kotoura_san-03-haruka-funny_face-shock-dread-horror-fear-shaking-blue_with_streaks

Durante la lectura del uno de los libros que hemos reseñado de Satori Ediciones, titulado En el Japón Fantasmal, de Lafcadio Hearn, hubo una historia que me llamó la atención, un capítulo dedicado a los gusanos de seda. Pero no fue por su temática sobrenatural o fantasmal, sino por la reflexión fundamentalista, y un poco profética, que ocultaban sus líneas.

El texto de Hearn venía a decir que la especie de los gusanos de seda estaba tan acostumbrada a que los humanos les cuidasen, les dieran de comer y les ofrecieran cobijo que las alas que tenían para volar y valerse por sí mismos se habían atrofiado, porque simplemente no las necesitaban, los humanos les daban no solo aquello que necesitaban, sino mucho más, y ellos se habían acomodado en esa forma de vida, rutinaria, fácil y con acceso a todo cuanto deseaban, sin el menor esfuerzo ni dificultad. Todo ello les había hecho involucionar hasta convertirse en simples cuerpos que se dejaban manipular al antojo de sus dueños y que obedecían a un fin comercial ¿No os parece un paralelismo más que acertado con la especie humana en estos momentos? Bueno, nosotros nunca hemos tenido alas (hasta que se demuestre lo contrario), pero nuestras alas, aquello que nos hace volar hasta donde nosotros queramos, en el cerebro, y la capacidad para pensar, razonar y tomar decisiones “inteligentes”.

Nos han criado, educado y formado en la comodidad más absoluta, no solo tenemos aquello que necesitamos, si no que poseemos mucho más. Estamos tan acostumbrados a obtener todo cuando queremos sin esfuerzo que se nos han atrofiado las alas, incluso el celebro en muchos casos. ¿Creéis que exagero? Bueno vosotros continuad leyendo, y cuando se os pase la risa solo tomaros unos segundos para reflexionar.

Los hechos ocurrieron en la ciudad de Hangzhou, en China, y fueron (ampliamente) cubiertos por la prensa local. Aunque el nombre del protagonista fue divulgado sin piedad, nosotros simplemente le llamaremos Sr. Kao, que es el nombre que utiliza nuestra fuente directa.

Pues el señor Kao, de 54 años, sufría en silencio desde hacía 10 años hemorroides, pero no se atrevió a ir al médico, quizás por vergüenza, quizás por pereza, no ha trascendido. El caso es que no acudió a ningún especialista en todo ese tiempo. Un mal día el señor Kao no aguantó más y creyó, en su mente de gusano de seda, que la pequeña espada “de juguete” que tenía en casa era el arma definitiva para aliviar su mal y decir adiós a las hemorroides de una vez por todas. ¡Cuán equivocado estaba!

023

El filo dentado y la decoración del arma, junto con una gran dosis de mala suerte, hizo que al Sr. Kao se le quedase la espada encallada en un malísimo lugar. Pero esto no es lo peor, pues imaginaros la cara que se le debió quedar a su compañero de trabajo cuando el Sr. Kao llamó a la oficina y le dijo literalmente: «No puedo ir a trabajar hoy. Tengo una espada clavada en mi culo … «

019

Siguiendo con la aventura del señor Kao, no le tocó más remedio que, ahora sí, ir de urgencias al hospital, donde al poco de llegar y aun esperando a su Rey Arturo, fue interceptado por una avalancha de periodistas, que acudieron al lugar a cubrir la noticia del infeliz que tenía una espada clavada en el culo. No solo documentaron gráficamanete la noticia, también llegaron a preguntarle algunas dudas al protagonista:

  • Periodista: «¿Puso cuchillas sobre el espejo mientras estaban tratando de hacerlo?»
  • Kao: «Sí …»
  • Reportero: «Se resbaló accidentalmente cuando usted estaba tratando de sentarse?»
  • Kao: «Sí …»
  • Periodista: «Estabas en cuclillas durante mucho tiempo ¿no? Luego había que sentarse y … «
  • Kao: «Sí …»

0000000000

Afortunadamente los médicos rescataron al señor Kao de tan indecente grupo de carroñeros morbosos, y pudieron curarle sin que le quedase la menor secuela. Aunque quizás lo peor para el señor Kao fue cuando el doctor le dijo que nunca había padecido hemorroides…

Fuente: Rocket News 24