El Jigoku (地獄) es el inframundo del budismo japonés, mucho más infernal que el Yumi-no-Kuni, el infierno sintoísta. El Jigoku tiene demonios, fuego y castigos inhumanos.

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Bienvenidos de nuevo al infierno, al infierno japonés, o al menos a uno de ellos. En el reportaje anterior sobre infiernos japoneses conocimos el inframundo sintoísta, un infierno un poco descafeinado, muy acorde con las creencia sintoístas animistas, que premian la naturaleza y la vida sobre la muerte, por lo que su infierno es un poco obtuso y sin una forma clara. Pero conocimos una leyenda muy interesante, con unos paralelismos con la mitología griega sorprendentes.

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El Jigoku, o infierno budista, es mucho más tradicional que el sintoísta. Con sus propios demonios, el fuego que “decora” las estancias y todo tipo de castigos, tan crueles y despiadados como bien se podría uno imaginar en la clásica imagen del infierno que tenemos todos en mente.

Pese a que el budismo es una religión pacífica que cree en la reencarnación, los budistas también creen en la existencia del infierno ¿No es eso una contradicción? Tenemos que tener en cuenta que hay una gran cantidad de sectas o escuelas budistas diferentes en Japón, y en todo el mundo. Algunas de ellas señalan que existe una escala móvil de la reencarnación. Si eres una buena persona en vida te reencarnas en un ser con una vida mejor, y así continuamente hasta que llegas al Nirvana. Sin embargo, si no vives una vida digna puede que al morir te encuentres en uno de los infiernos budistas. Sí, porque existe más de un infierno.

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Los infiernos budistas se representan en los Jigoku Zoshi ( 地獄 草紙 ) o pergaminos del infierno, expuestos en el Museo Nacional de Tokio y el Museo Nacional de Nara. Estos pergaminos fueron creados en el siglo XII, en el periodo Heian. En ellos se describen, tanto a través de las imágenes como de la escritura, las desagradables situaciones que pueden esperarte tras la muerte en caso de que no vivas una buena vida según el ideal budista. En el libro de Nara además de los ocho infiernos principales también se nombran otros dieciséis infiernos menores, con nombres tan alentadores como la nube negra de arena, las cinco cornamentas, el hambre, la sed abrasadora, pus y sangre, el caldero de bronce individual, varios calderos de bronce, el gallo de fuego, mortero de hierro, el río de cenizas, hojas de espada, zorros y lobos o congelación. Sí, los nombres los describen exactamente como son, por ejemplo el infierno del gallo de fuego es un enorme pájaro con un aliento de llamas de fuego, tan simple como aterrador.

Así pues, vemos que aunque el Jigoku se considera un único lugar, está dividido en muchos infiernos diferentes. Es difícil precisar con exactitud cuántos existen, pero algunos recuentos ponen la cifra en 64.000, otros son menos apocalípticos y solo cuentan en ocho. Los pergaminos históricos parecen coincidir en que de ocho a dieciséis es una buena cifra para los grandes infiernos, aunque se acepta que estos pueden subdividirse en infiernos más específicos.

Los ocho infiernos principales serían:

  1. Toukatsu Jigoku: El infierno del resucitado
  2. Kokujou Jigoku: El infierno del hilo o la línea negra
  3. Shugou Jigoku: El infierno del aplastado
  4. Kyoukan Jigoku: El infierno del grito
  5. Dai-Kyoukan Jigoku: El infierno del gran grito (si el grito era malo…)
  6. Jounetsu Jigoku: El infierno del calor
  7. Dai-Jounetsu Jigoku: El infierno del gran calor
  8. Mugen Jigoku: El infierno del sufrimiento sin fin.

Diferentes infierno para diferentes crímenes. Por ejemplo, aquellos que hayan cometido un asesinato irán a parar al infierno del resucitado, dónde un Oni (demonio) le matará solo para volverle a resucitar, y así en un mundo sin final.

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Pero no todo es malo, porque los infiernos budistas tienen su propia burocracia… espera un momento, que no es tan malo… ¡Es lo peor! Creo que prefiero enfrentarme a un ejército de Onis que a un burócrata que siga la burocracia de las instituciones al pie de la letra… Pero eso ya lo dejamos para el próximo especial 😉