Track and Field (3)

Mario & Sonic en los Juegos Olímpicos de Río 2016 se pondrá a la venta en unos meses. Con cada celebración, Nintendo acostumbra a lanzar un nuevo juego para sus consolas y, para bien o para mal, muchos jugadores ya no podríamos concebir Los Juegos Olímpicos sin un nuevo título. Sochi y Londres han sido los últimos acontecimientos en formar parte de la ya tradicional saga, que no fue la primera en crear videojuegos inspirados en sus pruebas.

Track and Field, título desarrollado por Konami y aparecido en 1983, podría considerarse uno de los primeros juegos protagonizados por eventos olímpicos. Salta a simple vista que no es tan impresionante ni tan variado como la serie Mario & Sonic, pero trajo una enorme cantidad de juegos detrás, que pasan por Hyper Sports, Track & Field II, Konami’ 88, Hyper Athlete o Hyper Sports Winter (no, tampoco fueron Mario & Sonic los precursores de los eventos de invierno).

 

La emoción de cargarse los botones de la consola

Track and Field vio la luz en consolas como NES, Game Boy, Sega Master System o Xbox 360, en épocas diferentes. Tampoco faltaron versiones para Nintendo DS, ni para iPhone. Casi nadie quiso perderse este título, que ya fuera con gráficos clásicos o más modernos, serviría a modo de inicio de un género que aún sigue triunfando más de treinta años después.

Track and Field (1)

Y es que, ¿para qué hacer ejercicio pudiendo hacerlo en la consola? Vale sí, hay miles de razones. Disfrutar del aire libre y de la competición real, acabar con el estrés, tener una buena salud, estrenar el nuevo chándal y lucirse con él en los lugares más estratégicos… A favor del ejercicio en la consola diremos que no siempre se puede acceder a cualquier deporte en la vida real, como el tiro al plato, ni se tienen por qué tener las cualidades para practicar un ejercicio, véase lanzamiento de jabalina. Y, por supuesto, siempre es mejor que quedarse tirado en la cama. Al menos para el pulgar.

Y es que Track and Field fue uno de los precursores del ejercicio del dedo pulgar. Al igual que ocurriría con muchos más títulos, de aquí en adelante, esta apuesta obligaba al jugador a pulsar repetidamente un mismo botón para alcanzar la máxima velocidad. Puede ser que quienes jugasen a este título desarrollasen una bonita tableta en su dedo, así como una habilidad que además les permitiese ganar en los minijuegos de la serie Mario Party (ya se sabe que los creadores de estos juegos disfrutan viendo botones desgastados e incluso rotos).

 

Ocho deportes y diferente dificultad

Es más que evidente que los controles de Track and Field fueron muy sencillos de aprender. Solo se necesitó pulsar un botón para alcanzar la máxima velocidad y otro para saltar en el momento exacto o para lanzar un determinado objeto. Lo mismo a lo largo de los ocho deportes que componían este reto pixelado, protagonizado por un hombre con bigote, que lucía como nadie su atlético cuerpo a través de una camiseta rosa y de unos calzoncillos ultra modernos.

Track and Field (2)

100 metros lisos, salto de longitud, 110 metros vallas, lanzamiento de jabalina, tiro al plato, triple salto, arco y salto de altura fueron los ocho eventos de los que se componía el juego. Tras el pitido que indica que comienza la competición, el jugador cuenta con unos pocos segundos para vencer a su rival (ya sea la máquina o el resto de jugadores en su modalidad multijugador). Para ello, se precisaba de una gran rapidez para pulsar los botones de correr y de una gran concentración para realizar un salto o un lanzamiento en el momento adecuado.

Si el hombrecillo de ropa interior sexy conseguía una mejor marca que su competidor, podía pasar al siguiente evento y así sucesivamente (aunque siempre podía escoger directamente la prueba en el menú de inicio). Una vez completado el juego, la dificultad aumentaba aunque, por desgracia, los deportes seguían siendo los mismos. ¿Y en caso de no vencer al rival? En ocasiones, se podía comprobar que la máquina, que no era otra que un hombre también con bigote y vestido de color azul, estaba mejor preparada y ganaba casi siempre. Para cada evento existieron tres intentos y, si no había manera de ganarle, tendríamos que volver al principio. Al igual que en aquellos deportes en los que no existía rival y en los que era complicado no tirar una valla al suelo o hacer una determinada marca. Todo un sufrimiento.

Pero volvamos a la parte positiva. Vencerle significaba un orgullo personal, la mayor alegría del día y unas ganas inmensas de pegarle una colleja un abrazo por todo el sufrimiento causado. Pero también, la posibilidad de hacer un récord olímpico y un récord mundial, que superar en los siguientes intentos. Track and Field indicaba los segundos exactos y la distancia exacta. En ocasiones, se superaba al hombre de azul en un tiempo considerable, pero en otras, la victoria se conseguía por unas milésimas. Aunque el mérito seguía siendo el mismo.

Por suerte, contábamos con el cálido apoyo de los asistentes a determinados eventos, es decir, de una gran masa homogénea de rostro blanco que, aunque no mostraba la más mínima alegría ni decepción, hacían acto de presencia. Lógicamente, nada hubiera sido posible sin ellos. Y hay que decir que los deportes de arco y de tiro al plato no contaban con público, puesto que la organización velaba por su seguridad por encima de todo. No fuera a ser que, a causa del viento, una bala hubiese ido a parar a una de esas caras inexpresivas, convirtiendo la competición en un shooter.

Así, Track and Field fue un juego tranquilo, corto y sin nada de acción, pero reconfortante y colorido. Y, lo más importante, un auténtico referente para el género. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!