City Connection

En este mundo cruel, atropellar a un gato no tiene mayores consecuencias que una visita al mecánico. Si el gato sigue con vida, bien por él. Y, si no, encima culparemos al pobre animal de los posibles gastos económicos (si es que los hay) causados por la reparación del golpe en el vehículo. Sin embargo, hubo un mundo muy muy muy lejano, en el que el atropello de un felino tenía consecuencias tan duras como la pérdida de la propia vida.

En ese mismo universo, chocar contra un coche de policía tenía consecuencias peores. Sí, peores que perder la propia vida. Si se producía un accidente de este tipo, el vehículo se rompía en pedacitos que volaban por los aires, conductor incluido. Por supuesto, los coches de policía seguían en perfecto estado. City Connection fue ese “maravillo” lugar, en el que los gatos y los policías gobernaban la ciudad de Nueva York. Y en el que los visitantes preferían dejar su marca como recuerdo, en lugar de comprar una postal…

 

Pintar todo el suelo de Nueva York, ¿misión imposible?

Los buenos turistas acostumbran a llevarse una postal, un llavero o un imán para mostrar a los demás que han estado en una ciudad. Los no tan buenos prefieren escribir su nombre en algún callejón (o peor aún, cerca de un monumento) con la esperanza de que futuras generaciones les recuerden y alaben de por vida por su bonita firma o de regresar décadas después con sus nietos para mostrarles lo valientes que fueron por estar en aquel lugar.

City Connection NES

Lejos de los artistas de “La Jenny y el Jony estuvieron aquí”, existen turistas aún peores. O, al menos, en el increíble mundo de City Connection. El susodicho es un conductor de un pequeño coche rojo, que se ha propuesto pintar todo el suelo de Nueva York. La carretera presenta un bonito aspecto cuadriculado, que parece no gustar al turista, puesto que su misión es transformar todo el suelo de un solo color. Cueste lo que cueste.

City Connection es un juego de habilidad, acción y plataformas, aparecido en 1988 de la mano de Jaleco y que alcanzó su máxima popularidad gracias a su versión para NES. En la pantalla de inicio ya conocíamos a su protagonista: un joven rubio que, lejos de despertar cualquier tipo de cariño, era común que fuese objeto de insultos por parte del jugador. Y es que, una vez escondido dentro de su coche, menudo “inútil” podía ser por no frenar a tiempo. Qué “pésimo conductor” por chocarse con quien no debe. Y vaya un “tonto” por lanzar latas cuando no hacían ningún efecto.

Así, ya en el interior del juego, el jugador se encontró en la parte más alta de la ciudad. Su coche podía moverse hacia los lados a diferente velocidad, saltar y disparar latas para acabar con los coches patrulla que le perseguían. Con solo moverse, ya pintaba el suelo, pero pronto se encontró con una gran dificultad. La ciudad era enorme y el coche no frenaba excesivamente bien, lo que provocaba caídas de un piso a otro. El truco para colorear cada uno de ellos era reducir la velocidad, puesto que la rabia por dejarse un único ladrillo por colorear en la parte más alta podía convertirse en uno de los mayores momentos de rabia del día.

 

Más felinos en Londres, París, India, China y Japón

Lo bueno de City Connection es que la ciudad es circular, lo que implica que, todo recto, se accede al principio de la ciudad nuevamente. Esta ventaja pone las cosas un poco más fáciles. Esta apuesta se traducía en pintar el suelo, esquivando gatos y disparando a coches de policía. Un simple choque con un felino, a los que se les cogía un odio especial por aparecer de la nada, era una vida menos. Y un choque con un coche patrulla era renunciar a otra vida. Aunque a estos últimos se les podía disparar lanzando latas que el jugador encontraba por el camino.

City Connection juego

Esta sencilla mecánica de juego se repetía a lo largo de todos los niveles. Así, lejos de estar contento con haber cambiado la estética de la ciudad de Nueva York, el protagonista se empeñó en realizar la misma tarea a lo largo de las ciudades más famosas del mundo. Todo un capricho que nos convenció de lo idénticas que podían ser todas ellas. Estaban formadas por ladrillos y, aunque los coches de policía a los que les había llegado la voz de alarma de que había llegado un nuevo delincuente podían variar un poco su aspecto, los gatos seguían teniendo la misma apariencia. Y, una vez más, parecían tener siete vidas, puesto que no se cansaban nunca de molestar.

A la visita a Nueva York, le siguieron una a Londres y otra a París. Cada ciudad contaba con sus edificios más emblemáticos, algo que servía para sentirnos inútiles cuando no sabíamos reconocer dónde estábamos inteligentes cuando sabíamos reconocer en qué lugar del mundo nos encontrábamos sin ningún problema. Tanto es así que, en su modalidad para dos jugadores, bien podíamos esperar a que nuestro amigo dijese que estábamos en El Gran Cañón, en Sídney o en Holanda. Solo para comprobar que él lo sabía, por supuesto…

Volviendo a su modo para dos jugadores, estamos ante un juego en el que los amigos competían en una misma consola, de manera simultánea. El primer jugador realizaba su intento. El segundo, el suyo. Cada uno tenía su propia partida individual y la competición se reducía en saber quién llegaba más lejos en la carrera como turista delincuente. Ya fuese en las ciudades antes mencionadas o en China, Egipto, Japón o India.

En ambas modalidades, la parte superior de la pantalla era todo un torrente de información. En ella, se mostraban los puntos conseguidos (como consecuencia de coches atacados y finales de niveles), los kilómetros conseguidos, las armas disponibles para arrojar en defensa propia y el número de vidas. City Connection funciona a base de vidas. El objetivo es completar el juego con la máxima puntuación posible, si es que se consigue, puesto que estas vidas son bastante escasas y pueden significar volver a comenzar desde el principio.

En medio de sus coloridos gráficos con los monumentos de la ciudad, estamos ante una aventura en dos dimensiones, en la que solo es posible interactuar con los coches, los gatos, los globos y los conejos. Sí, habéis leído bien. En medio de esta locura, en la que por cierto las ciudades se llenan corazones rojos en memoria del conductor cada vez que pierde una vida, hacen su aparición estos dos elementos, pensados para transportar al jugador a una nueva ciudad. Sin necesidad de completar el escenario actual. Pequeños detalles como éstos lo convierten en un juego sencillo, pero original y alejado de su género.

En buena parte de los juegos de coches el objetivo es llegar a la meta o, en su defecto, atropellar a todo lo que se mueve. Con ello, City Connection se aleja de la adrenalina de sus rivales o de la emoción por terminar el primero en un circuito, a favor de una mecánica de juego diferente, en la que también es posible lucirse como nadie, levantando las ruedas delanteras del vehículo. Porque en este título hay tiempo para todo y, por ello, siempre le recordaremos. Al coche, a los odiosos gatos y al protagonista de los corazoncitos. Un personajillo que, aunque cueste reconocerlo, es digno de admirar (no se lo digáis a nadie). ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!