kosenjoubi

Ayer, 17 de agosto, fue la fecha en que muchas ciudades y pueblos japoneses despedían las almas de los difuntos lanzando un farolillo de papel a un río o mar, para guiarles de nuevo hasta el más allá. Al igual que esas almas, con el final del obon y siguiendo otro destello de fuego, se va nuestra sección “El Yûrei de la semana” dejando de nuevo paso a los yôkais, que desde la próxima quincena volverán apara hacerse suyas las noches de los martes en Tallon4.

¿Y que deslumbrante resplandor seguirá nuestra sección a través del río de las palabras que la conducirán hasta el más allá? Pues la luz del Kosenjôbi, nuestro yûrei de la semana, una especie de fuego fatuo creado a partir de la sangre derramada en los campos de batalla.

 

El Kosenjôbi (古戦場火)

Esta semana, en la que hemos vivido el aniversario de la rendición de Japón ante los americanos, y con ello, el final de la Segunda Guerra Mundial, ha sido un momento de recuerdo hacia todos aquellos caídos en los campos de batalla. 20120519025039d88Japón ha vivido varios periodos de guerras, no solo la Segunda Guerra Mundial, también la guerra Sino-Japonesa y más atrás en el tiempo, las guerras de antes de la implantación del shogunato. Es posible que este yûrei provenga de esos años, en que la sangre bañaba muchos campos de batalla y se filtraba a través de la tierra del camino al subsuelo del Japón feudal.

Los Kosenjôbi son un tipo de fuego Onibi, o fuego demonio. Se reúnen en lugares donde ha habido batallas sangrientas y se relacionan con las almas de los fallecidos en ellas, con su dolor y su sufrimiento. El Kosenjôbi se aparece como innumerables orbes que afloran sin rumbo a través del denso aire tras la guerra.

Según las leyendas el Kosenjôbi se forma a partir de la sangre de los guerreros y los animales muertos en la batalla y nunca logran alcanzar el Nirvana, es por tanto un yûrei que proviene de las tradiciones budistas. La sangre penetra en la tierra y se eleva en el aire durante la noche, creando formas de llamaradas ardientes. Estos fantasmas buscan las partes que les faltan a sus cuerpos o simplemente pasean con tristeza a través del campo de batalla que los vio morir.