Inventan los hoteles japoneses para llorar equiparando la vergüenza del llanto a la par que la vergüenza de los encuentros furtivos sexuales en los Love Hotels… ¡Estamos locos!

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Esta mañana me encontraba con una noticia que a simple vista puede parecer hasta graciosa: “El hotel Mitsui Garden Yotsuya en Tokio ha creado unas habitaciones, orientadas al público femenino, con todas las comodidades para que puedan ir a llorar libremente”. Me reiría, o al menos, sonreiría sarcásticamente, si no fuera por el gran problema social y sexista oculto tras esta curiosa noticia.

Por favor, dejarme las siguientes líneas para desahogarme a gusto… Si os interesa más la noticia la podéis encontrar en el siguiente enlace.

Por partes; el problema sexista. Todos sabemos que existen algunas diferencias, no solo físicas, entre hombres y mujeres, es evidente y no es malo admitirlo, somos diferentes, pero ello no conlleva que seamos mejores o peores. Las mujeres tendemos a ser más emotivas, ya sea porque nos han enseñado a serlo o porque está en nuestra naturaleza. Los hombres en cambio siempre han tendido a reprimir esas emociones, en especial las de tristeza, por presión social. Quién no ha escuchado una y otra vez frases como “Los hombres no lloran” o “Llorar te hace una nenazas”, un falso mito que no solo reprime sentimientos y niega una realidad, sino que crea una incomodidad social a la hora de expresarse ¿Por qué los hombres no deben llorar y a las mujeres se nos permite? ¿En serio vivimos en el siglo XXI?

No obstante estamos hablando de que la gente que acuda a este tipo de hoteles está en una situación de presión, desequilibrio o problema emocional que sobrepasa lo habitual, por lo que, en mi opinión, orientar comercialmente este tipo de habitaciones a mujeres es un tópico que solo fomenta esa desigualdad entorno a un hecho tan natural como es llorar, en un país que además, no es un abanderado en cuanto a derecho por la igualdad de géneros.

Otro de los terribles problemas que refleja esta noticia es la incomodidad de expresar las emociones en público. Actualmente ver a alguien expresar sus emociones abiertamente no está bien visto, exceptuando la felicidad o la alegría moderada (que incluso se falsea muchas veces para demostrar lo feliz que eres frente a los demás aun cuando no es así). Cuantas personas has visto que derramen alguna lágrima por la calle, incluso en la comodidad del hogar llorar con una película o emocionarte puede suponer una situación incómoda para los miembros de una misma familia. Cuando te enfadas, enseguida se te avisa que debes de bajar la voz, no sea que alguien sepa que te has enfadado. Y cuando estás pletórico y alegre, te piden que “moderes tu alegría”, para no llamar la atención.

Pero queridos talonianos, si estas cosas ocurren aquí en España imaginaros en Japón, un país en el que una de las máximas a nivel de comportamiento social es no hacer nada que incomode a los demás, sean desconocidos, amigos o familiares. Japón tiene un gravísimo problema social, especialmente en sus ciudades más grandes como Tokio, que ocasiona que existan “especies” que nos puedan parecer tan curiosas como los herbívoros (lo chicos que se idolatran a sí mismos) o los hikikomori, aquellos que se encierran en su habitación y no vuelven a salir por la incapacidad de afrontar la presión social a la que son sometidos constantemente. Todo ello ha hecho que, por ejemplo, los Cat Café sean tan abundantes como los sex shops;  el primero por la necesidad de muchos japoneses de sentir el contacto y el cariño, aunque sea a través de un animal, y el segundo por la necesidad del sexo sin la incomodidad de los sentimientos o la expresión de emociones frente a otras personas.

Solemos decir que Japón nos lleva años de ventaja, sinceramente, espero que siempre hayamos estado equivocados.

Pero mientras intentamos arreglar el mundo, y para nuestros momentos de debilidad, siempre nos queda desahogarnos en el hotel Mitsui Garden Yotsuya por un precio de 74,5 euros la noche. Aunque ya sabes, si eres un “machote” mejor que te pongas peluca, no sea que te estigmaticen socialmente. Desde luego solo ofrecen habitaciones individuales, no sea que alguien descubra que somos personas y no robots.

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