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Parece mentira de como en los últimos años los gatos han conquistado nuestro mundo sin apenas mover una pezuña. Están en todas partes, todo el mundo les adora y puedes pasarse días enteros sin dormir mirando vídeos de gatitos por internet. Y es que ya sabían los japoneses de antaño que no eran trigo limpio estos adorables animalitos que con sus monerías conquistaban corazones y se adueñaban rápidamente de los hogares.

Y es que cuando un gato se hace viejo se puede convertir en un Bakeneko,… Si ya lo dice el refrán que sabe más el sabio por viejo que por sabio.

Bakeneko 化け猫

Igual que en casi todo el mundo, en Japón se pueden encontrar gatos, tanto doméstico como salvajes. En las casas nos los encontraremos como mascotas, en las granjas como exterminadores y en las ciudades como animales callejeros en busca de algo de comida y un refugio donde pasar la noche. Pero cuando los gatos llegan a una edad, comienzan a desarrollar poderes sobrenaturales y se transforman en yokais.

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Al principio el Bakeneko parece un gato normal y corriente, es casi idéntico a un minino normal, pero pronto comienza a caminar sobre sus patas traseras y, a medida que envejecen más, sus poderes sobrenaturales aumentan. Y a veces pueden llegar a crecer tanto como un humano adulto.

 

Los Bakeneko poseen la habilidad, como otros yôkais bakemono, de cambiar de forma. A veces se disfrazan de gatos más pequeños y otras, incluso, pueden llegan a adquirir la forma de un ser humano, incluso imitan el comportamiento y las costumbres de los hombres. Pueden llegar a comer cosas que doblan su tamaño, son inmunes a los venenos y son portadores de maldiciones y desgracias. Cuando su poder es suficientemente fuerte son capaces de reanimar cadáveres frescos y usarlos como marionetas.

Bakeneko

Se dice que un gato puede convertirse en Bakeneko si se dan las circunstancias adecuadas, como su longevidad vital (a partir de los 13 años puedes comenzar a sospechar que tu lindo gatito se puede estar convirtiendo en yôkai), que crezcan más de lo habitual, superando los cuatro kilos, y por último, si comienza a lamer grandes cantidades de aceite de una lámpara tradicional (eso ya es más difícil de comprobar hoy en día). Otra de las señales inequívocas es que su cola es más larga de lo norma. Cuando no adquieren ninguna forma esta cola termina en llamas de fuego azul, y suelen provocar incendios en las casas donde habitan.

Y tú, taloniano ¿Tienes un gato o un bakeneko en casa? El nuestro pesa 7 kilos, tiene una larga cola marrón y es tan grande como un perro mediano… ¡Oh, no!