlo, el jugador se encuentra con la gran elección de competir contra la máquina o contra otro jugador que se encuentre en esa misma habitación. Con cualquiera de las dos opciones, los escenarios, los protagonistas y la mecánica de juego serán exactamente iguales. Aunque ya se sabe. Jugar al lado de un amigo siempre resulta más divertido (y gratificante) que contra la propia máquina, sobre todo cuando se trata de un título en el que pegarse puñetazos es el mayor atractivo.

Urban Champion escenario

Así, nos encontramos ante una lucha entre dos personajes. Todo el juego se divide en distintas rondas, que no requieren de una nueva pantalla para anunciarse. Y, todas ellas, se conforman como una larga calle sin fin. Por ello, mientras que los protagonistas se lían a puñetazos, se pasa por delante de librerías, barberías, bares y tiendas de descuento. Cada una se repite hasta la saciedad y, además de servir a modo de decoración, se utilizan para que el escenario participe en la jugabilidad.

 

Un trágico final: caer al interior de una alcantarilla

El objetivo de Urban Champion no podía ser más claro. Hay que tirar al rival a una alcantarilla, lo que proporcionará la victoria y, con ella, el pase a una nueva ronda. Por supuesto, puedo suponer una derrota, puesto que se trata también del objetivo del luchador contrario. Ya sabemos que el juego está dividido en rondas. Éstas se encuentran determinadas por calles, es decir, si empujamos al rival hacia una nueva calle, habremos superado una nueva ronda. Y, cada tres calles, existe la posibilidad de introducirle en una alcantarilla si seguimos empujándole con éxito. Esto supondrá un extra añadido, que no es otro que ver como una mujer lanza confeti de colores desde su ventana. Aunque lo cierto es, que la muy traidora simpática, no dudará en tirar también confeti encima del rival si es él quien gana la batalla.

Para hacer retroceder al rival y llevarle hasta la siguiente ronda y, con ello, hasta la alcantarilla más próxima, nuestro hombrecillo cuenta solo con el poder de sus manos. Nadie le ha enseñado que las patadas, los cabezazos o los agarres también son eficaces en una pelea, por lo que ambos se contentan, exclusivamente, con pegar puñetazos. Por suerte, algunos de ellos son tan fuertes que hacen que el rival caiga hacia atrás, permitiendo ganar tiempo para atestarle un nuevo golpe (en la modalidad de juego contra la máquina no es difícil seguir siempre un mismo ritmo, que permite llegar hasta un nivel avanzado).

Urban Champion juego

Como juego de avance lateral en dos dimensiones, la emoción reside en llegar a la máxima ronda posible sin perder la vida. Así, en caso de tener que volver a empezar desde el principio, existe el reto de aguantar con vida durante más rondas. A esto se le suma que las rondas cuentan con tiempo, por lo que, o cogemos ventaja rápidamente, o el paso de los segundos empezará a poner de los nervios. Suerte que el tiempo vuelve a su valor iniciar con el paso de las rondas.

Para que el tiempo pase más rápido, y por supuesto para que el jugador no se aburra perdido en la monotonía, hacen su aparición vecinos enfadados y coches de policía. Los primeros optan por tirar macetas desde los balcones de los edificios y, en su modalidad individual, le tienen una gran manía al protagonista, ya que es él quien tendrá que esquivar casi todos los lanzamientos. En caso de ser herido, se tumbará en el suelo algo aturdido, suponiendo una ventaja para el rival. Por su parte, los coches de policía, que aparecen muy de vez en cuando, hacen que los dos hombres se separen y disimulen, silbando y mirando hacia el cielo. Aunque no parecen muy convincentes, la policía pasará de largo enseguida, pero si uno de los dos llevaba algo de ventaja, la perderá por completo.

Con un juego tan sencillo en cuanto a objetivo, argumento, estética y banda sonora, no es de extrañar que sus controles también lo sean. Esta sencillez, que para muchos lo convirtió en un título de muy baja calidad, para otros tantos sirvió como referente, estando ante una apuesta entretenida que refleja la lucha en la calle. Su dificultad nunca fue su punto fuerte y hay que reconocer que no habría estado mal añadir algún que otro edificio diferente, pero no hay que olvidar que estamos ante un juego de la década de los ochenta del género lucha. Y ya se sabe. Este género no ha contado nunca con un trasfondo ni con una originalidad características, salvo excepciones. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!