Cuando hablamos de fantasmas, o espíritus, siempre damos por sentado que son las almas de las personas muertas, pero eso no siempre es así, al menos no en la mitología japonesa. Según el folclore popular nipón existe un tipo de espíritus, llamados ikiryô, que corresponden a las almas de personas que aún están vivos, pero que, por diversos motivos, pueden desdoblarse de sus cuerpos y materializarse en forma de espectro fantasmagórico. ¿Queréis conocerlos mejor? Hoy en El Yûrei de la semana, los ikiryô.

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Ikiryô, el alma fantasmal de los vivos

Los ikiryô adquieren los mismos rasgos físicos de las personas a quienes corresponde el cuerpo, pero se muestran de forma fantasmagórica y translúcida, aunque a veces la materialización es tan débil que apenas puede distinguirse el rostro de la persona.

Se pueden crear por muchos motivos, y casi todos ellos guardan similitud con las transformaciones en fantasmas de las almas de los ya muertos, por ejemplo por un deseo u odio muy intenso o por una maldición, aunque también pueden aparecer por una experiencia cercana a la muerte o debido a un desmayo. Una peculiaridad curiosa de los ikiryô es que en casi todos los casos el dueño del alma, el ser humano vivo, suele conocer y ser consciente de la existencia de su yo fantasmal.

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Históricamente, en la antigüedad, de definía a los ikiryô como el alma de aquellos que están a punto de morir. Por ello eran muy comunes las historias de este tipo de fantasmas durante la época de las guerras civiles en Japón. Las almas de los soldados eran vistas con asiduidad despidiéndose de sus familiares y amigos, vagando por los campos de batalla o incluso orando en algún templo durante las horas inmediatamente posteriores a su muerte.

Durante el periodo Heian fueron más populares las leyendas que asociaban a los ikiryô con historias de amor y celos, generalmente el alma era la de la mujer que sentía tanta pasión y amor que su espíritu se desprendía del cuerpo para ir a ver a su amado, que no siempre podía estar solo en su alcoba… Esto parece muy romántico, sin embargo la obsesión se tornaba contra el acosado hasta convertirse en un martirio y una maldición que podía llevar a la muerte.

Aunque como ocurre en el mundo de los fantasmas japoneses actuales, la forma más común de los ikiryô era la nacida por una fuerte emoción negativa, como la ira o la venganza. Las maldiciones “Ushi no mairi koku” o “ichijama”, por ejemplo, son ceremonias en las que una persona envía conscientemente su alma para matar o herir a su enemigo.

Y en el periodo Edo se comenzó a asociar los ikiryō con enfermedades del sueño tales como el sonambulismo, el “rikonbyô” (o síndrome del alma independiente) o el «Kage no yamai» (enfermedad sombra). Se decía que aquellas personas que las padecieran podían sacar su alma del cuerpo mientras dormían y ser conscientes de todo cuanto ocurría a su alrededor.

La creencia en los ikiryō ha persistido incluso en la actualidad, asociándolos a las experiencias de personas que se aparecen a sus familiares en los momentos cercanos a su muerte. La idea de que en algunas ocasiones al alma puede salir del cuerpo de un ser humano vivo y tener una experiencia fuera del mismo persiste también, hay muchos casos documentados en todo el mundo y sigue siendo tan real como inexplicable.

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Un ejemplo más común 😉