*OJO* Este artículo contiene lenguaje y descripciones sobre sexualidad que pueden resultar ofensivas. Si eres un recatado o MENOR DE 18 AÑOS, no continúes leyendo, o hazlo bajo tu responsabilidad. Si después tienes pesadillas no nos eches la culpa 😛

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A menos que seas una persona pura y casta, o un mentiroso, sabrás que las películas pornográficas, o sea el porno japonés, está censurado. Los genitales masculinos y femeninos son tapados usando un mosaico pixelado emborronado, o una simple barra negra, con lo que si al mirar porno japonés estas esperando ver algún área prohibida lo más probable es que solo veas esto:

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¿Por qué es así? ¿Por qué Japón, que tiene uno de los mayores mercados pornográficos a nivel mundial, fuerza a los directores de cine porno a censurar sus películas? Pues la cosa viene de lejos:

Antes de la restauración Meiji, en 1862, Japón era un país cuya moralidad sexual era más bien nula, puesto que este es un concepto relacionado con la moralidad religiosa moderna occidental. Algunos misioneros cristianos se habían aventurado en tierras niponas antes de que en la Era Edo el país se encerrase en sí mismo, para difundir el cristianismo y su moralidad, pero sin mucho resultado. Por ello podemos disfrutar de los famosos cuadros Shunga, los cuales se utilizaban antiguamente en Japón para educar sexualmente e iniciar a las generaciones más jóvenes.

Pero el porno fue seriamente restringido en Japón en la Era Meiji, cuando los materiales considerados “perjudiciales para la moral pública” fueron prohibidos debido a la introducción de la mencionada moral victoriana de Occidente. Tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial las autoridades de ocupación estadounidenses cambiaron muchas de las leyes de Japón para garantizar la libertad de palabra y expresión. Lamentablemente, las autoridades de la ocupación decidieron que la ley en relación con la pornografía preexistente no necesitaba ser modificada. Y así se ha mantenido hasta nuestros días una ley de la restauración Meiji.

Mientras que en los 60 años a la Segunda Guerra Mundial la aceptación de la pornografía sin censura ha sido vista por occidente como una forma más de la libertad de expresión, Japón ha seguido manteniéndola, considerándola aún “perjudicial para la moral pública”. En realidad, actualmente aún no se puede comprar una película de acción “hardcore”, con acción totalmente visible, en territorio japonés.

Obstante, parece que en lo últimos años el término “perjudicial para la moral pública” se ha relajado un poco. Hace diez años, por ejemplo, el vello púbico estaba censurado, y ahora no. El año pasado la película estadounidense Kinsey se proyectó sin censura, haciendo historia, pues se convirtió en la primera película que mostraba si censura los genitales humanos y había pasado el corte legal de los censores.

¿Significa que en breve se podrá ver porno japonés sin censura? Bueno, del género lucrativo y educativo al pornográfico aún hay una diferencia abismal, por lo que probablemente la respuesta sea no.

Pero el porno japonés sin censura existe en la actualidad, mayoritariamente por dos causas: El que está rodado en el extranjero y el que se ha pasado por “post-producción” para quitarle la censura. De hecho, en Japón existen unas máquinas, parecidas a una consola de mandos, que se utiliza a nivel particular para quitar ciertos tipos de censura, si bien se debe de hacer en directo, mientras se visiona y sin posibilidad de grabar el resultado. Consiste en ajustar la configuración para que se pueda eliminar la capa de censura mediante el  movimiento de un joystick, apuntando a las zonas afectadas. Algo difícil de hacer con una mano 😉 No obstante las ventas de este aparatillo no han sido malas desde su invención.

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Pero, según los expertos, la censura hace que las películas japonesas tengan una calidad y variedad que no tienen las creadas en el “mundo libre”, pues la imposibilidad de enseñar los genitales y penetraciones en pantalla hace que los directores se tengan que rebanar los sesos para que sus producciones sigan pareciendo atractivas al público. Sin censura los directores japoneses se volverían tan vagos como sus homónimos estadounidenses o europeos.

Fuente: Japan Probe