dorotabohanko

Japón es un país en el que su mayor superficie son tierras montañosas y boscosas, que no se pueden aprovechar para la agricultura, por eso las pocas tierras adecuadas para convertirse en campos de cultivo son muy valiosas. Las familias pueden ahorrar durante muchos años para ser propietarios de una pequeña parcela, con la esperanza de que sus hijos puedan heredarla ¡Aaah! Pero los hijos no siempre siguen el estilo de vida de sus padres, y pueden abandonar el pueblo para buscarse su propia vida en la ciudad, vendiendo sus preciadas tierras a nuevos propietarios.

Pero ellos saben que no todo es tan sencillo, ni para los que se van ni para los nuevos propietarios que llegarán. Pues corren el riesgo de despertar al Dorotabô, el alma de los ancestros que trabajaron ese campo, transformada en fantasma vengativo.

Dorotabô, un fantasma agricultor con muy mala leche

page0042main11Los Dorotabô son los yûreis, o fantasmas, de aquellos hombres que trabajaban las tierras antes de su muerte. Aparecen cuando el nuevo propietario trata con negligencia los campos, o deja residuos y basura en sus tierras, las mismas tierras que ellos trabajaron tan duro y con tanto esfuerzo. Los Dorotabô (o Dorotabou) se les representa como figuras humanoides de un solo ojo y tres dedos. Los dedos de las manos representan los tres vicios y las dos virtudes humanas: la ira, la codicia, la ignorancia, la sabiduría y la compasión. El Dorotabô solo tiene tres porque es un espíritu vengativo, enfadado con los tres vicios del ser humano que deshonra su trabajo.

Cuando las almas de los ancestros se transforman en Dorotabô se les puede ver deambulando por los campos, gritando con una voz triste de ultratumba: “Devuélveme mi campo de arroz”. Aparecen en los campos noche tras noche, provocando un sentimiento de malestar e insomnio entre los nuevos habitantes de las tierras. Son constantes sus apariciones hasta que los nuevos propietarios cuidan y cultivan los campos como es correcto, o también se pueden dar por vencidos y huir lejos, dejando de nuevo al Dorotabô como amo y señor de sus tierras.

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