Robots, sueños rotos, lamentos, promesas perdidas y la necesidad de seguir viviendo aún cuando faltan las ganas para hacerlo. Todo esto es lo que pone de relieve el film Hal, de Ryōtarō Makihara.

Hal

Aprovechamos el manganálisis de este calurosísimo jueves de julio para hablaros una película de animación japonesa. No os penséis que vamos a recurrir al Studio Ghibli o a alguno de los grandes del séptimo arte, como Mamoru Osoda, Makoto Shinkai, Satoshi Kon o Isao Takahata. Hoy os queremos presentar una película corta pero intensa, de esas que son ideales para pasar el rato mientras hacemos la digestión antes del baño de la tarde en la playa o en la piscina (o en la ducha, que con este calor todo vale). Una obra con tintes un tanto oscuros y trágicos que, sin ser una maravilla de la animación, nos ayuda a comprender un poco más los distintos argumentos recurrentes en la filmografía nipona y que muestra la sorprendente manera en la que actúa la mente humana cuando se enfrenta a adversidades que cuestan asimilar. Con todos vosotros, Hal.

Historia

En el futuro la sociedad habrá avanzado hasta tal punto que los robots serán capaces de suplantar a las personas, actuando como seres humanos y mezclándose en su entorno sin ser apenas reconocibles como máquinas. En esta peculiar sociedad viven Kurumi y Hal, una joven pareja que sueña con tener un futuro feliz y un porvenir prometedor estando juntos. Sin embargo, el destino les juega una mala pasada y Hal fallece en un accidente aéreo. Asolada, triste y sin saber qué hacer Kurumi entra en un estado de depresión que la hará ir perdiendo poco a poco las ganas de vivir.

Hal

Para evitar que la joven siga en ese círculo vicioso autodestructivo el centro de atención (una especie de organización que se sirve de los robots para velar por el bienestar de los humanos) elige al robot Q01 para que adopte la identidad de Hal y ayude a Kurumi a recuperar la ilusión por seguir adelante. Así, con una nueva apariencia y un comportamiento completamente humano, el robot Hal se trasladará al pequeño pueblo en el que vive la muchacha para, en su compañía, ir descubriendo la relación que unía al auténtico Hal y a Kurumi, cuáles eran sus sueños, sus esperanzas y, por último, entender completamente qué sucedió en aquel trágico accidente de avión. ¿Podrá una inteligencia artificial suplantar a un ser de carne y hueso? ¿Estará dispuesta Kurumi a dejar el pasado atrás? ¿Qué es lo que realmente pasa por la cabeza del robot Hal? ¿Era la relación entre Kurumi y Hal tan sana y honesta como parecía? ¿Acaso en una sociedad tan avanzada todo es lo que parece?

Hal es un largometraje del director Ryōtarō Makihara que se estrenó en los cines nipones en junio de 2013. Producido por Jouji Wada bajo el respaldo de Wit Studio, el film tiene una duración de 60 minutos. Su guión fue desarrollado por Izumi Kizara.

Conclusión

Hal es uno de esos largometrajes pensados expresamente para que el espectador se crea una historia para, en un momento crítico, darle la vuelta a la tortilla y que todo cambie radicalmente. Es decir, es una de esas películas que te rallan (al menos un poquito) y que te dejan pensando si has comprendido bien la trama o te has perdido algo. No obstante, aunque muchos consideran que ese “factor sorpresa” es lo que hace a esta película tan “buena”, lo cierto es que si en ese punto del metraje echas la mirada atrás descubres que a la trama le falta algo para conseguir un sentido unitario y lógico, ya que quedan “flecos sueltos” (sí, reconozco que la revelación final es sorprendente pero, entonces, todo lo visto hasta el momento carece en cierta medida de sentido, especialmente en lo relacionado con la manera de actuar de Kurumi –la forma de ser de Hal puedo llegar a entenderla-).  Asimismo, más que en la acción, Hal basa su argumento en las relaciones interpersonales y en cómo una persona puede sentirse completamente perdida y desamparada al perder a un ser querido. En este sentido, explora la mente humana y los sentimientos que cada persona desarrolla hacia sus conocidos, creando incluso alteraciones de la realidad para acabar idolatrando a un conocido que falleció y que, en realidad, no fue tan buena persona o tan increíble mientras estuvo con vida.

En su defensa cabe destacar el asombroso colorido del que hace gala la cinta, presentando fotografías y secuencias llenas de luz incluso en los momentos más oscuros o lúgubres. Además, el diseño de los personajes (que a más de uno puede recordar a los protagonistas de Ao Haru Ride) es muy uniforme y proporcionado, bastante realista. En cuanto a la animación, esta también está bien conseguida, siendo fluida y bastante llevadera a pesar de que ciertas partes pueden hacerse algo pesadas y lentas. También cabe resaltar la importancia que los personajes secundarios tienen en el desarrollo de la trama, así como elementos ajenos (como el cubo de Rubik) que ayudan a comprender el pasado de los personajes y sus anhelos. Por el contrario, el escaso acompañamiento musical hace que al film le falte un elemento imprescindible para subrayar la importancia de ciertas escenas o revelaciones argumentales.

Hal es un drama con letras mayúsculas que hace pensar sobre el sentido de la vida, sobre el no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy (porque a lo mejor no llegas a ese día futuro), sobre la importancia de la confianza en las relaciones interpersonales,… En definitiva, Hal pone de manifiesto la importancia de vivir cada segundo de la manera que decidamos para, el día de mañana, no arrepentirnos de nada. Una lección de vida mostrada de una forma bella y armoniosa que a más de uno atrapará de principio a fin.