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Ya quedan pocos yûreis por desfilar en nuestra pasarela de «El yûrei de la semana», pero no nos podíamos quedar justo en el mes del Obon, la época por excelencia de los fantasmas, sin nuestra dosis de espíritus japoneses. Hoy hablaremos de una aparición que según quien la cuente es un yûrei y según quién un travieso yôkai, se trata del Oitekebori.

El Oitekebori es un misterioso espectro que fue visto por primera vez en el barrio de Sumida, en Tokio. Según se dice adopta la forma humana de un fantasma y persigue a los pescadores a través del canal cuando estos se alejan mucho de sus casas. Oitekebori es una palabra que procede de la frase japonesa «Oite ike«, que significa «dejarlo toso y salir de allí«, y como os podéis imaginar es lo que hacían aquellos pescadores que tuvieron la mala suerte de encontrarse con él.

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Aunque en realidad se conoce muy poco sobre este ser. Puede que fuera una antigua leyenda de un kappa que se deformara, o de algún tanuki perezoso que buscara comida fácil asustando a los pescadores como mano de obra, y después les asustara para que dejasen el botín en la barca al salir corriendo.

La leyenda del Oitekebori, como ya hemos comentado antes, varía dependiendo de quién la cuente, pero la versión más escalofriante dice que una noche, dos pescadores que estaban pescando en un punto muy particular de Honjo, en Sumida, comenzaron a sacar muchos más peces de lo habitual. Pescaban y pescaban, y no paraban de llenar su cesta, metiendo un pez otro dentro. Cuando las llenaron hasta arriba, recogieron todo y se prepararon para tomar rumbo a sus casas… Pero derrepente escucharon una voz terrible y misteriosa, que procedía del interior del canal y decía: Oiteke!

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Siguiendo con nuestra versión de la leyenda, ya que es en este punto donde comienzan las diferentes versiones, uno de los pescadores dejó caer la cesta que tenía en las manos y salió corriendo de allí. El otro, agarrando bien fuerte su captura del día, hizo lo propio. Sin embargo no llegó muy lejos, pues una mano fantasmal salió del agua y lo arrastró, con cesta y todo, hacia las profundidades del canal. Y nunca más lo volvieron a ver.

Disfrutar el Obon, talonianos… Y si os gusta pescar ¡No os alejéis de las zonas que ya conocéis y no seáis avariciosos con las capturas!