Snake Rattle N Roll Rare

¿Saciarse a comer y engordar a lo bestia para cumplir con los objetivos en la vida? El que podría ser el sueño de muchos (una servidora incluida), era la realidad de las serpientes Rattle y Roll. Las muy afortunadas recorrían un buen número de niveles buscando con qué alimentarse. Y, para acceder al siguiente nivel, tenían que pesarse en una báscula. Si habían engordado lo suficiente (preferiblemente tragando bolas de su color), podían utilizar la puerta hasta el siguiente mundo.

Estos animales fueron los protagonistas de Snake Rattle ‘n’ Roll, una aventura de plataformas desarrollada por Rare en 1989 y distribuida en Europa dos años más tarde. Tras triunfar en NES, contó con sus respectivas versiones para Sega Mega Drive y Game Boy, siendo esta última un título muy diferente. Xbox One tampoco ha querido olvidarse del juego, incluyéndolo en su catálogo.

 

Un adelantado a su época

Al inicio de la década de los noventa no era muy frecuente encontrar juegos en tres dimensiones, ni tampoco títulos en los que dos amigos pudieran jugar al mismo tiempo. Snake Rattle ‘n’ Roll tuvo una gran acogida gracias, en gran medida, a estos dos elementos. El primero de ellos permitía salirse de las dos dimensiones y del clásico avance lateral de los juegos de plataformas, para moverse en todas direcciones y hacia arriba y hacia abajo.

Algunos de sus niveles estaban decorados con hierba. Otros contaban con más agua e incluso con cascadas. Y otros tenían más hielo que la Antártida. Sin embargo, todos estaban divididos en pequeños cuadrados por lo que se movían las protagonistas. Estos formaban distintas áreas y pisos sobre los que moverse y saltar. Así, aunque sus controles eran muy sencillos, no siempre resultaba fácil moverse al lugar deseado. Ni acabar con el enemigo de turno.

Snake Rattle n Roll

Por otro lado, su modalidad para dos jugadores era diferente al resto. En esta ocasión, el segundo jugador no tenía que esperar hasta que el primero perdiese una vida, ni contarían con partidas diferenciadas. Uno se pondría en la piel de Rattle y otro en la de Roll, cada uno con su respectivo color. Los dos jugadores controlarían a su animal de forma cooperativa para superar cada nivel. Sin embargo, siempre resultaba satisfactorio comprobar como uno había doblado en puntos al compañero, por lo que podía llegar a ser más competitivo de lo que parecía a simple vista.

 

Sorpresas en las alcantarillas

Había varias maneras de conseguir estos puntos para hinchar el marcador. La primera era recoger los bonificaciones que aparecían por el camino. La segunda pasaba por tragar las bolas, pasando de ser una simple cabecita a una serpiente en condiciones. La tercera consistía en acabar con los enemigos, que pasaban por pies gigantes, peces, conchas o criaturas variopintas.

Unos simples golpecitos podían acabar con la vida de la serpiente o, en el mejor de los casos, con partes de ella (no hay que olvidar que el animal crecía a lo largo a medida que comía). La cuarta era encontrar los cohetes que transportaban a las serpientes a niveles bonus, en los que aprovechar la agilidad de los dedos con los controles para hacerse con una buena cantidad de puntos. Para ello, era necesaria una buena exploración, sobre todo en las alcantarillas.

¿Y qué hacían objetos y enemigos tan dispares en las alcantarillas? La respuesta más lógica que podemos encontrar es que contribuían a crear un mundo repleto de surrealismo. Escenarios de colores formados por cuadraditos, pies gigantes andando a sus anchas, pequeñas pelotas enganchadas en muelles, hongos gigantes saltarines, alfombras voladoras… Así, las alcantarillas que se abrían con la lengua solo eran un pequeño elemento más de este universo irracional.

Snake Rattle n Roll juego

Preocuparse por tener el peso correcto no era el único quebradero de cabeza de la aventura. Cada nivel contaba con un cronómetro que indicaba el tiempo en que debía completarse. Por norma general no se precisaba de más tiempo, aunque creer que se tenía el peso correcto y tener que volver atrás a engordar un poco más o entretenerse más de la cuenta con los enemigos podía jugar una mala pasada. Suerte que, de vez en cuando, aparecían pequeños relojes para regalar tiempo extra al jugador. En función del tiempo que tardase el jugador en completarlo, se obtendría una felicitación diferente al final de cada escenario.

Snake Rattle ‘n’ Roll fue, con todo ello, un juego con un objetivo claro y definido, en unos escenarios atípicos, con un alto nivel de competición y con una excelente banda sonora. Sin embargo, solo estaba compuesto por diez niveles, por lo que no resulta raro encontrar vídeos en Youtube en el que speedrunners de todo el mundo lo completan en poco más de siete minutos. Las primeras partidas podían durar un par de horas, pero una vez dominado y con mundos siempre idénticos, no invitaba demasiado a la rejugabilidad.

Una vez completado, los jugadores podían descubrir una escena “extra”. En ella, las dos serpientes eran transportadas al espacio en una nave espacial. A continuación, se podía leer la frase “Nos vemos en Snakes in Space”. Esto hacía creer que una secuela estaba en camino, pero jamás llegó. Lo más cerca que estuvimos de ver a serpientes en el espacio fue con el juego Sneaky Snakes. Este título, desarrollado para Game Boy, nos traía la misma jugabilidad, pero en escenarios en dos dimensiones y en blanco y negro. Sin embargo, estaba ambientada en la Tierra, por lo que encontrar una respuesta lógica a qué ocurrió con Snakes in Space es casi tan complicado como descubrir si hay vida inteligente más allá de nuestro planeta. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!