Mario & Yoshi

Mario no necesita presentaciones. Ni tampoco Yoshi, puesto que ambos han protagonizado infinidad de juegos, ya sea de forma individual o junto a sus compañeros de aventuras. Dentro del mundo retro, contaron con numerosos títulos de plataformas, pero también con alguna que otra apuesta, más pequeñas y simplonas, pero que también merecen ser recordadas.

Es el caso de Mario & Yoshi. Este juego de puzles vio la luz en 1991 y contó con versiones para NES y Game Boy y, más recientemente, para Wii, 3DS y Wii U. Con muchos elementos en común con el clásico Tetris, consiguió que miles de jugadores desarrollasen una gran rapidez mental y una capacidad de reacción única.

 

Huevos, Goombas y plantas pirañas

Mario & Yoshi, también conocido como Yoshi’s Egg o simplemente Yoshi, contó con varias modalidades de juego: individual, competitiva, A Type y B Type. A su vez, tenía cinco niveles, la opción de ‘rápido’ o ‘lento’ y la posibilidad de cambiar la melodía del juego. Vayamos por partes.

En todos sus modos, el objetivo era el mismo. El jugador manejaba a Mario (o a Luigi si era el segundo jugador) o, mejor dicho, a sus manos. Este tenía sujetas dos barras que podía girar a uno o a otro lado dándonos la espalda. En total existían cuatro y, como solo tenía dos manos, era imprescindible elegir cuáles sujetar para girar. Al igual que ocurría en Tetris, las “piezas” iban cayendo desde la parte superior de la pantalla a lo largo de cuatro carriles.

Mario & Yoshi NES

En el momento en que una llegase a una de las planchas, se quedaría ahí hasta que pudiera ser eliminada. Una ficha desaparecía si otra idéntica caía sobre ella. Si por algo fue especial Mario & Yoshi es por sus personajes. Así, Mario tendría que lidiar con Goombas, con sus queridísimas plantas piraña, con sus sepias e incluso con huevos de Yoshi. Estos últimos estaban partidos por la mitad y solo podrían eliminarse en caso de que la parte superior cayese exactamente sobre la inferior, produciéndose el nacimiento de un adorable mini Yoshi. A cambio, ofrecían una buena bonificación.

Como juego de puzles, era importante decidir cómo mover las plataformas de las manos a tiempo y pensar un plan que permitiese colocar a los personajes de tal forma que no se quedasen estancados. Por suerte, sus controles eran sencillos, puesto que solo era necesario mover a Mario o acelerar la velocidad de las piezas, para los más impacientes.

 

Nivel cinco a máxima velocidad, igual a toda una locura

Mario & Yoshi era pura simplicidad, ideal para pasar el rato o para desconectar de la dura vida cotidiana. También para llevarlo a cualquier sitio (en el caso de Game Boy) o para retar a personas que odiaban los videojuegos a unas partidillas, alegando que era muy fácil de entender. También se convirtió, en algún que otro caso, en la única forma de ver a nuestra madre con la “maquinita” en la mano. Y no era para apagarla.

Mario & Yoshi juego

Y llegados a este punto, probablemente a más de uno le de por preguntarse si era el Candy Crush Saga de la época. Ambos juegos eran sencillos, coloridos, enganchaban a personas no habituales en los videojuegos y resultaban adictivos. Sin embargo, había dos diferencias clave. Mario & Yoshi era jugado también por los habituales de los videojuegos y, además, su fórmula no estaba tan exprimida (era la década de los noventa y, como tal, no existían los miles de juegos idénticos con una jugabilidad de hace treinta años).

Volviendo a sus posibilidades de juego, este reto contó con el modo para dos jugadores. A través de la pantalla dividida, Mario y Luigi se enfrentaban en una competición por ver quien aguantaba más tiempo sin ver aparecer el temido ‘Game Over’ o por alcanzar la mayor cantidad de puntos. Uno de los mayores atractivos del reto para un jugador llegó con A Type y B Type. El primer modo solo terminaba cuando el jugador quedaba atrapado, es decir, cuando las columnas de personajes llegaban hasta la parte superior de la pantalla, atravesando la línea e imposibilitando la aparición de nuevas piezas. Por su parte, el segundo permitía ir subiendo de nivel, conforme se fuesen superando los objetivos.

A su vez, era posible elegir en qué nivel empezar la partida. El número uno resultaba divertido para principiantes, pero podía llegar a ser eterno para quienes controlasen el título. Esto obligaba a “suicidarse” en alguna que otra ocasión, si no queríamos ver amanecer sentados en el sofá. Sin embargo, el cinco era un reto casi imposible, puesto que Mario comenzaba el juego con las plataformas repletas de personajes, que casi llegaban hasta el techo. Y, jugar este nivel en el modo rápido podía convertirse en la misión más difícil de toda nuestra vida y, como resultado, en una inyección de moral y un motivo justificado con el que empezar a conquistar el universo.

Así, además de contar con los modos ‘lento’ y ‘rápido’, Mario & Yoshi ofrecía otra posibilidad más: cambiar la banda sonora. Este tipo de juegos suelen producir un dolor de cabeza insoportable, causado por las alegres y satánicas melodías que los acompañan. Al parecer, Game Freak y Nintendo eran conscientes de ello y permitieron al jugador escoger con qué música acompañar la partida. Solo había tres opciones disponibles, pero menos es nada.

Por cierto, si a estas alturas alguno trata de buscar dónde aparece Yoshi, además de en los huevos, y el porqué de su nombre en el título del juego, es normal. El dinosaurio solo aparecía a un lado de la pantalla para mostrar el número de huevos abiertos. Vamos, que no quería cansarse mucho o es que pretendía cobrar demasiado por hacer su aparición.

Con todo ello, este reto de puzles fue uno de esos juegos que se muestran tal y como son. Es decir, no promete más de lo que ofrece y no muestra más de lo que uno puede esperar. Sí, hoy en día podemos encontrar infinidad de títulos así, pero uno protagonizado por los personajes del mundo de Mario siempre guardará un lugar especial en nuestros corazones, a pesar de sus críticas no demasiado positivas (y no nos sirven los refritos que acostumbra a lanzar Nintendo con la misma fórmula de siempre). ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!