Yomawari es lo más original que ha parido el terror japonés en eones y por eso le deseamos toda la puñetera suerte del mundo.

Yomawari

Con Silent Hill en la cola del INEM junto a Kojima, Project Zero preocupándose más por mostrar protagonistas lolis mojadas -de agua- que sustos y Resident Evil haciendo el membrillo presentándose a opositor de la portada de Armas y Municiones, nuestras esperanzas de ver un buen juego de terror japonés se habían disipado como un azucarillo que se diluye en el café del agente Cooper… hasta que entró en nuestra vida Yomawari.

Yomawari no gana a las entregas actuales de los juegos de arriba en sangre, tetas, disparos y músculos, pero les pega sopa con ondas en cuanto acabado artístico y terror arraigado al folclore tradicional. De hecho, pocos juegos hay que muestren a los yureis y yôkais de forma tan acertada, dejando claro que ha habido un enorme trabajo de investigación cultural y una arriesgada apuesta por un género que no siempre logra funcionar.

Pero Yomawari no solo bebe de su encanto, ya que también dispone de una jugabilidad la mar de interesante. Nuestro principal objetivo en el juego es encontrar a nuestra hermana mayor y a nuestro perro, y para hacerlo tendremos una linterna que alumbrará unos metros delante nuestro y algunos objetos que encontraremos por el camino, como latas y piedras. ¿Para qué puede servir un objeto así? Pues para distraer a un yôkai que nos impida el paso o para encontrar trampas que nos esperen en nuestro camino, ya que nuestro objetivo principal será el de pasar desapercibidos lo máximo posible, ya que si el fantasma nos localiza estaremos muertos con casi total seguridad.

Como una imagen siempre vale más que mil palabra y yo siempre me ando por las ramas, mejor mirad el nuevo vídeo que nos muestra sus virtudes jugables.