Disfruta con nuestro análisis de Fallout 4, un juego que consigue atrapar y cautivar al jugador de principio a fin.

Llevábamos años esperándolo y los últimos días se han pasado lentos como caracoles con reuma, pero al fin Fallout 4 ha salido a la venta. Como todo juego de Bethesda que se precie, en Tallon4 lo hemos jugado y disfrutado hasta la saciedad. Bueno a decir verdad, lo hemos jugado tanto que creo que no me quedan huellas dactilares en los pulgares.

Bueno, ¿ahora tocaría que os presentara el análisis de Fallout 4, no? Pues bien, como análisis convencionales hay a porrillo en Internet y desguazar lo que proporciona y presenta este juego sería eterno y cansino para el lector, desde Tallon4 lo hemos hecho de una forma un tanto especial.

Para no romper su magia, lo que os diremos es que no os toméis esta entrada como un análisis al uso, sino como un diario de un superviviente del refugio 111 que ha ido anotando sus vivencias y anotaciones en una libreta para compartirlas con el mundo. Este hecho os intentará reproducir sensaciones y vivencias, que podrían ser vuestras, y que os harán ver si Fallout 4 es el juego que buscáis y si merece la pena jugarlo.

¿Estáis preparados para adentraros en esta lectura postapocalíptica? Pues comienza la aventura.

 

Día 1: Recordando el pasado

He encontrado un lápiz y una libreta en el refugio 111 que voy a utilizar para narrar mi vida. ¿Por qué hacerlo? Para que todo el mundo conozca mi historia y sepa qué es vivir en un lugar azotado por una guerra nuclear.

Quien lea esto se preguntará cuál es mi nombre o cómo era físicamente. Estas preguntas, querido lector, no las voy a responder, ya que las vivencias que voy a contar podrían ser las de cualquier persona, incluso las tuyas mismas.

Parece que fue ayer cuando vivía junto a mi mujer y mi hijo en nuestra pequeña casa a las afueras de la ciudad. Por aquél entonces, la tecnología había avanzado tanto que cualquier persona, hombre o mujer, podía modificar su aspecto siguiendo una serie de patrones que hacían las posibilidades casi infinitas. De hecho, para los más raros, también existía la posibilidad de lucir espantosas cicatrices o marcas cutáneas que otorgaban una personalidad diferente –y un tanto grotesca-, a los rostros que se atrevían a lucirlas. Por desgracia, parece que la ciencia por aquél entonces solo se centraba en el rostro y descuidó los retoques corporales, hecho que siempre me impidió hacerme una liposucción o ponerme pectorales con los que partir nueces.

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En mis largos momentos de soledad siempre termino haciéndome las mismas preguntas. ¿Habrá sobrevivido mucha gente? ¿Será habitable el planeta? Mañana lo averiguaré por mí mismo, ya que he decidido abandonar la seguridad del refugio nuclear y enfrentarme al mundo real.

 

Día 4: Enfrentándome a la realidad

Tres días han pasado desde mi primera entrada en este diario. En condiciones normales me avergonzaría haber perdido mi regularidad tan pronto, pero he de admitir que hasta hoy no me he visto con fuerzas de plasmar en esta libreta lo que sentí al ver de nuevo mi hogar.

Cuando el ascensor del refugio me devolvió de nuevo a la superficie varias lágrimas brotaron de mis ojos. Mi hogar, tiempo atrás a rebosar de vida, es ahora un yermo reinado por el caos y la destrucción. Sinceramente, el aspecto es el que esperaba después de que varias bombas atómicas lo destruyeran todo y creo que todavía puedo dar gracias a que queden varias construcciones en pie y que mi casa de Santuary siga siendo mínimamente habitable. De hecho, cuando me he acostumbrado al nuevo aspecto del lugar he comenzado a fijarme en los pequeños detalles que hacen única la zona, como la vegetación, las carreteras devastadas, los coches abandonados y desguazados, la claridad del agua que fluye por el río o la iluminación que proporciona el sol.

He de confesar, querido lector, que estoy un poco asustado, ya que el Pip Boy que me agencié en el refugio muestra en algunos lugares lecturas de radiación. De hecho, creo que comienzo a notar sus primeros síntomas, ya que en ocasiones noto que partes de estructuras y objetos se generan delante de mí.

En fin, será mejor que hoy descanse en casa, ya que mañana quiero explorar los alrededores en busca de civilización.

 

Día 5: ¡Codsworth está vivo!

¡Sí, mi pequeño robot doméstico está vivo! Bueno… más que vivo, lo que está es operativo… -sus conversaciones eran tan humanas que a veces olvido que es una IA-

Hoy he podido hablar un poco con él y ha sido una gran alegría el poder intercambiar palabras aunque haya sido con un robot. ¡De hecho, me ha llamado por mi nombre y casi rompo a llorar! Y es que el modelo de robot al que pertenece Codsworth puede reconocer una gran variedad de nombres humanos y llamarles por su nombre, siempre y cuando sean comunes.

Nuestra conversación ha sido de lo más directa, cosa que he de agradecer. Hacía tanto tiempo que no hablaba con nadie que ya no recordaba lo que era ser comprensivo, agresivo, preguntón o condescendiente, aunque a lo largo de nuestra charla he podido poner a prueba todas mis habilidades léxicas y no he echado en falta ninguna de ellas. No me ha surgido la posibilidad de ser persuasivo, pero estoy seguro que más adelante tendré que utilizar esta técnica con humanos, si es que me topo con ellos.

Después de la conversación con mi viejo amigo robótico decidí posponer la búsqueda de civilización y ocuparme de ello mañana. En su lugar, he comenzado a desvalijar las casas de los vecinos en busca de armas, comida y cualquier cosa que me pueda ser útil, aunque me preocupa estar desarrollando un principio de Síndrome de Diógenes, ya que estoy recogiendo cosas que siendo permisivo serían catalogadas como basura.

En el interior de las casas he encontrado ordenadores que todavía estaban operativos y he aprendido a hackearlos. ¡También estoy practicando abriendo cajas fuertes de los vecinos con ganzúas y en ocasiones he tenido éxito! De hecho, algo muy gracioso ha pasado cuando he abierto mi primera caja fuerte. ¡Un pitido de mi Pip Boy me ha avisado de que mis habilidades estaban subiendo! Me ha hecho mucha gracia que este cacharro tenga en cuenta mis habilidades y las catalogue en fuerza, inteligencia, percepción, suerte, resistencia, agilidad y carisma. Además, cada rama de habilidad me muestra un montón de subhabilidades que puedo trabajar y que me ayudarán en mi nueva vida postapocalíptica.

¡Creo que este nuevo mundo no está tan mal!

 

Día 6: ¡Tengo un nuevo amigo!

¿Quién me iba a decir que mi primer amigo iba a ser un perro? Lo he encontrado cerca de Santuary, al lado de una gasolinera, y le he llamado Albóndiga. ¡Menudo nombre más tonto!

La verdad es que conocer a mi nuevo amigo me ha venido de perlas, ya que hoy he descubierto que el yermo es un lugar muy peligroso. En una de mis intrusiones en una casa abandonada me he encontrado cucarachas y moscas del tamaño de la cabeza de un enano y he descubierto que son muy agresivas. Matarlas ha sido muy rápido con la pistola, e incluso Albóndiga se ha llevado por delante a tres de ellas esta tarde sin que yo le haya ordenado nada. En la lejanía he podido ver algo parecido a un oso, pero mucho más grande, a un ciervo con dos cabezas y jaurías de perros mutantes que parecen muy agresivos. De momento mantendré las distancias con ellos, ya que mi Pip Boy me indica con una calavera que no me encuentro en el nivel adecuado para enfrentarme a ellos. ¡Ya veréis cuando mejore mis habilidades!

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Albóndiga no solo sirve para atacar, ya que también puede distraer enemigos mientras yo les flanqueo por un lugar más cómodo para disparar y puede encontrar objetos y traérmelos. Creo que hoy se ha ganado una lata de comida para perro que he encontrado en el suelo. Espero que no contenga mucha radiación como el resto de alimento que he ido adquiriendo o tendré que darle medicina para curarle.

 

Día 7: El yermo es un lugar muy peligroso

Hoy he llegado a una pequeña ciudad y me he quedado abrumado. A pesar de que todo estaba destruido había un montón de detalles que me han dejado pasmado, aunque al estar rodeados de polvo y muy deteriorados parecen estar en peores condiciones.

Me he quedado mirando un momento el lugar y he visto que casi todas las casas están tapiadas, hecho que me ha decepcionado un poco. Eso sí, he de reconocer que camino de la ciudad he encontrado un montón de pequeños asentamientos abandonados y algunas madrigueras de enemigos peligrosos que han despertado la curiosidad en el explorador que hay en mi interior, por lo que supongo que al final una cosa compensa un poco la otra.

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Ahora bien, el momento cumbre del día ha sido al ver a un grupo de gente que estaban patrullando la ciudad con perros de presa: ¡Dios, todavía hay gente viva!, pensé en ese momento. Mis emociones casi me cuestan la vida, ya que los muy cabrones nada más verme comenzaron a dispararme y algunas balas llegaron a dañarme levemente.

Confesar este punto me avergüenza un poco, pero he de decir que me divertí muchísimo matando a esos hijos de puta. De hecho, los disparos que efectué con mi pistola fueron muy rápidos y precisos. Me vi muy suelto disparando y hasta sonreí cuando reventé la cabeza a un tío con una cresta horrible. Uno de ellos me atacó cuerpo a cuerpo y rápidamente cambié de arma a un puño americano sin que la acción se detuviera. ¡Dios, cada puñetazo que daba hacía salpicar contra mi traje azul unos chorretones de sangre que parecían no tener fin!

Con el último de los atacantes ha ocurrido algo muy curioso –y maravilloso- que me hace preguntar si la radiación no me habrá dado poderes. A ver, me explico. Digamos que cuando he sacado el arma, me he concentrado y el tiempo se ha ralentizado, permitiéndome ver el punto débil del enemigo y apuntarle a cualquier parte del cuerpo para lanzar un ataque mortal y eficaz. Aunque tenía tiempo para tomar la decisión de qué parte del cuerpo atacar, el enemigo no estaba congelado y proseguía su ataque a cámara lenta, por lo que pensé que tenía que decidir pronto cuáles serían mis disparos –a la cabeza fueron 3, no pude evitarlo-

Al terminar de usar esa habilidad me sentí un poco cansado. Es como si al utilizarla se consumiera el vigor que me permite correr. ¡Tendré que utilizarla en los momentos adecuados!

 

Día 8 ¡Hay supervivientes que no son hostiles!

Hoy he continuado investigando la ciudad en la que masacré a esos punkis en busca de más acción y me topé con gente que parecía normal. Me acerqué a ellos de forma sigilosa, vigilando estar oculto y libre de peligro en cada momento, hasta que al final me armé de valor y me decidí a hablar con ellos. –no sin antes asegurarme de que tenía una bala para cada una de sus cabezas-

Me puse a hablar con ellos y vi que podía hablar español, algo que me alegró mucho. De hecho, sus voces eran agradables y entonaban sus frases la mar de bien, aunque los pobres deben tener algún tipo de problema al haber estado expuestos tanto tiempo a la radiación, porque en ocasiones sus labios parecían descoordinados con las frases que decían y la forma de moverse era un poco brusca y tosca.

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He decidido llevar a mis nuevos amigos a Sanctuary y hacer un asentamiento allí. Me he propuesto volver a dotar a la urbanización de electricidad, agua potable, alimentos, camas y otras facilidades de uso primario para poder vivir cómodos en este nuevo mundo. Eso si, para poder hacer estas cosas necesitaré materiales, por lo que gran parte de la basura que he ido recopilando puede ser reciclada para ser de utilidad. ¿Quién dice ahora que tener el Síndrome de Diógenes es malo, eh?

Cuando termine el asentamiento de Sanctuary voy a recorrerme todo el yermo para crear nuevos asentamientos y ayudar así a restaurar la civilización. ¡No puedo esperar a ver cómo será la ciudad en diez años!

 

Día 11: Estoy hecho un manitas

Llevo tres días trabajando sin cesar reconstruyendo Sanctuary. Cada día termino tan cansado de construir y de eliminar los objetos inútiles que no he tenido ganas de seguir escribiendo. Eso sí, ha merecido la pena, ya que la gente parece estar viviendo feliz y segura con las mejoras y las defensas que he añadido al lugar.

Hoy me he preocupado un poco, ya que el problema de la radiación de mis nuevos amigos parece confirmarse. Hoy he visto a tres de ellos encaramados en el tejado de una casa y por más que les chillaba parecían no oírme. Además, he pillado a uno de ellos sentado en una silla imaginaria y a otro andando por el aire. Por fortuna, al irme a dormir ya estaba todo de vuelta a la normalidad, pero no dudo que se volverá a repetir este extraño suceso.

Hablando de sucesos, ¡hoy he asistido a mi primera tormenta radioactiva! Todo ha comenzado cuando una niebla verde ha inundado Sanctuary. Su color era precioso pero muy dañino, ya que su contacto me hacía sentir más cansado y enfermo. Los rayos que se veían a la lejanía y los truenos, que parecían bocinas de barcos, eran espectaculares. Dios, sé que son malas para mi salud, pero este fenómeno meteorológico me encanta.

Volviendo al tema de las chapuzas, he descubierto que puedo modificar mis armas y armaduras, además de crear mis propios explosivos y drogas. –esto último lo hago a espaldas del grupo- La lista de cosas que puedo hacer parece interminable y me parece tremendamente útil y divertida, por lo que dispongo ya de un arsenal envidiable.

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Lo único que no me ha gustado mucho a la hora de crear instalaciones y mobiliario es que me hace falta una vista global para ver cómo me va quedando todo, ya que mi vista a pie de suelo me da muy poca perspectiva del mundo. ¡Quizás mañana ate mi Pip Boy a un globo y deje activa la cámara! –es broma, pero podría resultar-

 

Día 12: Sacando partido a mi Pip Boy

La broma con la que terminé mi notación de ayer me hizo pensar que todavía no he sacado todo el partido a mi Pip Boy, por lo que me he puesto a trastear un poco con él para ver qué cosas útiles puedo hacer. De primeras he descubierto que tiene una entrada para cintas. La he probado con una que he encontrado en casa de mi vecino y he podido escuchar unas confesiones suyas de antes de la guerra. ¡También he descubierto que puedo ponerle juegos! Encontrarlos va a ser una prioridad para mí a partir de ahora.

El Pip Boy también incluye un mapa en el que se van actualizando de forma automática los lugares que voy descubriendo. De hecho, cuando quiero ir a uno de esos lugares, tan solo los miro en el mapa y parece que en cuestión de segundos ya esté en el sitio deseado. ¿Será una alucinación causada por la radiación?

También he visto que este cacharro tan aparatoso me indica las misiones que tengo que hacer para ayudar a la gente y que dispone de una radio que me permite escuchar señales que estén a mi alcance. Hoy, mientras lo probaba he descubierto que hay todavía locutores de radio que emiten canciones antiguas que me encantan y que pegan mucho con mis viajes por el yermo.

Desde que he descubierto esta habilidad estoy a todas horas escuchando canciones. Eso sí, tengo la sensación de que cuando las escucho mi sensación de soledad se incrementa y me siento insignificante ente tanta destrucción.

 

Día 365: La guerra nunca termina

Hace un año que comencé a escribir este diario. Durante este tiempo he mejorado mucho mis habilidades, he conocido gente de todo tipo, he perdido y ganado amigos, he construido asentamientos, he conocido hermandades y sectas, he asesinado a monstruos increíbles y he lidiado con necrófagos y súper mutantes. En definitiva, he luchado por sobrevivir.

Aunque suene un poco macabro, tengo que admitir que me gusta mucho mi nueva vida y que en ocasiones agradezco que los lunáticos que nos gobernaban mandaran el mundo a tomar por el culo.

Dicen que la guerra nunca cambia, pero yo añadiría que nunca termina. De la misma forma que mi periplo en el yermo, el cual me proporciona una diversión que parece infinita.